La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. Pedro Sánchez pretende destruir esa unidad, que tiene un plano territorial y otro cultural o emocional, para lograr el cumplimiento de sus propios fines, a los que les va a dar preferencia por encima de los intereses de las instituciones, del PSOE y de los españoles, que, con las manifestaciones desarrolladas el pasado día de 10 de febrero, han demostrado su hartazgo por las actuaciones del Gobierno, que está omitiendo el cumplimiento de sus obligaciones en lo que respecta al ejercicio de la función ejecutiva y a la defensa del Estado.

 

Hasta la controversia territorial y emocional actual se ha llegado por la nefasta intervención de los representantes políticos de los españoles, que han terminado encontrándose desamparados por la falta de acción de los sucesivos Gobiernos en España por incrementar sus facultades de poder y control sin importar lo que pudiera ocurrir en el futuro. Además, también han existido conductas de aquellos que prefieren destruir al Estado español por entender que el mismo no encaja con sus convicciones y que, por ese mismo motivo, quieren que la unidad nacional se difumine.


Pedro Sánchez no va a convocar elecciones mientras no le convenga, lo cual demuestra claramente que el presidente del Gobierno está loco por mantener el poder aunque ello pueda ocasionar enormes perjuicios a la sociedad por la desintegración territorial y emocional de España. De ese modo, culminaría un proceso de debilitamiento del Estado que se ha podido producir por los enormes defectos que tiene la configuración de la organización territorial del país y por los dirigentes que, en las últimas legislaturas, optaron por negociar con la unidad de la nación española frente a los independentistas vascos y los secesionistas catalanes. José María Aznar comenzó cometiendo errores al confirmar modos de obrar adoptados por Felipe González y, posteriormente, José Luis Rodríguez Zapatero reforzó a los defensores de los regionalismos al realizar concesiones que sirvieron para otorgarles una fuerza política que Mariano Rajoy prefirió no combatir y que Pedro Sánchez decidió para cumplir sus deseos y los de su esposa. Esos líderes terminaron cediendo frente a dirigentes regionales que pudieron explotar a su merced los defectos del Estado para luchar contra su estructura a la vez que se aprovechaban política y económicamente de la misma.

 

Desde Cataluña y el País Vasco se ha abusado del Estado español, pero los males producidos por el independentismo catalán pueden haber llegado a ser más graves que los ocasionados por el independentismo vasco y es posible que lleguen a resultar irreversibles. Por ese motivo se requiere que haya dirigentes responsables que empiecen a actuar con la convicción de que solo es posible garantizar los derechos y libertados fortaleciendo la unidad de España.