La teología dogmática católica define la profanación como “trato indigno de algo sagrado”, y en sentido amplio, cualquier acto contra la virtud de la religión por irreverencia a lugares sagrados, como ha sido el allanamiento de morada del Valle de los Caídos (24-10-19), por caprichos políticos y antipatrióticos de un sistema liberal (ateo), enemigo de glorias nacionales defensoras del honor de Dios y su ley divino-positiva contra toda clase de sus enemigos, atentatorios contra ese orden religioso que ha de inspirar el ser y la esencia de la existencia justa y fraterna de cualquier sociedad que se precie de civilizada.

Añadimos a ese atropello de una Basílica el acto de profanación de una sepultura representativa y real de una personalidad que acaudilló la defensa de la religión católica contra sus enemigos marxistas y ateos, defendiendo la Tradición Católica y el ser de una Nación como España, invadida por los enemigos de la Fe para extinguir en ella su alma y ser católico, martirizando sacerdotes y monjas, devastando hasta su irreemplazable patrimonio artístico con el odio satánico que demostraron esas fuerzas del averno, tenemos el agravante moral del sacrilegio, al haberse cometido, no en un cementerio municipal o en una cuneta, sino en un lugar sagrado de resonancia universal por su significación, y de confesionalidad católica y de unidad fraterno-nacional, tras la contienda cívico-militar, sellado con la mayor Cruz del Mundo Católico, y Basílica representativa de esa confesión nacional-católica, la gravedad moral es aterradora y escandalosa.

Lo peor de este acto vandálico es que las responsabilidades recaen, ante todo, en los guardianes de la fe y autoridades que han de velar por la intocabilidad e inviolabilidad del lugar sagrado, como obligación y deber en su triple condición de sacerdotes, profetas doctrinales y reyes jurisdiccionales.

Aquí, muchos han traicionado a su ministerio, comportándose con una total y absoluta ingratitud con quien tenían una deuda eterna e impagable, manifestando su profunda cobardía, al contemporizar con el espíritu liberal y mundano de la época, todo lo cual se combina en proporciones inimaginables, solo explicables por influencias masónicas, satánicas, enemigas de Dios y de las Patrias, a las que combaten por ser creaciones divinas, desde los antros de sus logias subterráneas del poder oculto.

Solo a esas manos negras puede beneficiar este ataque de lo más ilógico e irracional a estas alturas de “una democracia madura de 44 años”, por más que se tape con los tópicos huecos de “triunfo de la democracia”, sistema ateo por demás.

¿Qué “triunfo” puede haber en profanar de un Jefe del Estado, y Capitán General de los Ejércitos, Cruz Laureada de San Fernando, la más alta condecoración al heroísmo y valor del Ejército español, 44 años después de ser enterrado…?

No es “el cadáver del dictador”, sino el cadáver del Caudillo, cuyo triunfo contra esos poderes infernales no le pueden perdonar ni el comunismo ni el liberalismo materialista de los anti Dios.

No es “la vergüenza de Franco para la democracia” –como ha dicho esta marioneta de la masonería llamada Pedro Sánchez-, es la “vergüenza de la democracia para la Gloriosa Cruz de los Caídos de Cuelgamuros.

Un Caudillo por la gracia de Dios, traicionado por la monarquía que él mismo instauró, o más bien, restauró, por un perjuro contra los Principios Católicos del Movimiento Nacional del 18 de Julio del 36, y que la misma jerarquía católica nunca ha condenado, además de haberse arrepentido de su propio triunfo de las armas cívico-militares con Franco y la Iglesia, que entonces estuvo con él a machamartillo.

El borrón en la Historia de España y de la Iglesia Católica nacional y universal, empezando por la cobardía y manejismo masónico del actual Papa, quedará para siempre como pecado de cobardía, traición, ingratitud y pasotismo imperdonables.

Pronto las próximas generaciones tendrán que registrarlo y avergonzarse de haber nacido en estos años de democracia apóstata y antiespañola. Peo consuélense, señores sacrílegos: ustedes no serán exhumados porque su bajeza moral y su odio quedará sepultado en el basurero de los vulgares vividores, los envidiosos e incompetentes buscavidas sin amor ni a Dios, ni a la Patria.