Hoy he leído con estupor, como sentencian a un anciano octogenario, a dos años y medio de cárcel por defender a su familia de dos ladrones que asaltaron su casa y no tuvo más opción que matar a uno de ellos. 
No celebro la muerte de nadie, por muy criminal que este sea, pero cuando se trata de ti o de mi, es más que probable que no me tiemble la mano y seas tu quién caiga si me amenazas, o sobre todo si pones en riesgo la vida de mi familia. 
He leído algo sobre la defensa propia, y esta reza, entre otras cosas, algo que me ha llamado la atención: “necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla”. ¿Quién mide si es proporcional? ¿de verdad alguien espera, que si entran en una casa de forma violenta, el agredido se vaya a parar a medir si su respuesta es proporcionada?

He estado informándome de casos recientes y mi sorpresa ha sido mayor, si cabe. 
Tres años y medio de cárcel para un vendedor de la ONCE al que le asaltó su mujer vestida de ninja y le disparó varias veces alcanzándole una de ellas en la espalda. Cuando forcejea con ella por el arma la hiere en el abdomen. 

Ocho años y medio para un hombre que cuando abrió la puerta de su casa se encontró a su vecino, bastón en mano, golpeándole con saña y acompañado de su mujer que, al grito de “mátalo” le golpeaba con un bote de cristal.
Consiguió quitarle un cuchillo que también llevaba y apuñalarlo, con tan mala suerte que le dio en el corazón.

Un ex policía se enfrenta a veinte años de cárcel, por herir con su arma reglamentaria, a cuatro de cinco asaltantes que entraron en su casa de madrugada, golpeándole con extrema violencia y disparándole... no era uno ni dos, sino cinco!!. Lástima que no tuviera mejor puntería. 
Estos, los asaltantes, de tres a cinco años por asalto con violencia.

Hace algún tiempo hablé con un amigo policía sobre este tema y le comentaba que si estaba en riesgo la vida de mis hijas, no lo dudaría. Tiraría a matar si tuviera un arma y su respuesta me dejó perpleja. Coge el cuerpo, lo metes en el maletero de tu coche y lo dejas en una cuneta, lejos de tu casa. Pensé, que impasible y calculador... Ahora mi pensamiento sobre esa charla de aquella cena es,  “ASÍ SEA”.