Los milagros existen y como prueba de ello, a Pedro Sánchez le ha entrado un arrebato de honestidad democrática.

Esta bonhomía y arcangélica bondad de corte democrático radica en devolver al pueblo la soberanía de las urnas, que no de la nación, y dejar que sea su voluntad la que elija el Gobierno de 2019.

El presidente socialista ha tomado esta decisión por temor a una reacción vengativa de Francisco Franco tras intentar profanar su tumba.

Pedro Sánchez ha entendido que el misterioso e inexplicable auge de VOX sólo puede obedecer a razones de índole sobrenatural y cree, a la sazón, que ha sido una ofensiva de Franco desde el Cielo por tratar de expoliar sus restos mortuorios, ya que coincide el milagroso crecimiento del partido verdigualda con la tentativa de exhumación de la tumba del Caudillo