El pleno del Ayuntamiento de León aprobó el pasado día 27 de diciembre una moción a favor de la autonomía de la Región Leonesa, presentada por el grupo municipal de la Unión del Pueblo Leonés, que fue apoyada por PSOE y Podemos y criticada por el PP y Ciudadanos, siendo necesario destacar que el texto de la moción aprobada solicita que se remita al Parlamento autonómico y a las Cortes Generales del Estado “el derecho a la constitución como comunidad autónoma de la Región Leonesa”, que forman las provincias de León, Zamora y Salamanca, dentro del marco constitucional. Posteriormente, se aprobaron mociones similares en municipios como Cabrillanes, Crémenes y Mataleón con el apoyo del PP.

Hay que reconocer que la pretensión autonomista de León puede ser considerada como legítima, pues el artículo 2 de la Constitución establece que la misma “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”, añadiendo el artículo 143 de la misma norma que “En el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido en el artículo 2 de la Constitución, las provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas con arreglo a lo previsto en este Título y en los respectivos Estatutos”. Sin embargo, con las actuales circunstancias, resulta totalmente inoportuna y se vislumbra como interesada.

La pretensión autonomista de León es inoportuna porque el momento actual se caracteriza por una coyuntura en la que el Estado de las Autonomías se muestra como un elemento erróneo de la Constitución que ha promovido una diferenciación entre regiones y ha facilitado el crecimiento de los sentimientos independentistas. También es una pretensión interesada la que se ha expuesto porque se desea, por parte de los dirigentes de León, montar un nuevo chiringuito autonómico con el que poder mantener grandes redes de amigos y simpatizantes para los que la tarta pública cuyos trozos a repartir se ha quedado pequeña como consecuencia de la irrupción de los nuevos partidos políticos.

Conociendo el panorama, cualquiera debe estar preocupado, pero es verdad que resulta muy complicado poder crear una nueva autonomía. La regulación de la Constitución se hizo pensando en la creación de Comunidades Autónomas a partir de provincias no agrupadas de forma autonómica y la constitución de una Comunidad Autónoma que incluyera León, Zamora y Salamanca necesitaría la reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla y León con la correspondiente ratificación de los ciudadanos de todo su territorio mediante un referéndum.

El problema principal en todo el asunto es que, aunque sea fácil ver rechazada la pretensión autonomista de León, se va a producir el surgimiento de un conflicto político cuya existencia es absolutamente innecesaria que desviará la atención de temas más relevantes para los ciudadanos.