El Parlamento y el Consejo Europeo han aprobado una importante resolución condenando los regímenes comunistas y equiparándolos al horror del nazismo. Esta resolución tiene una vital trascendencia. Hasta ahora, se condenaba al nazismo y se dejaba con una cierta pátina de legitimidad a los sistemas totalitarios de signo comunista o colectivista, que tantas víctimas humanas han producido en virtud del paradigma de la lucha de clases y de la dictadura de un supuesto proletariado durante tanto tiempo. Hasta ahora se justificaba la vulneración de los derechos humanos en virtud de dicho pretexto, con una doble vara de medir que no se aplicaba a otros totalitarismos.

Y, durante mucho tiempo ha circulado la idea fuerza de que los derechos individuales han de subordinarse a los supuestos derechos colectivos, cuyo enfoque viene derivado de esos sistemas totalitarios que sembraron una cosmovisión izquierdista enemiga de la democracia liberal. Esta se extendió entre la población como dogma en todos los niveles de las relaciones humanas en gran parte del escenario político europeo, y con gran fuerza en España.

 

Quien se resistía activamente a aceptar este paradigma era estigmatizado por considerársele insolidario y contrario al bien común y al interés general; olvidando que en nuestra cultura de herencia cristiana el bien individual es adoptado como pieza esencial para el progreso de las sociedades, puesto que no hay desarrollo sin defensa a ultranza de la dignidad humana.

En virtud de ese planteamiento transversal dominante los nacionalistas y la izquierda han relegado principios esenciales de la defensa de la dignidad humana y derechos inherentes a la persona en virtud de supuestos derechos colectivos, muchas veces convertidos en panaceas de difícil aceptación. En este capítulo entran, por ejemplo, el derecho de las personas a utilizar su lengua materna en las relaciones interpersonales y con las administraciones públicas, el derecho a elegir el tipo de educación para sus hijos, el derecho a una educación no doctrinaria que tenga como principio-eje el respeto al “superior interés del niño” y el derecho a que los padres puedan oponerse a un adoctrinamiento activo de sus hijos por parte de unas administraciones públicas dominadas por paradigmas totalitarios.

 

Los crímenes cometidos por los regímenes comunistas superan en su conjunto tanto cuantitativamente como cualitativamente a los que fueron realizados por el nazismo y sistemas homologables al nazi, aunque de diferente naturaleza. Solamente las víctimas mortales producidas por el estalinismo, el maoísmo, “Pol-pot”, el comunismo cubano, el de Venezuela y los grupos terroristas que han intentado revoluciones socialistas en la América latina o en España han triplicado a las computadas dentro del grupo inapropiadamente llamado como fascista. Este saco donde se meten a sistemas no homologables por su naturaleza diversa, tiene diferencias sustanciales que no permiten una comparativa mínimamente rigurosa desde un plano político, histórico y situacional.

No es el cometido de este artículo entrar en el detalle, pero en lo que nos toca por cercanía no se puede comparar el régimen de Franco con el estalinismo. Incluso el Régimen de Videla y de Pinochet respectivamente en Argentina o Chile, reúnen características que no los hacen homologables con el de Franco, ni por circunstancias históricas ni por génesis o desarrollo.

En definitiva, los sistemas comunistas triplicaron las víctimas directas a las generadas por cualquier otro grupo de sistemas totalitarios, sean o no homologables.

Los socialistas en el Parlamento Europeo, donde se integra la representación del PSOE, intentaron que no se hiciera una mención expresa a los crímenes producidos por los sistemas comunistas y cualquier mención al comunismo, actitud que no ha triunfado. Esta postura de intentar lavar la imagen totalitaria de la izquierda marxista-leninista-troskista y maoísta coincide con la visión sectaria, mezquina y antihistórica de la llamada “memoria histórica”. Esta, omite intencionadamente la naturaleza criminal de aquella izquierda republicana que intentó parasitar el régimen republicano en la segunda experiencia frustrada de república en España. Y, así, realizar la revolución comunista ordenada por Stalin, como bien expuso su brazo ejecutor, Largo Caballero, llevándonos a la Guerra Civil. Nada menos, que se produjeron tres golpes de Estado subvirtiendo las propias normas constitutivas de la II República. Fueron en el 33, en el 34 y en fraude y violencia de las elecciones del 36, amén de los complots y luchas internas por copar el poder dentro del propio bando rojo durante el enfrentamiento bélico, por no hablar del expolio general del patrimonio del Estado y de particulares.

Negar la visión completa de esa memoria colectiva, que se superó mediante el borrón y cuenta nueva en el proceso constitucional del 78, es igualmente significativo. Ocultar sistemáticamente los crímenes de los regímenes socialistas y su naturaleza intrínsecamente totalitaria, también.

Esta actitud característica engloba a todo el espectro de nacionalistas y de la izquierda. Sobre todo, implica a aquellos elementos que se configuran como grupos subversivos prototípicamente sovietizantes, coaligados fácticamente al llamado nacionalismo moderado, que como todo el mundo sabe es un oxímoron. No es compatible un nacionalismo con el moderantismo por definición.

Resulta también significativo el silencio u ocultación de este hito de fundamental importancia, por parte de la mayor parte de los grandes grupos de comunicación, que por primera vez pone en relieve el retroceso en la evolución humana que supuso el comunismo clásico en la consideración de la dignidad de las personas, de sus derechos fundamentales y por tanto en la asunción de su significación como   seres inviolables en su dignidad; y gestores activos de su propia individualidad. Esta realidad da reflejo de su sometimiento a poderes que nos llevan por la senda única de lo políticamente correcto, excluyente de otra fórmula posible de percibir las realidades.

Pero ya no hay una marcha atrás. La condena al comunismo exterminador de los derechos individuales, ya está pronunciada. Que tomen nota quienes tratan de romper el marco de nuestra convivencia.