Damas y caballeros, confieso nuevamente que estoy muy harto y no puedo soportarlo más. Recientemente publiqué un artículo con la intención de desenmascarar el alevoso globalismo luciferino que se esconde tras el feminismo radical de tercera ola, el misándrico, amamantado por la Fundación Ford, Rockefeller y cía, pero es tal el colosal chapapote feminista que invade los medios de comunicación --en especial las cadenas del duopolio--, que me veo en la obligación de escribir nuevamente sobre el tema de la violencia de género: por la sencilla y contundente razón de que yo sé cómo acabar con esta lacra, de manera infalible, como explicaré al final del presente artículo.

Hace ya tiempo que comprendí que los prebostes judeoglobalistas que controlan todo el cotarro mediático en el mundo mundial diseñan campañas de lavado de cerebro monotemáticas según sus perversos planes de dominación urbi et orbe, para inocular en las descerebradas masas sus malignas ideologías totalitarias.

Nunca he seguido las televisiones; sin embargo, aquí y allá es inevitable echarles un ojo, de pasada, sin querer, y lo que he visto estos días me ha reafirmado más si cabe en la idea de que hay un contubernio de conspiradores moviendo los hilos desde sus oscuros cenáculos, desde sus logias mundialistas: no exagero ni un ápice si les digo que, siempre que he echado ese ojo a algún programa, el monotema ha sido la violencia del hombre contra la mujer.

Nada nuevo, pero estos días la apoteosis de manadas, violaciones, asesinatos y agresiones ha sido absolutamente descomunal, homérica. Naturalmente, siempre que percibo alguna campaña obsesiva en las cadenas televisivas, me hago la misma pregunta: ¿qué objetivo buscan?

Naturalmente, enfrentar a las mujeres con los hombres, crear una oposición entre ellos, elaborar una lucha de sexos que sustituya a la periclitada lucha de clases, con el fin de aumentar los conflictos entre la mujer y el hombre, conflictos que siembren en el mismo corazón de la sociedad el Kaos que el NOM necesita para justificar el totalitarismo que ya están imponiendo, haciendo creer que es necesario para poner orden en el pandemónium que ellos mismos han creado a propósito. Este diseño de “líneas Maginot” abarca otros muchos ámbitos: homos contra heteros, negros contra blancos, musulmanes contra católicos… hasta bicis contra coches, pues hasta ahí llegan en sus delirios carbonarios.

Por supuesto, este enfrentamiento artificial entre los sexos les reporta un jugoso beneficio a estos psico-sociópatas: la destrucción de la familia, el aumento del número de divorcios, el aumento del homosexualismo (huyendo del opresor heteropatriarcado), y, claro, el desvío de ingentes subvenciones a “observatorios”, talleres, instituciones, ONGs, fundaciones, etc. pertenecientes al supremacismo feminista, que encuentran en la lacra de la violencia de género un maná muy apetecible.

Cualquiera que vea las cadenas españolas de televisión sin conocer nuestra realidad se horrorizará, creyendo que España es un territorio komanche, un país sin ley, donde las mujeres corren un serio peligro de ser masacradas en cualquier esquina, un territorio de manadas siempre ávidas por encontrar una presa para sus fornicios. Vamos, que creerá que esto es cualquier país caribeño al albur de las “maras”.

Y resulta que es todo lo contrario, ya que España es uno de los países del mundo que sufre menos violencia de género. En Europa, por ejemplo, solamente Austria nos gana. Según los estudios internacionales, España es el cuarto país del planeta donde mejor. viven las mujeres. Aun así, esperen a ver cómo el 8M, el Día Internacional de la Mujer, seremos el país donde más feministas se echen a la calle para protestar contra el heteropatriarcado opresor.

Estas cosas, como es natural, no se dicen en las televisiones, como tampoco se dice que el 40% de la violencia de los hombres contra las mujeres se debe a los inmigrantes, cuando su porcentaje es del 10% sobre el total de la población. En concreto, el año pasado los españoles cometieron 28 delitos, y los inmigrantes 18. Si el número de inmigrantes fuera igual que el de españoles --pongamos 42 millones--, sus delitos alcanzarían la cifra de 162 víctimas. Tremendo.

Tampoco se informa, faltaría más, de los actos violentos protagonizados por mujeres. En una web de denuncia --http://merecessaberlo.es/?p=292-- se recogen noticias de prensa --es decir, con documentación irrebatible-- sobre delitos de este tipo: el 5 de enero de 2017, una mujer intenta matar a su padre desenchufándole de la UCI donde estaba ingresado (Las Palmas de Gran Canaria); el día 7 del mismo mes, detienen a una mujer por acuchillar a su pareja y dejarle encerrado en su vivienda (Valladolid); el 29 de enero, el juez envía a prisión a una mujer que había quemado a su pareja, e intentado matar a su hija en 2016 (Reus); el 1 de febrero, detienen en Lalín (Pontevedra), a una mujer que había matado a su suegra; el 24 de febrero, es detenida una joven acusada de apuñalar a un neonato, al cual encerró en un armario (Alcalá de Henares); el 4 de junio, en Manresa (Barcelona), una mujer mató a su pareja y envío fotos el cadáver por wasap… ¿para qué seguir?

Y así hasta un total de 70 casos con 74 asesinatos/homicidios (no incluye el 100% de sus formas ni el 100% de casos reales cuyas formas sí se incluyen): 35 mortales (26 dolosos, 7 culposos y 2 pendientes de calificación), y 39 intentos frustrados. Víctimas: 27 mujeres y 47 hombres (19 menores incluidos), mortales: 13 mujeres y 22 hombres (14 menores). Sin incluir los 7 casos con 8 víctimas mortales en investigación. Impresionante. Y hay que tener en cuenta, por si esto fuera poco, que las suicidadas, inimputables por enfermas mentales y homicidas en busca y captura no suman en esas cifras del INE ya que no se les puede condenar penalmente, y que las menores condenadas por homicidio van en otra estadística aparte. Y la cifra de delitos cometidos por mujeres en el ámbito intrafamiliar ha descendido, ya que, Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2017 se computaron 124 delitos cometidos por mujeres.

A la vista de estos datos, ¿por qué no se informa de este horror en las televisiones? Porque toda violencia de género es horrible, la cometa quien la cometa, y tan execrable es un hombre que asesina a una mujer, como una mujer que asesina a su pareja, a su suegra, o a su hijo… las mujeres no violan, pero lo que es matar, matan: viudas negras haberlas, haylas.

Sin embargo, en la ideología de género todo se reduce a culpabilizar al machismo, a criminalizar al hombre a través del manido recurso al heteropatriarcado que oprime a las mujeres.

¿Qué se puede hacer para erradicar esta horrenda lacra de violencia?

De todos es conocido que no es un mal que se pueda combatir exclusivamente a través de la vía policial y judicial, pues su causa se asienta en zonas oscuras de la personalidad humana, en deformaciones caracteriológicas, en patologías difíciles de extirpar. Sin embargo, por debajo de esta corriente de violencia no es difícil percibir una causa mucho más profunda, que ha convertido este mal en una lacerante llaga de nuestra civilización: la falta de valores.

En este fenómeno han tenido un papel decisivo los movimientos ideológicos de la izquierda, cuya finalidad es subvertir el orden establecido corroyendo los principios y valores que le dan cohesión y estabilidad, para así destruir desde dentro a las sociedades, haciéndolas presa fácil del despotismo globalista que busca imponer el NOM.

Como su objetivo es hacer de zapadores del orden establecido, los radicales antisistema dirigen sus baterías preferentemente contra aquellas instituciones que proporcionan los valores sobre los que se asienta la convivencia. Y, claro, desde este punto de vista su enemigo número uno es la Iglesia Católica. Ya lo dijo Rita «la blasfemaora», que patentó el grito de guerra de «Menos rosarios y más bolas chinas». Rita, ¡contigo em…pezó todo!

Reconozco que hasta ese momento no estaba yo muy enterado de ese juguetito sexual de las bolas chinas, instrumento erótico de las mujeres, que recibe en chino el nombre de «ben wa».

Y yo me pregunto si las vestales feminikes pretenden acabar con la violencia machista usando esas bolitas. Que yo sepa, el Vaticano nunca las ha prohibido, y me resulta epatante que mujeres ateas y anticatólicas se preocupen por la opinión que tenga Roma sobre el tema.

Mas, mira por dónde, estoy firmemente convencido de que si la gente rezara más rosarios habría muchísima menos violencia sexista, pues considero totalmente imposible que un cristiano/a convencido/a, que un católico/a practicante maltrate a su mujer/marido/hijo/suegro…. O sea, que el rezo del Rosario es el arma perfecta para acabar con la lacra de la violencia intrafamiliar.

Por esta razón, me resulta incomprensible que la izquierda radical clame contra la violencia machista a través de las feminikes, a la vez que mantiene visceralmente su tradicional ideología anticatólica, que igual quema iglesias y viola monjas, que pretende eliminar totalmente la enseñanza católica de la religión, que ha hecho un estandarte de la abolición de la blasfemia.

Cuando estudiaba con los Escolapios, llevaron a mi colegio una campaña que promocionó a nivel mundial el sacerdote Patrick Peyton, cuyo objetivo era hacer una llamada al rezo del Rosario en familia, bajo el lema: «La familia que reza unida, permanece unida».

Frase que, adaptada a los tiempos modernos, vendría decir algo así como: «Si queréis acabar con la violencia machista/hembrista, más rosarios, y menos bolas chinas».