La distropía es general del conjunto de España en estos momentos. La Constitución se ha prostituido hasta el punto de ser irreconocible. De tal manera que realidades efectivas en la protección de derechos y libertades quedan fuera de las garantías constitucionales. Es preocupante la desaparición paulatina del Estado de Derecho. No solamente en Cataluña. 

En estos momentos, en el conjunto del territorio nacional, se están vaciando las garantías constitucionales. El asunto de la profanación de la tumba de Franco es un hecho intrascendente si no fuera porque se están vulnerando las leyes fundamentales; y no voy a entrar en esta especifidad porque no es el asunto que guía este artículo. Pero sí lo es que se deje a las fuerzas de seguridad maniatadas y al albur de verdaderos actos bélicos, con intencionalidad asesina, y con un presidente de una Comunidad Autónoma que alienta dichos actos, anima a la violencia y afirma en Bruselas que hay que ir por la vía eslovena, es decir a la guerra, para lograr finalmente la independencia. Eso es suficientemente grave como para detenerle, juzgarle y condenarle por un presunto acto de rebelión con instigación a la violencia, alta traición al Estado del que forma parte, y conspiración para la destrucción de la unidad de España mediante la apología de guerra. Y esto no es una afirmación mía, lo dice Casado, entre otros. Abundan las referencias a esta cuestión en Internet. https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=2&cad=rja&uact=8&ved= 2ahUKEwiJ_szIy63lAhXE8eAKHbDICawQwqsBMAF6BAgJEAk&url=https%3A%2F%2Fwww.youtu be.com%2Fwatch%3Fv%3Da-Bf9NvfOTU&usg=AOvVaw0XQVpGN7pwuC7K4XY-Yi-I 

Si esto es así. Y es un clamor que Torra quiere la guerra para lograr los objetivos del independentismo yo no entiendo la razón por la que no se suspende la Autonomía, Y por qué no se procesa a este presidente de la Generalitat por presunta apología de guerra, conspiración contra el Estado, alta traición y rebelión. Debería ser un efecto inmediato, y para ello habría que desplegar todos los recursos necesarios para restablecer la ley y el orden. Un Estado débil es el mejor instrumento para la descomposición. Y en este caso no tendrán la culpa los nacionalistas sino aquellos que actúan por omisión de su deber y del incumplimiento del juramento que hicieron al tomar posesión de sus cargos. 

Si no se hace, hay alguna razón que nos ocultan. Algo a más altas instancias del ámbito catalán se está fraguando, pues no tiene lógica, y no me valen las razones de inoperancia, ineptitud o cobardía. Hay razones ocultas. Yo no voy a hacer una exposición de posibles hipótesis, pues me faltan datos. ¿Pero no les parece a ustedes raro? 

En Cataluña están aplicando la teoría de la desestabilización. Dicen que es Soros el que aplica sus artes y dineros para la implantación de anomias en áreas regionales, con técnicas de guerrilla urbana y con contingentes de personas ajenas a España con esa finalidad. ¿Qué pasa aquí? ¿Qué se nos esconde? Pues siendo esto tan grave, con decenas de policías heridos y privados de material suficiente, con las manos atadas por las órdenes recibidas, el Gobierno actúa inicialmente devaluando los hechos y después eludiendo aquellas acciones legítimas de uso de la fuerza, sacando a la calle todos los recursos desplazados a Cataluña. Algo huele mal en esta cuestión, y ahora el señor Marlasca, que está haciendo buenos a los anteriores ministros del Interior, nos dice que es una cuestión de orden público; pues si es así, usted es un incompetente de libro. 

¿Por qué el ministro de Interior llama “problema de orden público” a esto? Es una guerra en el pleno sentido de la expresión. Que no nos hagan eufemismos con algo tan grave. 

A la gente subversiva, alzada contra el Estado de Derecho y contra el orden establecido, destruyendo bienes privados, haciendo peligrar edificios y saqueando comercios, se le ha adjudicado el término de antisistema. Esta palabra contiene dos lexemas: “anti” que quiere decir contra algo, y “sistema”. Por ejemplo, yo soy un antisistema pues no estoy identificado con el actual sistema anticonstitucional, y tampoco me gusta la Constitución que tenemos, aunque la defiendo como medio de convivencia, y, sin embargo, soy una persona cívica, que cumplo mis deberes de ciudadano. También se les llama radicales, como si ser radical fuera malo. Yo soy radical en la defensa del orden constitucional, radical en la protección de la vida, de la propiedad y de la infancia. Radical contra este estado de cosas. Y por eso creo que no dejo de cumplir mis deberes como español y el juramento que he hecho en dos ocasiones en actos públicos de defender la bandera y mi patria. Esta gentuza impresentable, enemiga del interés general, delincuentes organizados, es otra cosa. Son “asistemas”, es decir, que están contra todo y contra todos. Lo suyo es la destrucción. Lo suyo es atacar a quienes protegen a los ciudadanos y crear así una situación insostenible dejando a la gente bloqueada para ir al trabajo, a comprar el pan o para dar un simple paseo por las calles. No son radicales. Son delincuentes organizados. Y a todos estos, Torra, ese personaje con cara de rata, dice que va a sacarlos de la cárcel en cuanto pasen las elecciones. Y el Gobierno sigue como si nada, como si no fuera con él la cuestión. ¿Y dónde están los fiscales? 

Este artículo lo titulo como si fuera un ensayo de psicopatología clínica, y lo es. Es de psiquiatría y camisa de fuerza. Pero mi intención al comenzarlo era hacer una taxonomía de trastornos de personalidad, de prototipos asociales, de parasitismo organizado, de tipología política de ácratas terroristas, etc. Lo haré en sucesivos artículos. 

En este me voy a limitar a constatar una realidad. Las banderas con la hoz y el martillo creíamos que habían pasado a épocas ya superadas antes de la caída del muro de Berlín, así como las banderas anarquistas. No es así. Empiezan de nuevo a aparecer en las manifestaciones violentas. Lo que nos da la orientación de que vuelve aquel principio enunciado por Largo Caballero, por Lenin y Stalin, de traer la guerra para propiciar la revolución. Eso fue el golpe de Estado soviético. Es decir, unos pocos bien organizados que arrastran al pueblo a un sistema tiránico, basado en la muerte como fuente de organización y represión de la sociedad; tomando como origen de esa situación tiránica el miedo y el terror. Los demás son simplemente ovejas, llevadas a un destino de esclavitud, con el absurdo de que paradójicamente se sienten héroes. Pobres infelices. Ellos se ponen en situación de riesgo pensando que pasan a la historia en letras de oro y mientras los que han iniciado todo esto forrándose, siguiendo la escuela política de los pujoles. 

Y a mí que no me cuenten penas, pues yo fuí troskista, y, por tanto, cocinero antes que fraile. Eso sí, por poco tiempo por suerte. Tuve el atrevimiento de pensar por mi cuenta, y desde entonces empecé a ver algo la realidad, y que había otro mundo. Lo fundamental para ello fue quitarme las gafas que distorsionaban la realidad y me impedían ser libre en el sentido más humanista del término. Pero sé cómo actúan porque lo viví.