El artículo 510 del Código Penal castiga con hasta cuatro años de prisión y multa de seis a doce meses, a quiénes públicamente promuevan o inciten al odio, hostilidad o violencia contra un grupo de etnia, raza o nación…

Esta reforma del Código Penal se basa en el sofisma ético que identifica la protesta justa y obligada contra la evidente invasión territorial pero paulatina y constante, con una supuesta declaración de odio hacia otras etnias o razas.

Otra falacia es identificar la información documentada y aviso a las autoridades competentes de los peligros que ese fluido de extranjeros representa a nivel público para la economía nacional, competencias desleales y peligros para la seguridad ciudadana, con el odio.

Informar con razón y argumentos documentados, pertenece al derecho democrático de la libre expresión en función del bien común.

El secreto y diabólico plan Kalergi usa de ese truco intimidatorio de la ley del “odio” como si informar fuese delito…

Otra falacia antiética es manejar el concepto de odio en sentido estricto, cuando tal término tiene otros dos: el vulgar (por ejemplo,. Trabajo o actividad penosa, áspera… calificada de odiosa, pero… imprescindible).

Y en un sentido amplio (persona enojosa, pelma, que tachamos de odiosa, pero no enemiga).

En sentido estricto, significa intento de aniquilamiento, destrucción de lo que decimos odiar.

Jesucristo prohibió este último sentido; no la indiferencia o el distanciamiento.

Nada tienen que ver las protestas y la indignación, cada vez más generalizada ante la serie de actos delictivos probados de ese colectivo ilegal e indocumentado, que nada tiene que perder y abusa de esta libertad democrática, carente en general, de contundente justicia incluso ante tanta reincidencia.

Evitar ese peligro, no es odiar una etnia, sino exigir Autoridad y prudencia en defensa de los intereses del bien común de un Estado de fronteras definidas con identidades nacionales, religiosas e históricas raciales.

La alarma social no la hacemos los que levantamos la voz documentada y objetiva, sino los mismos hechos delictivos contra Occidente, de esos foráneos tapados en emigrantes y refugiados, para acabar en invasión programada por el sionismo masónico para acabar con la raza blanca europea, con la familia cristiana, la pureza religiosa y hasta con las fronteras.

Quien usa de la legítima defensa, no ataca a nadie: contraataca al injusto agresor, al cual, ni odia personalmente, porque es imposible amar u odiar al agresor o invasor anónimo (consciente o inconsciente), es caer en el aburo de querer ponerse la venda quitándosela al herido.

¿Quién odia a quién?

¿Quién invade a quién…?, cuando en sus propios países persiguen y martirizan a nuestros cristianos y nos destruyen templos, mientras llenan Europa de mezquitas…?

Condenamos las causas de las mafias que engañan y esquilman los ahorrillos de los ingenuos ciudadanos víctimas inocentes, y los abandonan en el mar.

¿Quién ha convertido el Mediterráneo en un cementerio…?

Pues estamos denunciados por una asociación musulmana el director de Alerta Digital, el Padre Custodio Ballester y un servidor, con serias acusaciones de cárcel y multas.

En esta anarquía práctica, estamos abocados al hundimiento como nación secularmente inconfundible.

Siguen las sombras de los enemigos de Dios y de las Patrias.

¡Dios no lo quiera!