No hace falta ser muy listo para saber cuáles son las malas y cuáles las buenas. Lo que sí hace falta es realismo y objetividad, dos virtudes en declive desde hace varias décadas. Por nuestra parte ahí van las que creemos que hay que tener en cuenta de cara al inmediato futuro:

  • Los españoles, salvo contadas excepciones, o sea, salvo esos 3,5 millones que han votado a VOX, siguen cojos en materia política y más aún patriótica. Aquí radica la peor de las malas noticias.
  • La subida espectacular del fenómeno VOX, máxime, y esto es muy importante y muy bueno, con un Abascal a su frente más que evolucionado de su pasado pepero y consolidado como líder, es decir, el auge de VOX con un discurso nítido y sin complejos, es la mayor de las buenas noticias. Ahora hay que exigirle afianzar esa vía y reconducir a los liberalillos que aún cuentan con notable fuerza en el partido, bien que cada día menos porque resultados cantan. La consigna sigue siendo “sin complejos”, pero… con cabeza, inteligencia y astucia. La línea seguida es la adecuada. Muy significativo que en Madrid VOX se consolide en el Sur… antes cinturón rojo de la capital.
  • La peor de las malas noticias es la aún incomprensible afición a votar al PP que ha recuperado oxígeno. Y decimos la peor porque es apuntalar el mayor de los defectos y problemas de nuestra “democracia”, pues es sostener la traición a España y, lo que resulta incomprensible, a los propios que le votan que parecen no aprender… o no querer hacerlo. Porque es creer que Casado es distinto al repugnante Rajoy o al penoso Aznar; es creer que va a cumplir siquiera una coma de su programa; es creer que el PP, corrupto hasta el tuétano, pude cambiar o regenerarse; es dejar a España inerme a los pies de la anti-España. La recuperación del PP es la peor de las malas noticias porque es ver cómo aún hay millones de españoles que creen serlo y no lo son, que siguen sin querer ver que el gran problema de verdad de la situación en que se encuentra nuestra “democracia” --además de la izquierda revolucionaria, decimonónica, rancia y criminal que sufrimos--, ha sido UCD-AP-PP, es decir, la tibieza vomitiva, el complejo cobarde y la obsesión traidora por sistema, características de siempre de nuestra infecta “derecha” que ha desnaturalizado la esencia española haciendo que lo que pudo y debió ser, no sea. Si UCD-AP-PP se hubieran mantenido siempre como un VOX les aseguro que otro gallo, sin rival en nada, nos cantaría.
  • Buena noticia es que el repugnante indigente intelectual y moral de Sánchez (a) “el profanador” se ha quedado con cara de haba. Mala que ahora sí que sí va a dar forma al Frente Popular al que nunca ha hecho ascos, pues si lo hizo hace unos meses fue sólo porque en su anormalidad y en la de los que le rodean creyeron, en sus mentes revolucionarias arcaicas, siniestras, vengativas y atrasadas, que iban a conseguir la mayoría absoluta y poder hacer solos, acaparando “medallas”, lo que el primer Frente Popular no pudo. Ajo y agua, pero para España muy malo.
  • Mala también es la noticia, claro, de que el secesionismo catalán y vascongado –altamente infeccioso a otras regiones--, crece; peor aún que los dos partidos mayoritarios, es decir, PSOE y PP, tienen la misma estúpida visión de cómo tratarlo: con paños calientes y fondos y más fondos, en vez de directamente ilegalizarlo.
  • La maraña comunista, aunque baja, sigue ahí. La maldad de ello radica no en su reducido número –el comunismo nunca fue mayoritario--, sino en su capacidad para infiltrarse y manipular el socialismo decimonónico del PSOE.

España sigue sin remedio mirándose el ombligo con un ojo y con el otro su más reciente pasado, pero sin aprender de él, sino todo lo contrario. La esperanza, que mientras hay vida nunca se pierde, es que VOX ha crecido aún con todos y todo en contra. Ahora depende de sus líderes y cuadros sulbalternos gestionar eficazmente lo que sin duda es una gran victoria; y de todos perseverar en su respaldo. España sigue viva… encaremos el futuro con valor, ánimo y… trabajando por él de la mejor forma que es trasladando a nuestros descendientes la llama para que no se apague y puedan volver a hacer de la única España real y posible, que sea grande y libre.

Paco Bendala