Los que no tenemos mala memoria, recordamos bien aquel 15 de mayo de 2011 y el movimiento que surgió fundamentalmente en la Puerta del Sol y aledaños. Frente a quienes quisieron engañarse y ver en aquel hecho una implosión espontánea de los descontentos con el Sistema, algunos avisamos contra la ingenuidad y dijimos que todo estaba controlado por detrás por un grupo de oportunistas de extrema izquierda cuyo horizonte personal querían conducir hacia la política partidista. Sólo tuvimos que esperar tres años para comprobarlo.

Podemos fue, es y seguirá siendo un intento desesperado por hacer de un zombie de la historia, el comunismo, la solución a los problemas presentes de la clase media y trabajadora. Pero además, alimentado, cuando no promovido, a muchos kilómetros de distancia de Madrid. La Complutense sirvió como celofán para dar un ramalazo universitario a las ideas políticas que han generado más hambre, violencia y guerra de todas cuantas ha inventado el hombre en el mundo. Algo que, como otras andanzas humanas, debería quedar sólo para los libros de Historia, en un apartado que llevase por título: "Prohibido repetirlo".

La traición a cámara lenta de Íñigo Errejón a Pablo Iglesias puede ser solamente una estrategia electoral de ambos para intentar sacar a VOX de las portadas de los periódicos, o también la constatación de que Podemos camina irremediablemente hacia su insignificancia política. Ya en los inicios de la formación morada, un querido profesor universitario me avisó de que, entre Iglesias y Errejón, el segundo aventajaba con creces al primero. Iglesias presume de sectarismo y de agresividad, y no oculta ciertos afanes totalitarios, lo que sin duda explica el declive de su partido en las encuestas. Errejón, mucho más listo y taimado, ha visto en Manuela Carmena el camino para hacer lo mismo sin dar miedo, sin provocar espanto en el electorado de izquierdas.

Ni uno ni otro deberían liderar el cambio político que necesita España. El mundo de hoy exige líderes políticos conscientes de que los problemas colectivos no pueden arreglarse, en modo alguno, con fórmulas tan periclitadas y obtusas como el marxismo. Allí donde los dirigentes han querido abusar del colectivismo y aupar al Estado como un leviatán sin escrúpulos para hacer de la "igualdad" la panacea de la Humanidad, lo que ha habido, invariablemente, ha sido la castración del talento, la democratización de la miseria y la generalización de la violencia. Desde Rusia hasta Cuba, desde África hasta los países del norte de Europa, apenas ha habido excepciones que confirmen la regla general de que sólo el libre mercado, con los contrapesos que necesita para no ser también totalitario, engendra y permite sociedades libres y prósperas.   

Esta pelea de gallitos, escenificada magistralmente para que uno parezca ahora un macho alfa y el otro el amiguísimo engañado, no deja de ser una opereta más dentro del mundo podemita. Igual que presentar a Manuela Carmena como la quintaesencia de la buena gestión en el municipalismo. Madrid es hoy, sin duda alguna, una ciudad más descuidada y sucia, menos libre, más encorsetada en limitaciones y avisos de multa, menos simpática, más agresiva y menos competitiva de lo que ha sido nunca. Porque las ciudades más importantes del mundo, como es la capital de España o Barcelona, no pueden estar en manos de un populismo de extrema izquierda. Ni siquiera con fórmulas tan extravagantes como la de juntar a Errejón con la actual alcaldesa.

Lo cierto es que Podemos se va quedando en "pudimos", y tenemos pocas dudas de que, en realidad, ni pudieron ni podrán. Igual que la derecha no puede crecer hacia la extrema derecha, tampoco la socialdemocracia debería tener como aspiración ese marxismo rancio, teñido de populismo bolivariano, que propone Pablo Iglesias. Los pueblos demandan, más que nunca, soluciones realistas alejadas de planteamientos puramente ideológicos. Aquellos que no lo entiendan, dejarán de ser relevantes y tendrán que conformarse con las migajas que les siga proporcionando el Sistema a través de las instituciones. Es ahí donde suponemos que terminarán los dos chicos de la Complutense.