Como se nota que este sistema demo liberal que, además de no ganar para contradicciones, se dedica a parchearlas hipócritamente, permitiendo libertinajes sexuales, homosexualismos, parejas de hecho, amancebamientos y hasta orgullos gays contra natura, enorgulleciéndose de no ser como nos hizo la naturaleza, y viviendo en permanente infelicidad por falta de realización personal.

Al final acaban en el aburrimiento más palpable, escandalizándose después por las consecuencias de sus actos, como son los abusos de género, tras haber convertido a las personas en un mero “producto” de consumo, más o menos rentable, tras encuentros causales…

Todo esto es producto de la descristianización o cristiano fobia que se arrastra desde finales de la guerra fría, por los poderes de la Unión Europea, arreligiosos o antirreligiosos, promoviendo sin tapujos la liquidación de las creencias y tradiciones culturales y teológicas católicas: masonería venenosa y disolvente.

Y así, en nombre de las falsas tolerancias y falsos respetos –a toda religión, menos a la católica-, han dado carta blanca al abortismo y holocaustos suicidas nacionales, a no tan largo plazo.

La destrucción de la familia en condiciones naturales exigitivas como es el matrimonio cristiano, indisoluble y escuela formativa religiosa de la prole como medio providencial para el verdadero humanismo de la comunidad nacional, y por ende universal, trae obligatoriamente los desajustes afectivos y las peleas internas de pareja, hasta el “reparto” de los hijos, por turnos, cuándo no hasta su asesinato…

La sociedad enferma moralmente cuando la familia deja de concebirse fuera del concepto cristiano, que es el que Dios nos ha revelado como lo que ha de responder a la naturaleza del mismo para su realización plena y su felicidad consecuente.

Todo atentado contra ella trae la infelicidad por insatisfacción individual. La naturaleza se venga cuando se va contra ella.

 Sobre el “abuso de género” hay que condenarlo como consecuencia de los falsos afectos.

Nuestros antepasados se respetaban en ayuda consagrada hasta el fin de sus días de matrimonio responsable, santificante en sacramento, ilusionante dando hijos para la sociedad en progreso y no solo para el Cielo.

¿Cuántas “manadas”, por no decir “piaras” violadoras había en aquel sistema cristianizante?

¿Cómo se miraba a la femenina mujer de entonces, y cómo se la mira o se deja ver en esta libertad de libertades?

¿La atmósfera cristiana del nacional-catolicismo tiene algo que ver con este tufo de relativismo, subjetivismos inmorales, ignorancias religiosas y desinformaciones doctrinales…?

Por otra parte, está la capciosa acusación contra el género masculino cuando se da a entender que el tal abuso y maltrato de género, es solo de parte del varón y no de maltratos psicológicos de ellas contra ellos.

¿Qué lleva al varón incluso a asesinarla, y no a la inversa?

Da que pensar el tema y las leyes contradictorias del sistema demo liberal de la libertad sin Dios que después gasta recursos económicos haciendo carteles de promociones insulsas, como la anécdota de la vuelta de mi esquina en cartel oficial, puesto por el Ayuntamiento, que pinta una mano abierta con esta inscripción:

“Basta… Contra el abuso de género”.

Un gracioso perspicaz, comprendiendo que estamos en una pequeña localidad, que cree que esas cosas solo pueden pasar lo más cerca en Honolulu, puso está pintada en el mismo cartel:

“¡Gilipollas, aquí ya no “agarramos” ni con estaño!”.

(Se supone que se refiere a la falta de capacidad generativa por edad provecta. Solo ha habido un bautizo en este año).

Este ateo sistema… ¿no tendrá nada más que hacer?