Los millones de parados de España están saltando de gozo. ¿Porque han encontrado empleo? ¿Porque podrán trabajar en su profesión y cobrar un salario digno? ¿Porque se ha terminado su pesadilla? Pues no. Están contentísimos porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

Los millones de semiesclavos que cobran sueldos de miseria brincan de alegría. ¿Porque van a percibir por fin esos mil euros que hace unos años era el límite inferior, y ahora es el objetivo inalcanzable? ¿Porque ya no dependerán de esas lonjas de esclavos que son las empresas de trabajo temporal? ¿Porque van a poder trabajar en su profesión, aquella para que se han preparado? Pues no; brincan de alegría porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

Los millones de jubilados de España no caben en si de gozo. ¿Porque se van a revalorizar sus pensiones de acuerdo a la realidad? ¿Porque sus vidas van a dejar de depender de esas extrañas fórmulas que demuestran que los precios han bajado, aunque sus bolsillos digan lo contrario? ¿Porque no se van a quedar los últimos en los servicios sanitarios? ¿Porque ya no van a tardar dos o tres años en tramitar las prestaciones que la Ley de Dependencia les otorga?. Pues no; no caben en si de gozo porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

Los universitarios que estudian están exultantes de satisfacción. ¿Por que cuando terminen sus carreras van a tener trabajo en lo que están estudiando? ¿Porque no se van a tener que ir al extranjero si quieren aplicar sus conocimientos? ¿Porque van a poder aspirar a tener una vida dignamente humana? Pues no; exultan de satisfacción porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

Los universitarios que no estudian, sino que se preparan el pesebre en cualquiera de los partidos políticos están satisfechísimos. ¿Porque su partido les va a poner de concejal en cualquier Ayuntamiento? ¿Porque les van a enchufar de asesor en cualquier organismo público?. ¿Porque su partido les va a regalar un puestecito de profesor digital, una beca?. Pues no; están satisfechísimos porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

Los trabajadores que tienen trabajo están felices. ¿Porque van a alcanzar el salario digno que merecen? ¿Porque los sindicatos "de clase" les han conseguido jornadas adecuadas? ¿Porque podrán conciliar su vida familiar con la laboral? ¿Porque dejarán de ser simple mercancía en el "mercado de trabajo"? Pues no; están felices porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

Los millones de catalanes que sufren el acoso del separatismo están contentísimos. ¿Porque por fin les van a tener en cuenta? ¿Porque los autotitulados "constitucionalistas" les van a defender al fin? ¿Porque las diversas policías van a perseguir a los delincuentes y no -como hasta ahora- a las víctimas? ¿Porque van a poder usar el idioma oficial de España sin temor a las persecuciones?. Pues no; están contentísimos porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

Los millones de vascos que aún sufren la presión del separatismo y la persecución de los filoetarras están satisfechos. ¿Porque por fin pueden decir lo que piensan sin temor a quien lo escuche? ¿Porque ha desaparecido el peligro de las malas bestias que apalean al que no es de su manada? ¿Porque pueden sentirse libres en su propia tierra, sin estar sometidos a los "chicos de la gasolina" arzalluescos?. Pues no; están satisfechos porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

 

Y, por supuesto, todos los hijos de puta de España y del mundo están contentos, satisfechos, alegres y gozosos porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

O por lo menos, esto es lo que espera Sánchez el profanador. Espera que los ciudadanitos de memez histérica y progresía decimonónica le voten, le encumbren a una silla moncloaca que cada día parece alejársele más. Espera que cometiendo -una vez más- los crímenes que su partido tiene por bandera, los ciudadanitos espesos, de mente plomiza y entendederas cortas, le suban al cielo de la presidencia de un Gobierno que le queda irremediablemente grande. Incluso para este país -esto no es España-, donde toda chalanería tiene asiento, toda estupidez premio y toda corrupción recompensa.

Espera Sánchez que los anti todo (los antisistema, anticapitalistas, antifascistas, anti jabón y agua, anti trabajo) le voten, porque ha desenterrado el cadáver de quien falleció, de muerte natural, de puro viejo, en la cama de un hospital de la Seguridad Social que José Antonio Girón de Velasco había creado bajo su mando, hace casi 44 años.

Espera Sánchez el profanador, que la ropa recién guardada de los Obispos que nadan en la abundancia de las subvenciones le facilite el ascenso a su particular Olimpo, el de los psicópatas acomplejados. Espera que los socialistas de toda la vida -esos que dicen que seguirán votando PSOE aunque se mueran de hambre- dejen de mirar la pensión, la nómina o el paro y le voten como si fuera el general victorioso que les trae el triunfo. El triunfo en esa guerra que sus ancestros ideológicos perdieron, simple y llanamente porque eran tan cobardes como los de ahora, y preferían profanar las tumbas de los conventos y de las iglesias a irse al frente a combatir contra hombres vivos, con manos y fusil.

Porque Sánchez -con todos los sánchez de este jodido país que ya no es España- no tiene ideas y ni siquiera -para parafrasear a Longanessi- antipatías. Sólo tiene estulticia y rencor. Sólo tiene tópicos y odio. Sólo tiene estereotipos y envidia. Porque todos los Sánchez de esta mierda de país que ya no es España, son caras -o culos- de la misma moneda, y Pedro Sánchez es intercambiable en necedad y complejos con los señores Casado y Rivera. Y con todos los votantes de estos dos individuos, que en las encuestas dicen estar en contra de la exhumación de Franco, pero les seguirán votando. ¿Y para qué, si son lo mismo; si harán lo mismo -esto es, nada de nada-, para resolver los problemas generados por una recua de políticos manirrotos, vividores de lo ajeno, sinvergüenzas?

Y los animales de esta granja orwelliana seguirán tragando con los presidentes de Gobierno que -como aquél Azaña al que ahora todos alaban- son beligerantes contra media España. Con los partidos que desde la oposición -o desde el limbo- se llenan la boca de propuestas que -el difunto Tierno dixit- nunca se cumplen. Con los partidos que despotrican contra la corrupción del contrario, pero callan como... -ya ustedes se hacen idea- con la propia. Con un PSOE que difunde la corrupción del PP -con razón- y echa tierra sobre la propia que aún se sigue desvelando -y lo que cuelga- en Andalucía, y respalda a alcaldas -porque eso no son alcaldesas- que nada más llegar enchufan a toda la familia.

Y los animales de esta granja orwelliana, convencidos por los cerdos -dicho sea por seguir la comparación de la no tan ficción de Orwell, nunca como insulto, señor fiscal- de los medios de comunicación, se sentirán felices porque Pedro Sánchez ha desenterrado a Franco.

Seguirán en el paro, en los salarios de miseria, en los trabajos de esclavitud, en los contratos por horas -ni siquiera por días-, en las listas interminables de la Seguridad Social, en los impuestos confiscatorios, en las pensiones insuficientes, en el fracaso de la enseñanza pública hasta cotas segundorepublicanas, en las huelgas canallas que paralizan ciudades enteras tomando como rehenes a los ciudadanos con derecho a la libertad de movimiento.

Seguirán en las algaradas de guerrilla urbana: estos días pasados en Cataluña; otros días en Vascongadas, otros en cualquier desalojo de gentuza okupa. Seguirán temiendo por la invasión de sus hogares y la inoperancia de la Justicia.

Seguirán sufriendo esa misma Justicia, tan leve para el criminal, tan dura para la víctima. Esa Justicia en la que ya sólo creen los tontos y los cerebros lavados por la televisión, la radio y la prensa de obediencia bovina a la mano que les lleva al pesebre. Esa Justicia que hace unos días se retrataba autorizando la exhumación del Excelentísimo Señor D. Francisco Franco Bahamonde, por capricho de un tal Sánchez, y sentenciaba con benignidad a los golpistas del separatismo catalán.

Seguirán sufriendo la misma apatía, la misma dejadez, la misma falta de cualquier propósito común, atados al sálvese quien pueda de la vida pequeñita, aburrida, polvorienta, que este puñetero sistema les ofrece. Seguirán sin tener más sueño que viajar de un lado a otro, consumidores de necesidades prefabricadas, y ejercer los tres clásicos infinitivos de la segunda conjugación: comer, beber y...

Todos los ciudadanitos -estos no son españoles, puesto que confiesan que lo mismo les da serlo que no- seguirán siendo felices en su cochiquera, hozando en la porquería que el sistema, la televisión y las multinacionales les entregan y les cobran a buen precio. No es que sean hedonistas -ni siquiera saben qué puede ser eso-; no es que sean inconscientes; ni siquiera es que sean malos, porque para ser malo hay que tener capacidad de distinguir. Es que son, pura y llanamente, masa; lo que Ortega y Gasset definió como el hombre-masa, en su más pura personificación.

Y todos ellos, y los muchos indocumentados, los muchos ignorantes, los muchos tontos, los muchos topiqueros, los muchos enanos morales, los muchos vividores, los muchos sinvergüenzas; y los muchos cobardes, los muchos tibios, los muchos amimedaigual, los inacabables deesonoentiendo, los interminables poralgoloharán; todos ellos se sentirán felices porque el señor Sánchez ha alcanzado el objetivo máximo de su oferta política: desenterrar a Franco.

Y todos ellos se sentirán muy bien, muy contentos, muy modernos, muy progresistas, muy demócratas. Se sentirán satisfechísimos. Tanto como cualquier mierda se puede henchir de orgullo en medio de un solar abandonado. Es lo que son, a fin de cuentas. Y esto señor fiscal, no es insulto, sino definición.

La Historia, para quienes gustamos de conocerla, tiene muchas cosas interesantes. Ya decían los clásicos que era maestra de la vida, y Spengler nos enseñó que solía repetirse en ciclos. Mi camarada Arturo Robsy decía que si se repetía era porque los cenutrios que gobernaban en cada momento cometían los mismos errores, y probablemente tuviera buena parte de razón. Casi nadie aprende en cabeza ajena, y hay muchos que ni siquiera en la propia.

Pero con esta exhumación del hombre que venció al comunismo y que recuperó a España para sí misma; el hombre que creó la clase media que hasta ahora ha permitido sobrevivir a este sistema choricero y trincón; el hombre que puso a España en el siglo XX, porque sin él aún andaríamos en el XIX marrullero y espeso que pervivió hasta 1939; el hombre que llevó la cultura a muchos más españoles de los que años antes se pudiera haber pensado; el hombre que levantó la industria nacional hasta niveles hoy increíbles; el hombre que dio a los españoles la paz y la tranquilidad, y unas posibilidades de vivir su propia vida a su gusto; el hombre que levantó España de la postración y la miseria de la monarquía y la república hasta cotas que aún perduran, pese a esta casta política parasitaria y nula; con la exhumación del cadáver de ese hombre, el saco de pus y odio de Sánchez abre puertas que ni él mismo se imagina.

Estos bobos hinchados de egolatría, ahítos de tópicos y estereotipos, no dan más de si. No son capaces de atisbar que, por esa puerta abierta al rencor, al odio, a la revancha, puede entrar cualquier cosa.

Y menos aún son capaces de comprender que -ahora si, definitivamente- han conseguido que, a los casi 44 años de su muerte, el Generalísimo Francisco Franco esté, más que nunca, ¡Presente!.