Quizá sea meterme donde no me llaman, pero el otro día vi un video del discurso que interpretó vuestra hija Greta en el arranque de la Cumbre para la Acción Climática en la sede de Naciones Unidas, porque eso y no otra cosa hizo vuestra niña. Hay quien, admirado, instalado en el carro de lo políticamente correcto, como el presidente francés Emmanuel Macron, reconoció que las palabras de Gretita le habían impresionado, asegurando que "escuchaba" y tomaba "buena nota". No me creo que ése llegara a presidente con simplezas de ese calibre.

Por mucho que se la quiera ensalzar, vuestra hija leyó interpretando con dramatismo un texto, y por eso me cuesta creer que no haya nada vuestro en las palabras que pronunció, ni en la actuación que llevó a cabo. Sobre todo porque tú, Svante (que así se llama el papá de la chica), eres actor y director artístico. Digo yo que algo le habrás transmitido. Sin olvidarme de tu esposa, Malena (que es la mamá), que es cantante de ópera, opereta, y además ha trabajado en cabarets y musicales. No me cabe duda de que algo de vuestra profesión le habréis enseñado. Seguro que tendrá dotes personales, pero no podéis convencerme de que no tenéis nada que ver con las razones por las que se ha hecho conocida. Venga, no seáis modestos.

Ignoro qué dice la normativa sueca sobre el derecho que tienen los padres en la formación de sus hijos, pero supongo que será algo similar a la española en el sentido de que la educación, al tener por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana, los padres pueden elegir para sus hijos la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. Y cada uno tiene las convicciones que tiene, eso está claro.

Pero decidme una cosa: ¿No os da vergüenza en qué habéis convertido a vuestra hija? La chica leyó, al borde del llanto, una declaración en la que decía “me han robado mis sueños y mi infancia”. Es verdad que se refería a los líderes mundiales, pero en realidad sois vosotros quienes le habéis metido en la cabeza, desde su niñez, vuestras delirantes ideas políticas, no sólo al respecto del cambio climático, sino que estoy convencido que también en otras cuestiones. ¿De verdad el cambio climático ha robado la alegría a vuestra hija? ¡Ni de coña! Es el producto de las ideas insensatas que habéis transmitido. La habéis engañado haciéndole creer que la culpa de su amargura la tienen los líderes mundiales que no hacen nada por atajar las emisiones de CO2, cuando en realidad los responsables sois solamente vosotros. ¿Qué tipo de hija habéis creado?

¿Habéis contribuido a su felicidad? En lugar de hablarle de amor, le habéis inoculado desde pequeña vuestra ideología del odio, y eso tenéis: una hija que odia. La mirada que lanzó al pasar delante de ella el presidente de los Estados Unidos de América, es significativa de qué sentimientos anidan en el interior de vuestra hija. Sois responsables de su infelicidad interior porque, si la cara es el espejo del alma, la de vuestra hija se muestra muy atormentada.

¿Creéis que es más feliz así? Yo creo que no. Entre otras cosas porque dijo sentirse “triste y enfadada” porque la propuesta de reducir los índices de emisión de CO2 era insuficiente. ¿Quién se cree que una niña, que sabe de química lo mismo que un alumno de primaria de matemáticas, se pueda sentir de ninguna manera por las emisiones de CO2? A otro perro con ese hueso. Habrá quien babee admirado de la concienciación de Greta con el cambio climático, pero de creerme que los sentimientos que transmitía son de verdad, a Greta se la ve angustiada. Pero no de hoy. Y vosotros, sus padres, tenéis mucho que ver con ello.

En el discurso que leyó, la chica preguntó varias veces a los líderes mundiales: “¿Cómo se atreven?”. Quiero creer que su pose era sólo una impostura, pero aun así, si os tuviera delante, no me quedaría con las ganas de preguntaros: ¿Cómo habéis sido capaces de hacer algo así a vuestra hija, insensatos?