En España abundan –o abundamos- los tontos.

Decía Gracián que son tontos todos los que lo parecen, y la mitad de los que no lo parecen.

Y Pedro Sánchez, el guapo, es tonto, no sé si de nacimiento o se ha ido haciendo tonto a sí mismo, a base de una vida falsa, con una carrera “de regalo” en un centro privado, dónde lo que importa es pagar puntualmente, más que estudiar y formarse, una tesis doctoral plagiada de aquí y de allá, y hecha por negros, un libro que le ha escrito Irene Lozano, esa gran zascandil que por dónde pasa no vuelve a crecer la hierba, etc.

En cualquier país serio y civilizado, este hombre estaría inhabilitado para la vida política, y tendría que dedicarse a regentar las saunas gays de su suegro, dónde con su altura y su tontura, seguro que haría las “delicias” de muchos entendidos…

Pero ya se sabe que España es diferente, y lo que en todo el mundo se desecha, aquí brilla con luz propia.

Sánchez es también una clara demostración de que un aspirante a presidente del gobierno, presidente, efectivo o en funciones, tiene que ser licenciado o graduado en Derecho, es decir, tener un mínimo rebozo jurídico, que ya sabemos que hoy en día nuestras facultades ya no son lo que eran, y que sale mucho burro de ellas. Torra es un buen ejemplo…

Pero al menos una persona con un mínimo barniz jurídico sabe que aunque la Fiscalía depende del Ministerio de Justicia, pues no tiene presupuesto propio, sí dispone de un estatuto orgánico del ministerio fiscal, que es una ley que dice claramente que la Fiscalía tiene autonomía funcional, para el cumplimiento de sus fines, constitucionalmente establecidos.

Basta, repito, con leerse simplemente la Constitución, artículos 124, 126 y 127, para enterarse de todo ello, y no meter la pata hasta el corvejón, como ha hecho nuestro inefable personajillo.

Pero claro, cuando uno anda ocupado y preocupado haciéndose operaciones de cirugía estética, para ser todavía más guapo, y está tan pagado de sí mismo que cree que los conocimientos –en su caso, más bien la falta de los mismos-, le vienen dados por ciencia infusa, pues claro, pasa lo que ha pasado…

Que Pedro Sánchez es tonto, y está muy pagado y creído de sí mismo, como suelen estarlo todas las personas mediocres, es algo que todos los que tenemos dos dedos de frente –y en mi caso, escasamente uno-, tenemos claro desde hace tiempo.

Tras haber trabajado durante más de una década de mi vida profesional en la fiscalía, codo a codo, y hombro con hombro, con numerosos fiscales, de ambos sexos, puedo y debo decir que la Fiscalía tiene un plantel de personas sobresalientes, que dan lo mejor de sí mismas en el servicio público, y no atiendan a otras razones que no sean las que su conciencia les imponga, siguiendo las leyes y las interpretaciones jurisdiccionales consolidadas de las mismas.

Y salvo alguna excepción, como sucede en todo colectivo, los fiscales están siempre dónde deben estar, al servicio de los ciudadanos, y ateniéndose en todo caso a los principios constitucionales de legalidad e imparcialidad.

Los Fiscales del Tribunal Supremo que sostuvieron, contra viento y marea, la acusación por rebelión contra los líderes independentistas catalanes –todo mi respeto, afecto y admiración para ellos-, actuaron con total autonomía, y sin plegarse a las posibles sugerencias del Gobierno, mientras que la abogada del Estado, que es una simple funcionaria, con puñetas, pero nada más, tuvo que obedecer las órdenes de sus superiores en el Ministerio de Justicia…

¡Y el anterior abogado del Estado que llevaba el asunto, y no quiso plegarse a esas instrucciones, acabó dejando la abogacía del Estado, al menos temporalmente, y presentándose como candidato a diputado por Ciudadanos, obteniendo un escaño, de lo que me alegro mucho, pues demostró su total integridad, personal y profesional!

¡Para que ahora venga un tontolaba y eche por tierra toda esa labor, en detrimento de los intereses generales de España…!

Pero como la vida es poliédrica, y pensando mal –piensa mal, y acertarás-, ¿no podría tratarse de una estrategia de Pedro Sánchez, (siempre apoyado por los separatistas catalanes y vascos, tanto en la moción de censura como en el intento de formación del gobierno posterior a las elecciones que él mismo no quiso poner en marcha), para impedir la extradición a España de los líderes separatistas catalanes, que en realidad son sus grandes amigos y aliados…?

Echando así por tierra la dura y continuada labor, durante más de dos años, ininterrumpidos, de los fiscales, del magistrado instructor, de la policía y guardia civil, traductores, servicios jurídicos del Estado, etc.

Es decir, barriendo para el enemigo, en otras palabras, traicionando a España y a los españoles.

De este tipo me creo cualquier cosa, y ninguna buena.