Andan estos días en el PP inmersos en el bello deporte del acuchillamiento sin escudo, con trifulcas internas muy difíciles de disimular entre los partidarios de Soraya Sáenz y los de Pablo Casado. Dos concepciones antagónicas del PP, que pugnan entre sí por hacerse con la silla de Génova 13 y tratar de recomponer un partido que hoy está hecho jirones, a semejanza de aquella UCD que acabó con sus miembros desembocando en riadas en el PSOE y Alianza Popular.

No pretendo en este artículo diseccionar las notables diferencias entre dos candidatos que tienen algo en común: ambos fueron paladines del marianismo más cerrado. Soraya como claro brazo ejecutor de la política marianista de conservar el legado del PSOE, y Casado como pupilo aventajado en el arte de aplaudir a Mariano, sin exponer ni una sola de las propuestas que ahora blande como espada del Cid contra las posiciones sorayomarianistas. No se recuerda ninguna crítica a la ley del aborto, ni a la memoria histórica, ni a la ideología de género, ni el acercamiento de etarras o la excarcelación de Bolinaga, ni a la aplicación suave del artículo 155 en Cataluña (tan suave que, unos meses después, siguen mandando los mismos, con Puigdemont de vacaciones pagadas por Alemania). En nada ha discrepado Pablo Casado de manera pública (ni privada, según le afeaban el otro día algunos compañeros de su propio partido) de la actuación desarrollada por Mariano Rajoy en sus 7 años de gobierno.

No dudo de la sinceridad de sus propuestas, por cierto prácticamente calcadas del programa de otro partido, VOX, con muchos menos complejos y silenciado hasta hace nada en todo el arco mediático genovés, y en la prensa “de derechas”, con muy escasas excepciones. Quizá lo más conveniente sería que Pablo Casado y sus seguidores abandonaran el partido y pidieran a Santiago Abascal la admisión en VOX, dejando que el PP muera por sobredosis de sorayismo.

Cualquiera que vea la evolución de la derecha española, desde la primigenia Alianza Popular, fundada por siete ministros franquistas (a los que muy posiblemente se les acabará aplicando la memoria histórica por el PP actual, silenciándolos o condenándolos post mortem por fachas irredentos y dictadores sanguinarios) a este PP pop, light y sin ninguna de las esencias que hicieron tiempo atrás del PP un partido identificado con unos postulados que contaban con un gran apoyo social, estará de acuerdo en que hay muy pocas opciones de salvar una opción política llena de complejos.

Nos encontramos ante una situación dramática, con una izquierda en clara postura de derruir todo lo que costó tanto dolor, tantos años y tanto esfuerzo construir (durante los últimos años del franquismo y en la Transición), que en su afán totalitario pretende decirnos cómo hablar, cómo pensar y, perdonen la vulgaridad, cómo echar una canita al aire.

Una izquierda que quiere desenterrar a Franco (que tengan cuidado, no vaya a suceder que Franco sea como el Cid, y gane batallas después de muerto), cambiar los hechos históricos con un relato torticero, falso y manipulado, y persiguiendo penal y económicamente al disidente, en la mejor tradición totalitaria estalinista. Una izquierda en definitiva que busca ir a por la Cruz y la Corona, y arrinconar y denigrar a la derecha social. 

Si el PP tuviera algún arreglo, alguno de los candidatos una vez triunfara debería de defender las siguientes posturas:

 

  • Supresión de las autonomías, auténtico instrumento de división entre españoles y de fomento de la desigualdad más miserable. Recuperación de la sanidad y educación para el Estado central. Por lo tanto, defensa cerrada de la unidad de España, de sus instituciones medulares (incluyendo, lógicamente, la Monarquía) y de sus fuerzas armadas y policiales.

 

  • Ilegalización de todos los partidos separatistas y de aquellos que defiendan posturas irreconciliables con la Carta Magna y la legalidad (que quizá debiera reformarse en ese sentido). En consonancia, protección de las víctimas del terrorismo y de aquellos españoles que se niegan a dejar de serlo.
  • Derogación de la ley del aborto y oposición a la legislación de la muerte (eutanasia y derivados). En contraposición, defensa decidida y ambiciosa de la vida, promoviendo la natalidad (de forma ambiciosa, pues es evidente que el invierno demográfico ya está aquí, y el problema no se resuelve mediante la inmigración masiva y desordenada, que puede resultar un parche temporal, pero no es una solución sólida), dando facilidades económicas (que habrían de estudiarse). Por supuesto, una opción interesante sería facilitar que aquellas mujeres que se queden embarazadas y no quieran hacerse cargo de su hijo, puedan darlo inmediatamente en adopción a parejas que deseen tener hijos pero no puedan o que quieran adoptar, como una medida que erradique la necesidad del aborto.
  • Aplicación neta del 155 en Cataluña, con intervención de sus instituciones y de la televisión pública. Disolución de las fuerzas policiales autonómicas, integrando en la policía a sus miembros, y logrando la equiparación salarial de los distintos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.
  • Defensa de la tauromaquia, la caza y de las tradiciones españolas frente al totalitarismo abolicionista de la izquierda.
  • Eliminación de duplicidades y cargos políticos sobrantes. No puede ser que España tenga más políticos, asesores y consejeros que Alemania.
  • Eliminación total de subvenciones a partidos políticos y sindicatos.
  • Cierre de las mezquitas fundamentalistas. Recuperación de las raíces cristianas de España, de su mejor tradición humanista fundada en el catolicismo.
  • Fomento real, más allá de la meras Conferencias y reuniones, de las relaciones con Hispanoamérica, compuesta por naciones hermanas con las que se deben estrechar los lazos administrativos, culturales y políticos.
  • Derogación de la Ley de Memoria Histórica, garantizando que el relato de la Historia queda para los historiadores, y que se protegen la libertad de expresión, de pensamiento y de cátedra. Oposición rotunda a la exhumación de Franco y José Antonio y al desmantelamiento y desacralización del Valle de los Caídos, subsiguientes en virtud de las intenciones desveladas por Podemos e IU, otorgando los fondos necesarios para la rehabilitación integral de tan bello monumento. Asegurar la posibilidad de que toda persona pueda encontrar un descanso en un lugar digno, con políticas públicas a tal efecto, pero fuera de las manos partidistas.
  • Decidida apuesta por la igualdad entre hombre y mujer, lo que conlleva la lucha contra la ideología de género, que criminaliza y discrimina al hombre por su sexo y hace pasar por derechos cosas que no lo son (aborto fundamentalmente).
  • Impuestos, los mínimos. Perdónenme en esto el tic supuestamente ultraliberal pero lo cierto es que a más impuestos, menos dinero en el bolsillo del contribuyente. Se pueden estudiar fórmulas para hacer viable lo público disminuyendo la presión fiscal y la grasa política que soportamos.

 

Estas serían las posibles líneas maestras de un renacimiento del PP. Es evidente que varias de ellas no las van a asumir ni Soraya Saenz ni Pablo Casado. Nos queda la esperanza de que ya hay voces en la derecha que comienzan a decir en voz alta lo que muchos pensamos.