Cuando tiramos una piedra a las aguas tranquilas de un estanque, medimos el efecto por esas ondas concéntricas que se van formando en torno al punto de hundimiento y que describen una órbita mayor según se van separando del origen.

Así es la película documental dirigida por José María Zavala titulada “Los Misterios del Padre Pío” que ha sido estrenado recientemente. Hacer una sinopsis o crítica del reportaje pasa segundo término, lo importante es cómo encajar lo que hemos visto durante la proyección una vez acabada la película. En una etapa de guiones flojos que no llegan a entretener, o de argumentos tan rebuscados en los que un mero pestañeo nos hace perder el hilo , pasar noventa minutos en un cine para seguir la vida y milagros de un Gran Santo del S.XX, no representado por un actor, sino él mismo, con sus gestos, con sus llagas, su forma de moverse y de reírse, intercalándose los momentos de expresión extasiada, preocupada, dolorida, conmovida, tierna. Estamos viendo al hombre que fue santo, que es Santo.

Y en el documental nos hablan de él Franco Cefirelli, Bertino Gracci, doctoras del Hospital que fundó el Padre Pío , así como personas que fueron milagrosamente curadas. Si además tenemos en cuenta que gran parte de las escenas tuvieron lugar en los años cincuenta y sesenta del S.XX, cuando el nilhismo cultural y el laicismo ya eran corrientes dominantes en países como Francia o Italia todavía resulta todo más sorprendente y nos plantea muchas interrogantes el comprobar que mientras los medios informativos de aquellos años nos bombardeaban con fotografías y escenas de coches ardiendo durante el famoso mayo francés apenas tuviésemos noticias en España de la muerte del Padre y su multitudinario entierro que también tuvo lugar en 1968.

De haberle concedido en España suficiente importancia los que recordamos las escenas de París también recordaríamos las de del entierro en San Giovanni Rotondo. El hecho de que el Padre Pió hiciese milagros en vida, además de los estigmas sufridos durante cincuenta años de su vida, ya lo convierten en un Santo muy singular, pero también fue extraordinariamente singular en cuanto a conseguir confesiones y conversiones. Tampoco es corriente que un economista-articulista historiador y escritor como es José María Zavala opte por dirigir una película y menos en torno a un santo personaje, cuya grandeza consistió en elegir el camino de la máxima austeridad y sencillez.

Es una película pensada, producida, realizada por creer en lo que se está haciendo y con la sana intención de los espectadores se acerquen a la figura de este Padre Capuchino, que salgamos del cine afianzados en que por mucho que nos hayamos apartado siempre se puede recuperar la senda, que se consigue el perdón después de una reflexionada contrición y confesión. Ni antes, ni gratis. Merece sacar a colación unas palabras del Papa Voijtila, que se mencionan en el documental: “Vienen tiempos de grandes conversiones”. Grandes conversiones están ocurriendo, hay que considerarlas grandes no en razón a la cantidad, pero sí atendiendo a la intensidad.

Los casos como el actor Mel Gibson , la periodista Pilar Muñoz, el también periodista Jaume Vives, el escritor Jesús García, el abogado Luís Lopez Cozar, amén muchos otros cuyos nombres no son conocidos , se vienen sucediendo y con muchos trazos similares: personas nacidas en familias cristianas, pasan un largo periodo de su vida totalmente apartados de la religión, durante esa etapa su vida se banaliza, el centro de su vida reside en los caprichos, éxito, la autocomplacencia.

Hasta que se llega al borde del abismo existencial, o bien un evento externo (viaje que muestra otra realidad, pérdida de algo querido, una enfermedad grave, accidente, etc) ejerce de revulsivo de la etapa anterior, el individuo cuestiona su forma de vida anterior y comienza el proceso de catarsis. Puede que nos estemos encontrando frente a una forma de conversiones paulinas, ahora la persecución no procede las instituciones del Imperio. A nuevos tiempos nuevas formas de perseguir.

Y la Iglesia católica, como cualquier institución humana, tiene fases más brillantes y otras más oscuras, en unos momentos se encara frente a los poderes del mundo y en otros pacta, contemporiza y se doblega. Lo que es innegable es que la Fe, el Amor, la Esperanza, así escritos con mayúsculas nos ayudan resistir y perseverar en los contratiempos. Y que gracias a la singular apuesta de José María Zavala cuando salimos del cine, si no hemos ganado en Fe, les aseguro que sí hemos perdido algo de ignorancia.

Y no es poco.