Decíamos días atrás que en el tema de la exhumación-inhumación de Francisco Franco el Gobierno se encontraba legalmente con el culo al aire. La Iglesia se inhibía, ninguna de las leyes vigentes le apoyaba y, en especial, los artículos 15 y 16 de la Ley de Memoria Histórica y el Preámbulo al Real Decreto de 24 de Abril - que pensaba esgrimir para lograr su capricho - NO eran de aplicación al caso. Pues mucha ha debido ser la vergüenza del Ejecutivo ante este fiasco anunciado que no ha tardado en filtrar a sus medios (como hoy publica EL PAIS) los detalles de su nueva marranada legal:  Una Ley ad hoc, como reforma de las ya existentes, prohibirá la inhumación de Franco en La Almudena - pese a que ésta es una decisión que exclusivamente corresponde a la familia del fallecido - o en cualquier otro lugar al que el público tenga acceso, Ley que completará con sanciones y cierres de lugares cuando se permita dicho acceso y se produzcan "episodios de exaltación del franquismo, tanto por acción como por omisión" - lo cual nos deja lelos al no acabar de comprender cómo se puede producir un acto de exaltación "por omisión".  

 

Además de las multas, el cierre temporal o definitivo de dichos espacios abiertos al público se producirá "cualquiera que sea su titularidad", que es lo mismo que pasarse el actual Concordato con la Santa Sede por el Arco del Triunfo. Como medida cosmética adicional, la nueva parida legal contempla la retirada de condecoraciones del Estado, reforma ésta pensada como venganza contra aquellos particulares que hayan incurrido en "conductas manifiestamente incompatibles con la distinción recibida", etiqueta que puede ser aplicada a numerosos vencedores de la Guerra Civil contra los que haya cuentas pendientes.

 

Otrosí, "se atribuye a la Administración General del Estado, sin perjuicio de las competencias de otras Administraciones, la facultad de llevar a cabo procedimientos de exhumación", con lo que las actividades de búsqueda de restos en cunetas y fosas comunes es asumida por el Estado cuando hasta ahora la iniciativa debía partir de un particular.     

 

Por si fuera poco, otra de las reformas prevé "la creación de la Comisión de la Verdad, como órgano independiente de ámbito nacional, con el objeto de trabajar en la recuperación y análisis de los documentos históricos, testimonios y otros materiales sobre el período comprendido entre julio de 1936 y diciembre de 1978". Toma castaña.

 

Y para todo esto, los socialistas cuentan no sólo con sus socios podemitas y separatistas sino también con la abstención - que no rechazo - de PP y Ciudadanos. Y dado que estos dos partidos controlan la Mesa del Congreso, los socialistas se cubren de sorpresas diciendo que, obviamente, la reforma puede demorarse porque tanto PP como Ciudadanos van a pedir que se amplíe el plazo de enmiendas (lo que paralelamente retrasaría la exhumación de Franco hasta después de fin de año).

 

Y así estamos, con un Gobierno sui generis, rastrero, que no oculta su visceralismo y que es capaz de enmendar leyes, violar concordatos y aliarse con el diablo con tal de satisfacer sus más bajos instintos revanchistas. Y todo ello, apoyándose en una maquiavélica Ley que el PP de Rajoy, con su mayoría absoluta, pudo haber derogado y no lo hizo, por esa cobardía y complejines de don Mariano y por un error de cálculo que hoy nos pasa a todos la factura. Y sigue en el PP y en Ciudadanos la ceguera de ignorar políticamente a una nube de españoles bien nacidos - los mismos que estos días hacen interminables colas en Cuelgamuros para llevarle a Franco unas flores con su agradecimiento y respeto. Esa ceguera les va a restar a ambos partidos muchos, muchísimos votos, que podrían recuperar si tuvieran la hombría de no temer a las etiquetas - como hace VOX - y no sólo se abstuvieran en el Congreso sino que se opusieran a la nueva Ley plantándole cara a ese Frente Popular que vuelve a envenenar España y que no tiene la menor vergüenza de negociar y pactar abiertamente tanto con los rebeldes secesionistas catalanes como con sus homólogos filo-etarras de las provincias vascongadas. Muchos franquistas y nostálgicos de aquella época, pero también muchos españolitos de a pie que no la vivieron, se preguntan si a Casado y a Rivera les queda suficiente testosterona para corregir su craso error, o se abstendrán haciendo así posible la aprobación parlamentaria de uno de los mayores atentados contra nuestra constitucional Libertad de Expresión, consistente - entre muchas otras cosas - en visitar, recordar, respetar y exaltar a quien nos dé la real gana. Si no responden a esta llamada, España bajará dos escalones más hacia un futuro totalitarismo  y su ingenua e indolente población nunca se lo perdonará.