Recuerdo aquellos días previos al 28 de octubre de 1982. Yo tenia apenas 19 años pero la atmósfera presagiaba que algo importante, muy importante, iba a ocurrir. Entonces no había encuestas acosando incesantes, tampoco había twitter ni Facebook, ni Instagram. Por no haber no había apenas ni televisiones en color todavía en todas las casas. No había Internet.

Y, entonces…ocurrió.

 

En aquella noche se proclamó la victoria del PSOE con 212 Diputados. A las 2.35 de la madrugada de ayer Felipe González saludó a todo el país, a través de las cámaras de RTVE, como el próximo presidente del Gobierno. Los millares de personas que se agolpaban frente al hotel Palace, ante al Congreso de los Diputados, descorcharon su alegría y ya no pararían de gritar y aplaudir hasta más allá de las cinco de la mañana.

 

El espectáculo en Madrid era indescriptible y emocionante. Desde la Plaza Mayor, Puerta del Sol, Carrera de San Jerónimo, Cibeles, Recoletos o Gran Vía, el desfile de caravanas de coches que saludaban haciendo sonar los cláxones de sus coches era interminable. Eran momentos de confraternización en los que la gente se abrazaba y brindaba por la esperanza que en ese momento comenzaba a tener visos de realidad. Muchos automovilistas exhibían banderas nacionales con el emblema de la Constitución junto a la del PSOE y recorrían incansablemente las principales calles del centro.

 

Quizá aquella noche, fue la ultima que la izquierda española sacó la Bandera de todos con ilusión y alegría.

 

A la mañana siguiente Juan Luis Cebrián, Director de El Pais entonces, escribía un texto que quedó guardado para el futuro y para las hemerotecas. En él hablaba de aquellos jóvenes socialistas que se habían aupado a la Victoria, de aquellos jóvenes educados en fuegos de campamento en los que se hablaba de justicia social y de España. Aquella remembranza de la que también se hizo eco Enrique Tierno Galván en su libro “Cabos sueltos” al dejar constancia del sentido de esa justicia social que el pensamiento de Jose Antonio había calado en la juventud de España.

 

Aquel destello de españolidad que siguió a una victoria -que se presentía en todos los rincones- pronto quedaría sumergido por las servidumbres a poderes internacionales y por la propia dinámica de una Constitución que, en el desarrollo de ese Estado Autonómico que había diseñado, pronto provocaría que la identidad nacional fuera fragmentada en 17, olvidada y perseguida incluso por quienes en aquella noche hicieron ondear con alegría el rojo y el gualda .

 

Pasaron los años, tantos como 37 desde aquella noche, y tras un largo camino de desguace del sentimiento y la identidad nacional algo parece haber despertado. Ahora sí hay Internet, sí hay twitter y Facebook, y Instagram. Y muchas cadenas de televisión. Aunque estas ultimas no hablan ni visualizan lo que ha surgido y, por tanto, muchos analistas son incapaces de captar, entender y predecir lo que llega.

Vuelve a estar en el aire de España un “algo” indefinible, pero que está traspasando todas las capas sociales y muchos, de Fisterra al Cap de Creus, de Irún a Algeciras, del Faro de la Entallada al Faro de Favaritx, van sintiendo que algo muy grande está a punto de ocurrir.

 

Esa atmósfera que hace posible que actos convocados por esas redes sociales se llenen de miles de personas, que largas colas se agolpen en las calles y no puedan acceder. Y que esto ocurra en todas y cada una de las provincias. Que quienes visualizan al primus inter pares de este movimiento cultural y político de resistencia le aclamen, quieran acercarse para rozarle, abrazarle y en sus rostros brille la felicidad o serenidad mas absoluta, no se ve en ningún otro partido de España.

 

No lo podrán negar ni ocultar por más tiempo. Como no se puede ocultar ese ondear de banderas, de nuevo y por fin, por todo el solar patrio. No se trataba de economía, ni de ideas, se trataba y trata solamente de España.

 

Y cuando quienes hacen las encuestas puedan entenderlo inevitablemente recordaran aquella noche del 82.

 

La Tormenta se acerca y tras el 28 (se repite día ) un Sol de Primavera sonreirá sobre esta Patria de Pelayo, Alfonso III, Jaime, Isabel, el Tambor del Bruc, Blas, Bernardo, Juan, Carlos y Felipe. Se trata de España. Sencillamente. Y los españoles han encontrado el instrumento adecuado a su tiempo y hora para reconocerse en él. Nos espera un futuro mejor donde como decía Santiago “mis hijos podrán ser de izquierdas o de derechas, pero no se volverán contra España”. Ya no.