En mi época de profesor universitario de “derecho del trabajo y de la seguridad social” (y de los grandes expresos europeos, como añadía con sorna), siempre abogue por separar ambas ramas del conocimiento jurídico, ya que resulta evidente que los únicos que saben derecho de la seguridad social son los graduados sociales, mientras que los juristas conocemos básicamente el derecho del trabajo. Por supuesto, nadie me hizo caso alguno, ya que la ignorancia cuanto más grande es, más atrevida.

También defendía y lo sigo haciendo, en mi condición de profesor segregado de la Universidad de Zaragoza (¡gracias señor Badiola y colectivo de profesores marxistas, de Groucho Marx!), la necesidad de cambiar el derecho del trabajo, para que pase a ser un derecho al trabajo, es decir la regulación del acceso, promoción y terminación de las relaciones laborales, lo más amplia y abierta posible.

Que contemple el derecho al trabajo de los cinco millones de parados que tenemos en España, y no solamente la regulación de las condiciones laborales de quienes actualmente tienen el privilegio de tener trabajo.

Un derecho al trabajo que reforme básicamente el actual Estatuto de los Trabajadores, que con las diversas modificaciones que ha sufrido, sigue encorsetando las relaciones laborales, en lugar de facilitándolas, y que olvida la enorme presión personal, familiar y social de los cinco millones de parados, y de los ocho a diez millones de personas que dependen de ellos. Prácticamente un tercio de la población española actual…

Que se haga realidad, en definitiva, y a través de un estatuto de los trabajadores actualizado a 2.020, los derechos que proclama el art. 35, 1, de la Constitución: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo…”.

Por supuesto, al partido que actualmente desgobierna España, es inútil pedirle que solucione este problema, cuando es rehén de los sindicatos, y de los partidos separatistas, algunos de ellos claramente republicanos, cuando ellos mismos han contribuido con su ineficacia y dejadez al actual estado de cosas.

Lo único que puedo decirles es ¡Váyase señor Sánchez, y convoque nuevas elecciones!, pues usted nunca puede ser la solución, por la sencilla razón de que es el problema…

Así otras personas distintas tendrán la posibilidad de solucionar los problemas que usted ha contribuido a crear y aumentar con sus dos años de pasotismo, buenas palabras y ninguna buena acción. Y si no lo consiguen,  ya les botaremos cuatro años después.