La Televisión en España es repugnante. Toda ella. Todas ellas. Llenan sus platós de concursos para oligofrénicos analfabetos y de concursantes más cercanos al eslabón perdido de Darwin que al decoro inherente a la dignidad de un ser humano, todo ello jaleado por los príncipes de la escoria televisiva que se ofrecen como paradigmas del éxito profesional. Sus programas pretenciosamente “serios” son la contraportada de los pretendidamente entretenidos. Llenan sus telediarios con la espuma de lo espectacular hurtándoles lo esencial, y en sus mesas de debate amontonan tontitos de derechas para que hagan de sparring de feministas sans-culotte y de milicianos kulturetas de la izquierda. Todo muy edificante. Y muy merecido, pues cada pueblo “disfruta” de la Televisión que se merece, en la misma medida que tiene el Gobierno que se merece después de haber pasado por las urnas tras haber sido lobotomizado por las televisiones ante las que engulle la cena todos los días del año, todos los años de todos los lustros, desde hace más de cuatro décadas.

La Televisión en España es repugnante. Esto no es una opinión, es una verdad empírica. Basta con encenderla para que el salón de casa se convierta en un estercolero. No hay más. Pero sí hay algo todavía más sucio y más sórdido de lo que habitualmente defecan las televisiones que nos hacen “libres”: lo que ha hecho TVE entrevistando a Arnaldo Otegui en horario estelar.

La vieja “progre” Rosa María Mateo que, creyéndose, ¡pobrecilla!, Oriana Fallaci, no ha pasado nunca de ser un busto parlante, le acaba de poner un epitafio de baba y mierda a su larga y anodina carrera entrevistando a un asesino de ETA, con la misma fruición y entusiasmo con los que hubiera entrevistado a Churchill, a Roosvelt o a Obama. El anciano busto parlante dejó que, ante sus arrugas y su incompetencia, Otegui dejase caer, deslizando sus palabras como reptan las mentiras y se arrastran las serpientes, que quizá, solo quizá, “ETA causó más dolor del que algunas víctimas se merecían”. La vieja “progre”, con su voz de humo de cabaré y alcoholes tardíos, no movió ni una arruga ni un pliegue de la mortaja profesional que aún lleva puesta, desde que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias la exhumaron de la necrópolis periodística en la que llevaba siglos enterrada.

Después de entrevistar a Otegui, convirtiendo TVE en la pocilga de ETA, aún puedes perpetrar, Rosa María, más infamias profesionales. Podrías entrevistar al Monstruo de Amstetten y al violador y asesino de Laura Luelmo. Te los mereces...como sujetos periodísticos, claro.