En esta eterna campaña electoral, nadie desea hablar de economía. Se desconocen los programas de las distintas opciones políticas y se esconden las soluciones que deberían ser propuestas. Nadie desea ir de aguafiestas y tocar un tema espinoso e impopular para hacer frente a una crisis que tenemos en puertas y que no reconocen. Esto recuerda mucho a la negación por parte del gobierno del socialista Rodríguez Zapatero de la crisis del 2008, donde su ministro de economía Pedro Sobes, negaba la mayor. La situación ahora es bastante más compleja, pues si en el pasado, eran solo los socialistas los que no querían o no deseaban ver los acontecimientos que se avecinaban, ahora resulta que la oposición tampoco desea verlo y ni mucho menos remediarlo.

En el 2008, el partido Popular prescindió de Manuel Pizarro a pesar de saber que este tenía razón en sus predicciones. Fue el precio de la anticipación y fue el coste que tuvo que pagar por tener la capacidad de anunciar lo que nos esperaba. En política, la sabiduría no siempre va acompañada del éxito.

Nadie comenta las impopulares medidas que se deberían aplicar en España para paliar una situación que parece insostenible. Nadie desea poner sobre la mesa la incompatibilidad del modelo autonómico con el sostenimiento de las pensiones, o con la educación pública o con la sanidad de la que tan orgullosos nos sentimos. Nadie habla con claridad sobre el problema de la inmigración descontrolada y del coste de las pensiones o ayudas no contributivas. España debe más del 100 % de su PIB, con un 15 % de paro y con unas previsiones poco halagüeñas, con un modelo productivo inexistente y solo confiando en que haga buen tiempo para que no falle el turismo.

El modelo autonómico es una losa que impide nuestro desarrollo y nuestro crecimiento económico. Es el gran problema al que nadie desea poner solución, amén de ser un modelo insostenible e inmoral, generador de diferencias entre españoles, dependiendo de donde nazcas, vivas o incluso mueras. Su desmantelamiento, debería ser una prioridad nacional.

La clase política española nos mantiene engañados. Pocos hablan de futuro y están más preocupados en tergiversar el pasado y nuestra historia, que en buscar soluciones de presente. Más preocupados en profanar cadáveres que en la viabilidad de las pensiones. Más preocupados en medidas efectistas, pero poco útiles, que en sacar esto que conocemos como España adelante.

La última ocurrencia del Partido Popular del Pablo Casado, el que estaba llamado a recuperar los valores y los principios, en regenerar la política y mirar al futuro, es la de fichar a Suarez Illana como número dos por Madrid al congreso de los diputados en las próximas elecciones generales y como guiño a la figura de Adolfo Suarez. El Partido Popular se vuelve a equivocar. Desconozco por completo los asesores que tiene Casado y el motivo de las recomendaciones que le realizan, diera la sensación que son enviados del partido socialista para dinamitar a Casado. Si con la que está cayendo, y después de lo que conocemos y hemos sufrido durante los últimos 40 años, la solución de todos nuestros problemas esta en reivindicar el nefasto legado de Adolfo Suarez, es que estamos bastante peor de lo que podíamos llegar a imaginar o pensar.

Casi la totalidad de los males que aquejan a nuestra nación en la actualidad, son herencia de aquel al que ahora el Partido Popular reivindica en la figura de su hijo. No han entendido nada, y esto es solo una muestra de porque el PP no es la solución, sino más bien parte del problema. Traer ahora la figura de Suarez, con la grave crisis institucional que tenemos y con un modelo autonómico desbocado cuya evolución lógica es la disolución de este país en mini estados, es como poco desafortunado para un partido que dice defender la unidad de España. Con amigos como estos, esta nación no necesita enemigos.