Refunfuñaron un poquito, solo un poquito, por la tertulias televisivas porque en la última manifestación de Colón, a la que se apuntaron fuera de plazo, les izaron de matute la bandera gay. La banderita sodomita, la de José María Marco, la rubia oxigenada de VOX, liberal conservador (lo tiene todo, el prenda) que manifiesta estar muy contento y satisfecho porque va a ser senador y porque Fernando Paz se hay ido (¿) del partido que tan amorosamente le ha acogido a él. José María Marco está más contenta que una costurera del brazo de un cabo gastador de la Legión porque le han otorgado la custodia de la banderita sodomita de VOX y, en su calidad de liberal conservador, pretenciosamente sesudo, será el intelectual de cámara del partido.

 

Pero lo que más ha excitado la alegría del abanderado sodomita de VOX es que Fernando Paz se hay ido (¿) del partido. ¡Vaya por Dios! basta con que un hombre entero que, además es una tempestad intelectual, como Fernando Paz, y no un erudito de Chueca, haga el petate para volver a acampar y a escribir a la intemperie, para que el abanderado sodomita al que parece que le gusta más la toga de senador que el tanga de leopardo y la gorra (sin emblemas) de las SS, se ponga más cachondo que una turca del harén de la Sublime Puerta cuando el sultán toca las palmas gritando “fátima, fátima..”

 

¡Qué mono!, José María Marco. Seguro que serás senador. La toga te va a sentar tan bien como a VOX el hambre de Patria y la sed de Justicia de millones de españoles abandonados en la orfandad política. Pobrecillos, el hambre y la sed provocan delirios, y los delirios, espejismos. Yo me iré con Fernando Paz y con Jaime Alonso dondequiera que me lleven y mientras cabalgamos bajo otras banderas, rezaremos lo que Cervantes, cuyo corazón era el de un soldado, dejó dicho por boca de Don Quijote, cuando ya derrotado despierta de su sueño, condenado a colmar amargamente sus aventuras:

 

“¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha y no mi cobardía!

se llevó mis alcanzadas glorias;

aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas;

aquí se oscurecieron mis hazañas,

aquí finalmente cayó mi ventura

para jamás levantarse”.