Vamos a ver… Con este artículo no pretendo defender a una persona que está haciendo daño a un país y, sobre todo, lo está haciendo su partido político. Pero sí quiero reflexionar sobre un comportamiento que esta persona tuvo para con otra y que conllevó un aluvión de críticas, incluidas las concernientes a personas de su misma ideología política.

Tratamos el tema aquí de Pablo Echenique, el que fue secretario general del partido político Podemos y actual diputado de las Cortes Generales por el mismo partido, que es acusado y recriminado por no haber dado de alta en la Seguridad Social a una trabajadora que tenía contratada para su hogar.

Ni que decir que la ley es la que es. Si se tiene a una persona trabajando en el hogar durante unas horas, aunque sean pocas, y está durante más de cuatro semanas seguidas, pues se ha de hacer. Ante esto, pues poco podemos decir, la ley es así y es para cumplirla. Pero no vamos a esto. Según P. Echenique, pagaba a estar mujer con un dinero con razón a un favor que éste le hizo a ella por pasar momentos de dificultades económicas. Este señor, le ofreció sustento económico por años; y como favor, ahora, esta mujer se lo ha pagado “CON DENUNCIA”. Si nos fiamos de las palabras del exsecretario de Podemos, pues este señor está viendo lo ingrata que es la vida; ha dado con una mujer que le ha engañado y le ha pagado con una moneda falsa el trato de amparo que él tuvo hacia ella.

Y es que, aunque a veces solo miremos personas por su ideología, detrás de ellas hay historias que merecen destacarse, pero la razón no entiende de partidos políticos, sino de personas; aunque digamos que este hombre (hablando, como no, de P. Echenique), pocos argumentamos a su favor aporta para comprobar su limpieza en cuanto a sus razonamientos y propuestas.

En esta situación, un poco complicada, el citado político infringe la ley, pero a la vez apoya a una pobre mujer que lo estaba pasando mal. Claro, esto último, según las palabras del citado señor progre… Pero si lleva razón, la mujer trabajadora incumplió su palabra de aceptar trabajar sin ser dada de alta, pero es evidente que, en este mundo, de nadie te has de fiar.