Estoy seguro de que para los lectores habituales de El Correo de Madrid no es necesario que lo explique, pero nunca se sabe quién puede acabar por aquí. Lo mismo algún sabio y experto ágrafo de Facebook.

 

El caso es que no me refiero a ese programa de televisión, tan famoso y longevo, que según me cuentan hace las delicias de todos los españolitos bienpensantes, bienpiensantes (que no es lo mismo) y bovinos; me refiero al del 1984 de Orwell, cosa que hacía falta explicar para esos precitados españolitos y para los necios de censura y tentetieso. Para todos ellos quizá sea novedad que haya existido un británico llamado George Orwell, que anduvo por la Barcelona frentepopulista y vio el paño. Y lo contó. Y -evidentemente- fue censurado por la libertad y la democracia, no fuéramos a molestar al padrecito Stalin.

 

Dicho esto, vamos al motivo de mi comentario, que no es otro que la censura a que ha sido sometido El Correo de Madrid en Facebook.

 

Supongo que el motivo no será el artículo de Juan Manuel Cepeda sobre Miguel Blasco, falangista asesinado. Tampoco que el libro Conquistadores olvidados de SND Editores haya merecido una reseña en la edición de cultura de El País. Ni las noticias referidas a localidades madrileñas: Morata de Tajuña, Villaviciosa de Odón, Alalpardo...

 

¿Por qué motivo, entonces, ha sido censurado en Facebook este medio? ¿Quizá por dar noticia de una operación contra el yihadismo en Algete y Fuente del Saz? ¿Por avisar de que Youtube ha eliminado el canal de VOX, un partido político legal, con diputados nacionales y autonómicos, senadores y concejales, y cientos de miles -millones, a nivel nacional- de votos?. ¿O acaso por el artículo sobre Menas y delincuencia juvenil, de Ramiro Grau Morancho?

 

¿Por cual de estas noticias o comentarios apostarían ustedes? Personalmente, me quedaría con el último citado: el tema de los menas; esto es, de los pobrecitos niños que vienen a España por su cuenta, sin acompañamiento, sin documentación, sin nadie que se haga responsable de ellos porque -legalmente- ellos no son responsables de nada porque son menores.

 

Como no quiero ser responsable de que mañana nuestro querido Facebook vuelva a censurarnos, expresaré mi opinión de otra forma. ¿Para qué decir la verdad, lo que indica la lógica, lo que marca la Ley, si eso está prohibido en la democracia que nos hemos dado a nosotros mismos?

 

Así pues, diré que con los menas-y los masas, que vendrían a ser los mayores si acompañados- no se puede aplicar la Ley. No hay que exigirles documentación alguna. No hay que exigirles que respeten a los demás, ni que no ataquen a otros, ni que se comporten como la ley nos obliga a comportarnos a todos. No; para ellos hay que respetar sus derechos humanos, no contrariar su voluntad aunque su voluntad sea la de pegarle una paliza a alguien, la de insultar a otros, la de robar, extorsionar, violar o cualquier cosa que se les ocurra, como forma de ejercer su libertad de expresión. ¿Quién ha dicho que dar una bofetada no sea una forma de expresión amparada por la Constitución, perfectamente lícita para cualquier visitante indocumentado que quizá no conozca otra manera?

 

Y exigir que tengan su documentación en regla, que vengan a España siguiendo las normas que tiene que seguir cualquier otro extranjero, es una aberración. ¿Por qué van a someterse los pobrecitos menores no acompañados y mayores con compañía procedentes de África generalmente, a las mismas leyes que deben acatar -pongo por caso-, los estadounidenses, los italianos, los argentinos o los húngaros?. Eso, qué duda cabe, es un atentado contra los derechos humanos y, sobre todo, un claro ejemplo de racismo, xenofobia y fascismo.

 

No hay que poner vallas, no hay que poner fronteras; que vengan todos. Si hace falta, pongamos barcos y aviones para traerlos, que no tengan los pobres que correr ningún riesgo en su viaje. Seamos solidarios; dejemos de poner trabas a la libre circulación de personas desempapeladas, traigámoslos a todos, poquito a poco o de golpe, y recibámoslos en nuestra tierra y en nuestras casas.

 

Dejemos que se realicen, que es cosa muy de moda; y por supuesto, no les pidamos que se adapten a las leyes, las costumbres y las normas españolas. Dejémosles vivir libremente, haciendo lo que les venga en gana, no se vayan a traumatizar.

 

Y sobre todo -ahora si-, exijamos que se cumplan las leyes a rajatabla con los españoles. Sobre todo, con aquellos que, desde los puestos de responsabilidad legislativa y política, actúan con estos menores y mayores -acompañados o solitarios-, como si no fueran seres humanos, sino simples animales.

 

A los animales -ya se sabe- no se les pueden aplicar las leyes, porque no tienen uso de razón. Y quienes eximen a los inmigrantes del cumplimiento de la ley, ¿no les están tratando como animales?.

 

Duro, pues, con los partidos políticos, con la prensa en general, con los medios de comunicación, con la Conferencia Episcopal, con los buenistas bienpensantes políticamente correctos. Porque todos ellos están tratando como animales -o como simples cosas-, a las personas que vienen -mas o menos engañadas- llamadas por la dejadez de funciones de las autoridades, por la incompetencia de los legisladores y por la cobardía de todos los que protestan en privado, pero siguen votando a quienes no cumplen ni hacen cumplir las leyes vigentes para todos los demás.

 

Todos estos -gobernantes, políticos, periodistas, obispos, censores de Facebook y demás- están delinquiendo. Ellos son los que vulneran uno de los derechos humanos más fundamentales de los inmigrantes ilegales: la igualdad ante la Ley.