José Ramón López de Abetxuko y Txema Matanzas, que participaron en las actividades de la banda terrorista ETA, dieron una conferencia el pasado día 10 de diciembre en la Universidad del País Vasco. El primero fue condenado a 30 años de cárcel por el asesinato de Eugenio Lázaro Valle, jefe de la policía municipal de Vitoria, del que nunca se arrepintió, y el segundo, con un apellido muy propio para su trayectoria, fue penado por ser miembro de ETA.

El artículo 61 de la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, indica que el Estado asume la defensa de la dignidad de las víctimas, estableciendo la prohibición de exhibir públicamente monumentos, escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas o de exaltación o enaltecimiento individual o colectivo del terrorismo, de los terroristas o de las organizaciones terroristas y las Administraciones Públicas, en el ejercicio de sus competencias, adoptarán las medidas necesarias para dar cumplimiento a esta prohibición, sin perjuicio de las actuaciones que las víctimas y sus familiares puedan llevar a cabo en defensa de su derecho al honor y dignidad, evitando la realización de actos efectuados en público que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas o de sus familiares, exaltación del terrorismo, homenaje o concesión pública de distinciones a los terroristas. Sin embargo, la Universidad del País Vasco, alegando la libertad de expresión, que se ha aprovechado en este caso con claro abuso de derecho y menosprecio por las víctimas, ha decidido apoyar a terroristas para que, desde su posición de especialistas en violar derechos humanos, hablen sobre los supuestos perjuicios ilícitos sufridos por compañeros suyos que se encuentran encarcelados por haber cometido atentados y haber causado la muerte de ciudadanos.

 

Probablemente, si un asesino no perteneciente a grupos vinculados con el independentismo vasco o un violador hubiera participado en una conferencia sobre derechos humanos en la Universidad del País Vasco, nadie habría justificado la postura de la entidad. Lamentablemente, por ese hecho puede afirmarse que son muchos los que encuentran un elemento romántico en masacrar a la ciudadanía por motivos ideológicos vinculados con el derribo del Estado español, algo que resulta vergonzoso y denigrante por constituir una grave ofensa contra la dignidad de las personas.

 

Con escenas como las presenciadas por la conferencia de dos antiguos terroristas cualquier se puede plantear si ETA fue verdaderamente derrotada o si la banda consiguió, frente al Estado, una victoria celebrada y aprovechada por muchos independentistas con prudente sigilo mientras se ríen del resto de los españoles.