Es conocida la frase de Bismarck que dice:

 “La nación más fuerte del mundo es sin duda España. Siempre ha intentado destruirse y nunca lo ha conseguido. El día que dejen de intentarlo, volverán a ser la vanguardia del mundo”

 Pero hay otra frase menos conocida del poeta catalán Bartrina, que dice:

“Oyendo hablar a un hombre, fácil es saber dónde vio la luz del sol. Si alaba a Inglaterra, será inglés. Si os habla mal de Prusia (Alemania) es un francés, y si habla mal de España… es español”.

Se puede argumentar de muchas maneras que Cataluña es una región española, se puede decir que Cataluña jamás ha existido como reino ni como estado y que siempre ha formado parte de España. Se puede decir que el apellido más frecuente en Cataluña es “García” como en el resto de España. Se puede hablar de datos curiosos como que el bando nacional en la guerra civil tuvo su mayor remesa de voluntarios provenientes de Cataluña, etc. Pero la prueba irrefutable de que un catalán es un español de tomo y lomo, y es tan español como otro cualquiera, es sin duda el hecho de que a un español de Cataluña, lo que más le gusta es el “joder por joder” a otro español, al que lanzarle sus fobias y su mala bilis hispana. Imagínese a una Cataluña independiente sin otros españoles a quienes odiar, como pide el ser o no ser del españolito de a pie, les faltaría su esencia vital más allá de extrañar los partidos del Madrid-Barça. 

Pues España y los españoles desde que se esfumó su imperio de ultramar y dejaron de batallar en sus guerras de religiones por Europa, se convirtió en un país de guerra civiles, tres en el siglo XIX y la conocida del XX que 80 años después sigue tan viva en la dialéctica política y en el imaginario colectivo. Pues los españoles, como es sabido, no participan en las guerras mundiales sino en sus guerras civiles, lo contrario no se entendería, “¿qué nos han hecho los extranjeros?” se preguntarían los españolitos, pues lo que les pide el cuerpo a un español es romperle la crisma a otro español, y es además lo que le divierte, por eso se ponen camisetas con banderas de la Estrellada separatista, pitan al rey en un campo de fútbol o se van al cine a ver en masa películas como “Ocho apellidos vascos o catalanes”.