El Tribunal Supremo ha inadmitido la querella presentada contra Pedro Sánchez por Vox a causa de la supuesta utilización en su tesis doctoral de obras de otros autores sin citarlos y asumiendo ideas ajenas como propias. El motivo es que los magistrados consideran que los hechos recogidos en la querella “no supone delito alguno”, ya que se refieren “a un posible plagio, originado por la falta de originalidad y, en algunos fragmentos, la copia de distintos contenidos de la tesis”, destacando que “La mayor o menor originalidad de una tesis, su valor dogmático y, en fin, lo verdaderamente innovador de su contenido, son cuestiones que han de ser evaluadas en el ámbito académico y totalmente ajenas al Derecho Penal”.

 

Ciertamente, puede resultar complicado entender que el plagio de Pedro Sánchez constituye delito, ya que el artículo 270 del Código Penal indica que “Será castigado con la pena de prisión de seis meses a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses el que, con ánimo de obtener un beneficio económico directo o indirecto y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya, comunique públicamente o de cualquier otro modo explote económicamente, en todo o en parte, una obra o prestación literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios”, debiendo señalarse que Pedro Sánchez no pretendía obtener un beneficio económico. Sin embargo, si que es cierto que los hechos han generado responsabilidad civil extracontractual por los daños generados a los autores no debidamente referenciados en la tesis doctoral del presidente del Gobierno, aunque es cierto que ninguno ha presentado demanda alguna, pues no hay valor para enfrentarse a Pedro Sánchez por las presiones que pueden haber sufrido y por los males extrajurídicos que podrían llegar a sufrir.

 

Es curioso, pues Pedro Sánchez, con el libro que ha publicado cuyo título es Manual de Resistencia, podría haberse redimido, pero prefirió aprovechar los servicios de Irene Lozano, que ha hecho bien su papel de “negro literario” para permitir la publicación de un libro con el que garantizar la comodidad del actual presidente del Gobierno cuando deje su cargo. El motivo debe ser, lógicamente, el sentirse deliciosamente impune por la comisión de infracciones de la propiedad intelectual perpetradas por él mismo.