Lo que resulta fácil comprobar, no hay más que seguir el sucio rastro que van dejando los rojos zascandileando por los medios de comunicación, es que son - en algunos casos hasta es dificilísimo encontrar la diferencia física - como los animales de cuatro orejas, en ambos casos gozan de paciencia ilimitada y de una inquebrantable memoria, lo que les sirve como arma secreta que usan cuando lo creen oportuno. 
 

Cuentan de un vaquero que usó una cimbreante vara de fresno para, a rudos golpes, hacer obedecer a un buey que se negaba a tirar de una carreta que, a los diez años de aquello, en un descuido del vaquero, el buey se fue a por él y lo cosió a cornadas.

Los rojos de los distintos tamaños y categorías que sufrimos en España,

usan la paciencia porque, uniéndola al paso del tiempo, les da la oportunidad de utilizar la mentira, por grande y grosera que pudiera ser, con la seguridad de que quienes les podrían acusar de mentir han muerto, o están gagás y así, poder decir que hubo "topos".


que estuvieron escondidos por miedo a consecuencias políticas en lugares que ni para cerdos, pero muy bien para ellos, hasta la defunción de Franco (la ley firmada por Fraga en 1977). Y los muy "seres humanoides, alumbrados vía rectal por féminas artesanas del placer, desconocedoras de quién, entre su  nutrida varonil clientela, pudiera haber sido el benefactor donante de la simiente que tanto le ayudó a alcanzar la maternidad" (queda más fino que llamarles directamente hijos de puta ¿No?. Pues eso). 

Pero es que además de ese galardón de pleno derecho y general reconocimiento, hacen aparecer a esos individuos auto enratecidos, como posibles receptores
 
de grandes males, proporcionados por el pérfido dictador, y no hacen mención de que si los "topos" se hubieran entregado en los años 1945 o en el año 1950, todos ellos se habrían ahorrado un pegote (alguno hasta 27) años de jugar al escondite -hace falta ser necios-, sin tener quien les buscara. Lo que nos evitaría tener ahora que aguantar el que unos "seres humanoides..." etc., que utilizando el "celuloide", pretenden hacernos creer que, en vez de ser unos cobardicas, fueron unos héroes martirizados por el fascismo.
 
Pero no queda la cosa en tal circunstancia como última invocación al pasado para lo que les vale su paciencia vacuna, que ahora les está sirviendo para, aprovechando que nadie saldrá a acusarles de ser "seres humanoides..." etc., echar mano de los chascarrillos que los rojos ocultos, hacían por aquellas calendas, a costa de doña Carmen Polo, llamándola "La Collares", y del infundio de que no se sabe que joyeros de la calle Zaragoza de Madrid, temblaban cuando doña Carmen entraba en su local, pues siempre se marchaba llevándose alguna válida joya sin pagar. 
 
Pero yo si sé quién era el joyero que recibía el gran honor de atender a la esposa de Franco, aunque no lo voy a decir. Lo cierto es que esa afirmación es totalmente falsa; tan falsa como la paternidad de la que presumen algunos con el hijo recién parido por su mujer o compañera, la decencia de sus madres y yermas, o los Master de algún que otro rojo de "deposición" (también queda así más fino que decir, rojo de mierda ¿verdad?).

Es lo de siempre. Los "valientes" esperan a que su enemigo este lo suficientemente lejos, para llenarle de improperios.

 
con la seguridad de no tener que volver a salir huyendo.
 
Eloy R. Mirayo.