No hay de qué sorprenderse con los comentarios y quejas que están surgiendo en torno a los miembros del actual gobierno de la Junta de Andalucía. Tras las elecciones pasadas, en las que hubo un cambio de sentido en cuanto a la dirección del Parlamento, surgieron las primeras voces de alerta de los responsables de las distintas consejerías. El gobierno establecido por los partidos políticos del Partidos Popular, Ciudadanos y Vox se ha encontrado tanta maraña ahí dentro que son conscientes de que corregir tal situación tergiversada va a ser tan complicado como duradero.  

Sonadas fueron las declaraciones de la delegada de educación en Málaga, Mercedes García Paine. En ellas, esta señora expresaba, en estos términos, cómo se encontraba la gestión precedente: “¡Es que no veas el marrón que tiene la Junta de Andalucía, madre mía! Cuántas cosas hay que cambiar, siempre con gente por arriba que son los que te dan órdenes.”Y todo ello, bajo un estado de desesperación y de llanto continuo, que quedó reflejando en las redes sociales a través de un vídeo.

Pero ahora digo yo: “¿En verdad está sorprendida por lo que ha visto? ¿No era consciente de a dónde se metía?”. Es que, claro, los que somos de allí y tenemos sentido crítico y racional, vemos claramente qué ha pasado durante cuarenta años y no nos extraña nada lo que ahora están viendo ojos ajenosa los infractores.

Ni que decir tiene que, a modo de ciudadano, esa situación quedaba reflejada en diversas situaciones cotidianas y visibles como encontrar un trabajo (todo a modo de enchufismo, por lo que muchos nos tuvimos que ir de nuestra tierra). Y cómo no, los famosos expedientes de regulación de empleo (ERE). Una situación escalofriante en la que, a pesar de saber en qué se gastaba el dinero destinado a favorecer el empleo, pues el voto, aun así, seguía yendo a los mismos gobernantes, como si no hubiera “ojos para ver” el despropósito de gobierno que teníamos.

Y es que, a estas alturas, antes de las precedentes elecciones autonómicas, parecía que daba igual lo que hicieran como a quien ponían: lo mismo situaban a una vaca y también la votaban, y esta ganaba y se volvía a imponer. Todo daba igual. Por suerte, su “cuartelito” o “búnker” ya se ha diluido en su efervescencia; y todo parece ahora pintarmejor en cuanto al panorama andaluz, o al menos, eso esperamos. Porque, prometen volver, y volverán, pero que cuando lo hagan que sea tras haber sido destruido su enjambre de corrupción e hipocresía. Pero para ello han de pasar años, muchos años, y cómo no, gente honesta y sincera. Crucemos los dedos para que así sea.