Hace mucho ya que nuestra patria es gobernada por pelanas, farsantes, camanduleros,  y otras gentes de medio pelo, chusma de lo más vulgar, vaya…

Por lo menos yo, no he visto más que a esa clase de personajes “adueñarse” -  aunque solo en teoría, claro –del mando, con el respaldo del poder real que los encumbra – como no – y, solo faltaría, con el total beneplácito de la pringue rebañega que los aplaude hasta con las orejas, pues no en vano son sus criaturas:

 Un tándem perfecto, sin duda.

Mientras los NOBLES duermen, los Oligarcas gobiernan como quieren apoyados por una chusma infame a la que insuflan “valores eternos” a través de la Educación??? en manos del Estado y sus todopoderosos Mass Media enfangados de mierda hasta los ojos.

Claro que esto no es nada nuevo, nada más que tienen que ver este fragmento de la obra cumbre del Príncipe de los Ingenios:

 

"-¿Qué es un Noble?- dijo Sancho: 


- Difícil de definir, Señor. Eso se siente y no se dice. 


“Es un hombre de corazón  (saltaron en el grupo voces por todos lados).

Es un hombre que tiene alma para sí y para otros. Son los capaces de castigarse y castigar. Son los que en su conducta han puesto estilo. Son los que no piden libertad sino jerarquía. Son los que se ponen leyes y las cumplen. Son los capaces de obedecer, de refrenarse y de ver.

Son los que odian la pringue rebañega.

Son los que sienten el honor como la vida. Los que por poseerse pueden darse. Son los que saben cada instante las cosas por las cuales se debe morir. Los capaces de dar cosas que nadie obliga y abstenerse de cosas que nadie prohíbe. Son los…


Basta – dijo Sancho - , entiendo. ¿Entonces Noble es aquel que sabe hacer hace las cosas bien y no puede prestarse a la chapucería?

Así es Señor. Y esa fue nuestra desgracia”.

 

Ya Ortega hacía alusión a la teoría filosófica Nietzschezana del “Ressentiment”, o la frustración de los inferiores que procuran afirmarse ante sí mismos negando las nobles cualidades excepcionales que ellos no poseen, algo que incluso va más allá de los planteamientos de Esopo, puesto que al menos la zorra sigue estimando como mejor la madurez del fruto, contentándose con negar esa condición a las uvas que por demasiado altas no puede alcanzar y el mismo Ortega lo expresa bien a las claras ya:

 

“Vivimos rodeados de gentes que no se estiman a sí mismas, y casi siempre con razón."

Quisieran los tales que a toda prisa fuese decretada la igualdad entre los hombres; la igualdad ante la ley no les basta: ambicionan la declaración de que todos los hombres somos iguales en talento, sensibilidad, delicadeza y altura cordial.

Cada día que tarde en realizarse esta irrealizable nivelación es una cruel jornada para esas criaturas "resentidas", que se saben fatalmente condenadas a formar la plebe moral e intelectual de nuestra especie”, ubicando magistralmente la frontera entre plebeyismo y democracia

“Quien se irrita al ver tratados desigualmente a los iguales, pero no se inmuta al ver tratados igualmente a los desiguales, no es un demócrata, es  un plebeyo”.

Nada más cierto cuando al amparo de la noble idea de la democracia se ha instaurado – bien respaldada por el poder, claro -  en la conciencia pública la perversa afirmación de todo lo bajo, ruin, vulgar y soez para contento del establishmentreal y estúpida reafirmación de la chusma, que apoyada en un distorsionado concepto de Aristocracia en sentido clásico que sus venenosos verdugos les han inoculado, está tirando piedras sin piedad alguna  contra su propio tejado de manera grotesca,  pues  si bien Aristocracia y oligarquía son conceptos más o menos similares en el sentido de que se refieren a grupos selectos que detentan el poder político, en su concepto básico, mientras que el término Aristocracia designa al gobierno de los mejores para atender eficazmente los intereses del pueblo, el fundamento básico de la oligarquía – y no digamos de la actual – hace referencia al gobierno de unos grupos privilegiados que solo atienden a sus propios intereses que evidentemente son antagónicos a los intereses del pueblo con el beneplácito de la chusma mayoritaria, pringue rebañega, canalla vulgar o como quieran llamarlo.

 

No debemos olvidar que para filósofos  como Platón y Aristóteles sin ir más lejos, la Aristocracia, entendida en su sentido primario, era la forma de gobierno idóneo, pues serían los ciudadanos más notables en razón de sus condiciones morales e intelectuales quienes tendrían a su cargo la administración política del Estado para atender los intereses de sus gobernados.

 

La Aristocracia era, pues, una manera de combatir los excesos de la tiranía y las injusticias de la oligarquía, así de claro es.

 

España por tanto es ahora el gobierno y dirección de los mejores por los peores; violación torpe de la ley natural, pero muy al gusto y conveniencia de la criminal oligarquía masónica que nos gobierna con guante de seda sobre mano de  hierro, apoyada en esa masa estúpida,  borreguil y adocenada.

 

El sufragio universal nada tiene nada que ver con la voluntad popular. Y aunque así fuera, esa voluntad de la mitad peor de un país es necia, estúpida, incoherente y manoseada por los demagogos,  puesto que para tomar una decisión, cualquier persona necesita información verídica,  detallada y un grado de conocimiento del que la infame chusma carece por completo.

 

En definitiva, que el mejor argumento en contra de supuesta democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio, en eso tenía razón Martello, pues hemos de asumir o sí o también rumbos marcados por electores irresponsables que si bien no están capacitados para ejercer ese derecho a opinar de todo, estoy seguro de que ni por asomo se dejarían operar por nadie que no hay estudiado Medicina y fuera además un cirujano cuanto más experto y cualificado mejor, jamás dejarían su salud en manos de alguien inexperto sin conocimiento médico alguno y que toma sus decisiones por capricho obligándoles quieran o no a seguir sus tratamientos y sus pautas.

 

Ahí si son capaces de discernir las nefastas consecuencias que ello acarrearía, así que no me vengan a justificar acciones borreguiles por veniales problemas de discernimiento cuando la base del problema no es ese, es el resentimiento la bajeza moral y la estupidez de los mediocres, bien alimentada por las oligarquías, eso sí, o sea que  achacarlo todo a esa venial incapacidad visto el ejemplo anterior, pues que quieren que les diga, no cuela, no, no cuela…

 

¡Cabrones…!