Ayer me acosté muy bien acompañado (no sean ustedes mal pensados), por Radio Nacional de España…, que ya no es ni nacional ni de España, pero uno es un animal de costumbres. (Mi señora viene más tarde, pues le gusta ver la televisión).

         Pensaba escuchar una de esas tertulias descafeinadas que en los últimos tiempos nos ofrecen, como muestra de la purga que el PSOE y PODEMOS han hecho de los comentaristas más ácidos, y, generalmente, mejor informados, o por lo menos sin pelos en la lengua…

         En lugar de eso tuve que soportar un trozo de un partido de fútbol en el que la estrella era un tal Vinicius, que no solamente no sé quién es, sino que tampoco me importa, aparte de las generales de la Ley, claro: que juega en el Real Madrid, y que es una estrella en alza.

         Me recordó el nombre de algún gladiador famoso, pues ignoro si es un nombre real o imaginario. También recordé (la cultura es lo que se recuerda después de haberlo olvidado), la insistencia de los Emperadores Romanos en fomentar la afición al circo, y el carácter de estrellas que tenían los gladiadores más famosos, algo similar a los futbolistas actuales.

         Y como los Emperadores más dictatoriales, tontos o hijos de puta –algunos reunían las tres características- fomentaban cada vez más los espectáculos cirquenses, como forma de entretener a la plebe, mientras ellos maquinaban sus delitos, latrocinios y funcionamiento dictatorial del poder.

         ¡Pensé –estaba ya medio dormido-, que no habían cambiado tanto los tiempos, y que la situación actual de España, dos mil años después, era muy similar a la de Roma por aquel entonces!

         Tempus fugit, es verdad, sobre todo los buenos momentos, los familiares y personas queridas, etc., pero la verdad es que las maniobras torticeras del poder siguen siendo las mismas: antes circo, ahora fútbol.

         Y no digo más; ni menos.