A nadie puede extrañar el final feliz de Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España, gracias a la entente cordiale con Podemos, sus escurriduras y el mamporrero de Rojetes Revuelto (representante de sí mismo) y ERC, ya que son reses que pacen en el mismo pesebre y beben del mismo abrevadero (es una metáááfora, SS). 
 
Del socialista se sabe que su fin federalista es transformar el mapa de este país, para al fin conseguir lo que Alfonso Guerra no pudo hacer al ciento por ciento, que es llegar a alcanzar tal depauperación que no ser posible su reconocimiento ni para la madre que la parió; el felón deseo federalista de hacer de España un puzzle de piezas incasables, desmoralizadas, tristes, hurañas, descoloridas y enfrentadas entre si, como perros por un hueso descarnado, en defensa de sus propios intereses, que llegarán a ser mezquinos, por ser impulsados por un personaje, como no podría ser de otro modo, así (en superlativo)
 
de mezquino.
 
Del muy "progresado progresista" lo que se pueda esperar de él y su compañera (como Tarzán), no difiere en demasía -por eso estarán sujetándole la vela al "Macho Alfa de la extrema izquierda" durante los próximos cuatro años, si Dios no media- de lo que tenga en mente deshacer Sánchez. Y lo que Sánchez les dé para que puedan seguir progresando. 
 
Vivir como sanguijuelas chupando la sangre de los demás es lo que les suelen hacer quienes no sirven o, por cuestiones fuera de su deseo, no pueden, que es medrar por conocimiento y esfuerzo propio; solamente esperan a que les caiga una buena jubilación. Unos habiéndola ganado arrastrando sus babas y los otros con todo merecimiento.
 
ERC. De los republicanos y separatistas catalanes cuyo "boquerón"
 
responde adecuadamente a lo que viene a explicitar su apellido, con la desvergüenza de estar llevándose el dinero del Estado y del país que quieren romper, no cabe esperar otra cosa que no se parezca como dos gotas de agua, a una cabronada. Esa gentuza odia tanto a España, que su odio, como el pico a los loros, si no se lo recortan, acabará por matarles. Lo más doloroso del caso es que la mayoría de ellos son renegados; pobres seres que han sufrido el "apartéis" por los separatistas catalanes, por haber llegado ¡con todo el derecho de su nacionalidad! a Cataluña, desde otras provincias, para labrarse un futuro mejor.  
 
Eloy R. Mirayo.