Parece que fui el único en acertar los resultados de VOX: entre 20 y 90 diputados. La broma aparente ocultaba dos posibilidades: la putrefacción del régimen tripartito PP-PSOE-separatistas autorizaba la expectativa de un vuelco histórico; pero por otra parte el embrutecimiento de la sociedad tras cuarenta años de falsificación de la historia y la democracia podía impedir el necesario vuelco, y eso es lo que ha sucedido (ver el blog de hace dos días). Habría que añadir el tradicional carácter acojonadillo del votante de derecha, deseoso de que lo timen una y otra vez en función de la “utilidad”.

 

No voy a examinar las consecuencias para cada partido. Lo que va a ocurrir en adelante es lo que ya ha ocurrido, empeorado con toda probabilidad y con peligro creciente. Hay sin embargo varios aspectos positivos importantes. Ante el resultado mucho menos favorable de lo esperado, Abascal se ha mostrado como un verdadero líder: la lucha acaba de empezar;  una minoría parlamentaria importante, si sabe obrar de forma inteligente y agresiva, puede cambiar el clima político y social; y VOX ha conseguido convertirse en el eje de la política al poner sobre la mesa la cuestión de España y, de forma más difusa, de la democracia. PP y C´s se asustaron al ver cierta reacción popular patriótica, y se han hecho a su vez los patriotas. Es de suponer que ahora, al ver el precario resultado de su “patriotismo” vuelvan do solían, lo que beneficia a VOX.

 

Hay otros dos punto de máximo calado, ausentes en la campaña electoral,  en la inercia de estos cuarenta años: la significación del franquismo y la posición internacional de España. Sobre ambos aspectos VOX no ha elaborado nada. Desde este blog y en algunos libros, en particular Los mitos del franquismo,  he proporcionado “munición” argumental al respecto, que hasta ahora nadie ha aprovechado. Por puro temor, no por otra cosa, ante el matonismo intelectual y político del antifranquismo, cáncer de la democracia.

Y hablando del franquismo, un gran eje político cuya importancia han entendido bien la izquierda y los separatistas: Franco ganó todas sus batalles militares y políticas, solo perdió la de la propaganda. Y la perdió por deficiencia intelectual e ideológica. Él fue quizá el militar y estadista más destacado del siglo XX no solo de España sino de Europa. Pero no era ni pretendía ser un intelectual y, como recuerda Fernández de la Mora, jugaba con unas pocas ideas, productivas pero  sencillas. Esa deficiencia podría haber sido subsanada por un pensamiento político de fondo, pero este fue muy débil y permitió que el Vaticano II liquidase todo futuro al régimen e iniciase la corrupción de la democracia subsiguiente.

En los años 40 y 50 se produjo una polémica interesante, aunque no muy profunda, entre los partidarios de Ortega y los de Menéndez Pelayo.  En política, Ortega solo dejó de disparatar cuando volvió a España después de la guerra civil. En cuanto a Menéndez Pelayo, su visión histórico-política  es cuando menos insuficiente. Pero los dos fueron pensadores de gran categoría y está por hacer un ensayo de fondo comparando ambas figuras, tarea que sugiero a quien tenga tiempo e interés.

Quiero decir con esto que la lucha democrática es la acción por crear y ganar opinión pública, y que esta es una cuestión de propaganda. Ahora bien, sin una sólida base intelectual, la propaganda degenera rápidamente en demagogia.  VOX haría bien en plantearse la formación de un taller de ideas y de lo que los comunistas llamábamos una “escuela de cuadros”, para dar perspectiva histórica e intelectual a los dirigentes de segunda fila. De otro modo, pueden atraer a sus filas a una plaga de listillos oportunistas y políticos baratos capaces de arruinar el proyecto.