El PP no ha derogado, ni siquiera denunciado el carácter norcoreano de la ley de memoria histórica. La ha cumplido y hecho cumplir.  ¿Por qué? Porque no es un partido democrático.

 

El PP no ha denunciado las leyes de género, pese a su evidente carácter antijurídico y anticonstitucional. Al contrario las ha reforzado en la práctica. ¿Por qué? Porque ni la Constitución ni la igualdad ni la libertad le importan.

 

El PP no ha denunciado ni derogado el rescate de la ETA y el premio a sus crímenes para convertirla en una potencia política. Porque evidentemente no respeta el estado de derecho. Ni sabe lo que es.

 

El PP ha vaciado de estado a Vascongadas y Cataluña, ha impulsado y financiado mil concesiones a los separatistas, ha apoyado sus  medidas contra el idioma común y las ha imitado en las regiones donde ha gobernado o gobierna (ahora mismo en Galicia). ¿Por qué? Porque es un partido antiespañol

 

El PP ha ido entregando sistemática y anticonstitucionalmente la soberanía española a la burocracia de la UE. Porque, nuevamente, es un partido antiespañol.

 

El PP ha favorecido cuanto ha podido la colonización cultural por el inglés. Porque es un partido antipatriota.

 

El PP ha alimentado la invasión de nuestro territorio por Gibraltar, ha enviado tropas a provocar a Rusia, ha participado en el criminal ataque de la OTAN a Libia y ampliado la presencia militar useña en España. ¿Por qué? Porque desea satelizar a España y hacer el papel de lacayo bien pagado.

 

El PP se ha hecho cómplice del planeado ultraje del Doctor y sus tiorras a los restos del estadista que salvó a España del totalitarismo, a la Iglesia del extermino, que trajo la monarquía y creó condiciones para una democracia sana. Porque, evidentemente es una banda de señoritos cutres, atentos ante todo a sus negocios y carreras.

 

El PP es un partido profundamente corrupto moral, intelectual y económicamente. Su habilidad política ha consistido en llevar al  PSOE y los separatistas los votos de la derecha y en bloquear largo tiempo cualquier posible alternativa. Es el partido auxiliar de separatistas y totalitarios.

 

 La transición se hizo con  errores serios, pero corregibles. Teniendo en cuenta lo que han significado históricamente los separatismos y las izquierdas en España, siempre antidemocráticos e hispanófobos, inclinados a formar frentes “populares”, era precisa una constante vigilancia y denuncia sobre ellos para impedirles ir demasiado lejos en sus vocacionales fechorías. El PP ha elegido convertirse en su ayudante, resultando una política del fraude y la farsa. Nada nuevo: ya Azaña definió así a la propia república: “Política incompetente, tabernaria,  de amigachos,  de codicia y botín sin ninguna idea alta”.

 

 La experiencia histórica debe contar, si no queremos repetir incesantemente los mismo errores, y agravarlos. Para que España y la libertad pervivan, una de las condiciones es el hundimiento de ese partido. La farsa ha llegado ya muy lejos y debe terminar.