Islandia es una República Parlamentaria desde 1944, cuyo Presidente, Jefe del Estado, es elegido cada 4 años, nombra al Jefe del Gobierno, Primer Ministro, nombramiento que debe ser aprobado por el Parlamento de 63 parlamentarios elegidos por votación popular cada cuatro años mediante un sistema proporcional por distritos electorales. El Parlamento constituye el Poder Legislativo de la República.

       Esta organización política y territorial, sino similar si es parecida a otros países democráticos y por tanto a España. Su funcionamiento apenas había sufrido variaciones desde sus principios en 1944 hasta este convulso siglo XXI en el que los avatares de la globalización y la fragmentación del bipartidismo político en un polipartidismo muy diverso han dado lugar a la activación de una gran parte de la ciudadanía, consciente de sus responsabilidades políticas más allá del mero seguidísmo a los partidos políticos representativos. En expresión de una ciudadana islandesa, No basta con votar una vez cada unos cuantos años. Si se quiere ser ciudadano responsable ha de asumirse la dimensión política de su ciudadanía más allá del voto” .

De esta forma en el año 2008, con ocasión de la crisis económica, el consiguiente rescate de la Banca y el endeudamiento nacional con sus nefastas consecuencias para los gobernados por la impericia o peores actitudes de sus gobernantes, los islandeses fueron capaces de aglutinarse y concentrarse con perseverancia frente al Parlamento de Reikiavik desde el 18 de Octubre de 2008 hasta Enero de 2009 para que en Febrero siguiente lograr la dimisión del Gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones.

Transcurridos cuatro años, en Mayo de 2013 se convocaron nuevas elecciones en Islandia y en el mes de Mayo fue nombrado Primer Ministro Sigmundur David Gunnlaugsson del Partido Progresista, que formó Gobierno en alianza con el partido de la Independencia.

En plena legislatura, Abril de 2016, se hacen públicos los Papeles de Panamá y entre los muchos mandatarios relacionados aparece el Primer Ministro Islandés con varios millones de dólares invertidos en la sociedad offshore Wintris (islas Virgenes).

De nuevo miles de ciudadanos demócratas se concentran sin desmayo frente a su Parlamento y en unas horas hacen que el Sr. Gunnlaugsson dimita sustituyéndole el Sr. Benediktsson del mismo Partido.

Hasta aquí, muy resumido, lo sucedido en Islandia esta segunda década del S.XXI

En nuestra querida España, desde Marzo de 2004, con la llegada del Gobierno PSOE de Rodriguez Zapatero tras el atentado más sangriento sufrido en Europa, hemos soportado bastantes más descalabros y más graves que los islandeses. Pese a ello y la capacidad informativa para comparar que nos proporcionan los adelantos tecnológicos, parece que no aprendemos o somos más sadomasoquistas que el propio Marqués de Sade.

Si por resumir solo repasamos la impresentable y dañina retirada de Irak, la aprobación del infumable y parcialmente inconstitucional Estatuto de la Autonomía catalana, la negada Crisis económica, la cainita y revanchista ley de la Memoria histórica y todas las promesas electorales incumplidas por el Gobierno del Partido Popular desde su llegada hasta la desaparición de su Presidente Rajoy, sustituido en su escaño por el bolso de la Vice, todo han sido desmanes y tomadura de pelo a los ciudadanos, con insultos a su dignidad y a su sentido común. Todo ello sin el menor quejido cívico, solo energúmenos violentos han asaltado los lugares públicos aprovechando la debacle propiciada por la impresentable casta apoltronada.

Ahora nos damos cuenta de que “De aquellos barros estos lodos” y nos encontramos ante la situación más alarmante y peligrosa de todas las sufridas. Y ello sucede sin que, al parecer, ni las más altas Instancias se hayan enterado. ¿Cuál es la solución? No se puede aceptar que no la hay, ni que solo cabe aguantarse y admitir la imposición de una minoría descalificada y sin el menor escrúpulo en deshacer siglos de Historia incomparable como la de España. ¿Por qué habríamos de aceptarlo? ¿Con qué argumentos?

Mi antiguo General y amigo de siempre Fulgencio Coll ha dejado negro sobre blanco lo que sucede y ha hecho mención a las posibles medidas que se pueden aplicar para evitar el crash que se avecina si no se corrige la trayectoria del avión o se sustituye al chimpancé que lo pilota. Cierto es que si la solución la tiene que encontrar el propio problema, es decir, la Carrera de San Jerónimo, lo tenemos difícil.

A pesar de que en términos similares se han pronunciado personas y plumas tan cualificadas como Don Alfonso Ussia, anteriores Ministros como Fernandez Diaz, incluso socialistas de antes, Señores Vazquez y Leguina y en activo: Señores Page y Lamban y hasta el hispanista inglés Gerald Brenan, los medios subyugados por el poder de la izquierda han arremetido contra las declaraciones de mi General y amigo. Cualquiera que tenga la cabeza sobre los hombros y la use para algo más que para llevar sombrero o gorra, será consciente de que es un argumentario más de los perroflautas mediáticos por el hecho de ser un militar y además miembro de VOX quien da la alarma y apunta la necesidad de abortar la maniobra preparada. Él ni lo menciona pero ya están vociferando con el anuncio de ruido de sables...etc.etc.

Como tantos españoles comparto junto a los mencionados la honda preocupación por los peligros que nos acechan como Nación Soberana dada la mezcla explosiva que están preparando en la Moncloa junto a lo más dañino para España en lo moral, político, social y económico, lo que iría unido a una crisis de convivencia que puede prolongarse durante muchos años con consecuencias de muy difícil evaluación.

Ante esta encrucijada no deseada he mirado hacia Islandia. Por no extenderme no he entrado en detalles prolijos pero creo que puede aprovecharse su experiencia para imitarla aunque cada caso sea particular.

Un número limitado de políticos inconscientes nos presentan un desafío no deseado, ni siquiera pensado por el conjunto de la ciudadanía y somos ese conjunto los llamados a deshacer tal entuerto. De lograrlo sentiremos, además de la satisfacción del deber cumplido, la euforia de aquel ciudadano islandés   tras alcanzar su objetivo: “Es como si ahora somos nosotros quienes tenemos el poder, como si hubiéramos estado viviendo bajo una mentira y fuimos capaces de romperla” .

Nada de esta actitud tiene que ver con alterar el orden público, solo pretende evitar los despropósitos   anunciados. No sería un movimiento de CDR ni Tsunami solo de CDD (Ciudadanos Democráticos Dignos), y que quieren a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, no se les agrede y muchas veces se les ha animado con el grito: “¡No estáis solos!”. Somos millones, no hacen falta todos. He asistido a multitudinarias Juras de Bandera de civiles, ciudadanos comprometidos con su Patria a la que pueden representar en estos momentos y cumplir su compromiso.

Solo hace falta VOLUNTAD y concentrarse oportunamente para evitar el desafuero, previsto siguiendo el ejemplo islandés.