Teníamos una asamblea que representaba al reino de España según el orden natural de la sociedad. Mediante esa asamblea, el respectivo gobierno y los tribunales de justicia, teníamos ley y orden, paz y estabilidad, libertad y virtud. Gracias a esto España crecía y se desarrollaba a un ritmo más rápido que la mayoría de las naciones europeas. A mediados de la década de 1970 España estaba entre las primeras naciones de occidente.

Pero no era lo que querían los “demócratas” liberales, socialistas, comunistas, anarquistas, independentistas. No era lo que la masonería quería. Todos ellos, podridos enemigos de la Patria, querían una España a nivel de sus inmundicias.

Se debía hacer una nueva asamblea para componer un nuevo orden en el cual España fuese siempre a rebufo de Francia, Alemania y Gran Bretaña, y estuviese permanentemente chantajeada por Marruecos.

Para ello había que desmantelar todo el sector primario hundiendo la agricultura, la ganadería y la pesca. Y había también que desmantelar el sector industrial, especialmente la industria pesada. Había, asimismo, que recomponer el sector financiero para ponerlo bajo control de las grandes centrales financieras internacionales.

Había, y esto es lo más grave, que hundir a las capas medias, endeudándolas y haciendo que sus puestos de trabajo ya no fuesen estables. Igualmente debían destruir la seguridad social poniendo en amenaza las pensiones, los servicios sociales y sanitario.

Y, así, abatir a las familias, atemorizadas y endeudadas, viviendo a salto de mata. Y todo a la voz de ¡ya somos europeos! Y al oído de este lema los españoles aplaudían su propia destrucción.

Asimismo había que destruir el orden moral imperante difundiendo, mediante los medios de comunicación, el sistema educativo y las leyes; una nueva ética que diese sustento a una nueva norma de conducta la cual avalaría la transformación programada.

De tal forma se podría destruir la sociedad española manteniendo el espejismo del progreso. Esto es lo que hemos vivido desde 1977. Sólo faltaba un asunto: la destrucción de la unidad de España.

El nuevo orden prefabricado llevaba en sí mismo el germen de la destrucción de España. Sólo era cuestión de tiempo que el virus alcanzase suficiente madurez para reproducirse y extenderse hasta la gangrena total del cuerpo. Entones, la solución vendría sola: la división de España en diversos estados nación que, preferiblemente, mantuviesen guerras fronterizas de baja intensidad entre ellos.

Estamos en una sociedad que, erigida desde la inocencia infantil de la década de 1970, lo idílico dio paso a un proceso de deterioro constante que llevando a la animalización y a la barbarie, donde el Estado y la sociedad acaban convirtiéndose en un infierno. 

La maldad y la belicosidad se esconden de forma inherente en todos los cómplices de este asesinato: liberales encuadrados en el PP, socialdemócratas encuadrados en Ciudadanos, socialistas y comunistas encuadrados en el PSOE, comunistas y anarquistas encuadrados en Podemos, e independentistas y terroristas agrupados en diverso rondel.

Locura generalizada en la casi todos niegan el crimen. Y creen posible sobrevivir a la desaparición del cuerpo moribundo del cual se alimentan atiborrándose de la sangre y la hacienda de los españoles. Y pretenden no tener que dar explicaciones y no tener que enfrentarse a las consecuencias de sus acciones.

Todo está a punto. Y nadie parece querer parar este crimen, por mucho que la ley establece quién es el garante de impedirlo. Garante que ni tan siquiera lanzará el grito: “españoles, la patria está en peligro, acudid a salvarla”. Y no gritará porque la han hecho muda y la han narcotizado. Van a dar la última inyección letal a España y a la sociedad española.

España está a punto de ser puesta sobre una estaca, y así paseada por todo el mundo. España se había convertido en algo que se debía cazar y matar, y así lo están haciendo.

Como decía una hoja volante en la Barcelona de 1808

“(…) en un sueño aletargado,

toda nuestra España está,

del que no despertará

hasta que el golpe esté dado”

 

Españoles, la patria está en peligro, acudid a salvarla ¿Quién escuchará?