La lectura de los medios nacionales y extranjeros nos deja hoy día un amargo sabor de boca y un sentimiento de incredulidad y repulsa cuando se relatan sucesos relacionados con el impune comportamiento grosero y vandálico de la extrema izquierda. Y no es algo peculiar de determinadas sociedades europeas - siempre laxas y débiles para los medios de países menos desarrollados - sino que constituye, hoy día, un fenómeno generalizado que conviene analizar.

El último escupitajo en estos temas lo ha disparado a través de las RRSS el parlamentario José David Carracedo, electo por Vizcaya y representante de PODEMOS en la Comisión de Derechos de la Infancia y Adolescencia en la Cámara Baja, que es donde gracias a la elefantiasis de aforados que sufrimos en España cualquier mamarracho puede permitirse el lujo de ostentar progredumbre, anti-franquismo e infinita grosería sin temor a que algún juez despistado cometa el error político de empapelarle. Al angelito Carracedo no se le ha ocurrido nada mejor que arengar a los suyos a tirar los restos de Francisco Franco al contenedor de la basura, esperando calentar así la manifestación convocada para este sábado frente a la Catedral de la Almudena - el vano y desesperado intento de la izquierda por neutralizar el efecto de la gran manifestación patriótica de la derecha,en el día de hoy en la madrileña Plaza de Colón, una manifestación que pondrá los pelos de punta a más de uno de la “gauche divine” y a alguno que otro de la “derechita cobarde” denunciada por VOX.  

Y hablando de la “gauche divine”, lo curioso es que toda esa marea de vandalismo, agresiones, escraches, groserías y provocaciones empezó por ahí, por esa caterva de catedráticos jóvenes, abogaduchos recién salidos, psicólogos sin trabajo y gandules de profesión que decidieron medrar y vivir del cuento democrático dejándose barbas y melenas y haciendo ostentación de progredumbre, audacia social, irresponsabilidad y una enfermiza querencia anti-sistema. Los hubo en las últimas décadas del pasado siglo pero han proliferado peligrosamente en las primeras décadas de éste; y lo han hecho donde todo se origina, todo se imita, todo se difunde mundialmente, en Estados Unidos, donde curiosamente son descritos de forma despectiva como “liberales” y en casos graves como “socialistas”. La existencia de esa generación de docentes y pensadores acabó produciendo toda una generación de seguidores - algunos universitarios, otros meros zánganos contratados por gentuza como George Soros - que, abrogándose una falsa exclusividad moral en temas sociales y políticos, y sintiéndose impunes por la creciente inhibición de los fiscales y jueces nombrados por políticos liberales (“demócratas” en EEUU), empezaron a adoptar tácticas totalitarias cada vez más violentas e inicuas. Hoy día, con todos esos cafres organizados en una especie de internacional (ANTIFA) - que supuestamente combate el fascismo utilizando métodos rigurosamente fascistas - en los EEUU es prácticamente imposible que un conferenciante de talante conservador, religioso cristiano, o político de derechas (“republicano” en EEUU) pueda dar una conferencia en paz, sin que los de la ANTIFA se la revienten o le revienten la cara de una pedrada. Y estamos hablando de Estados Unidos, pero esa plaga ya se ha extendido hoy día a gran parte de Europa, especialmente a países con políticos “buenistas”, cobardes y acomplejados, con fiscales y jueces “a dedo” (como los españoles de la 4ª Lista) y unos medios informativos necesitados de avales bancarios y sumisos bajo la bota de una “corrección política” exagerada, inventada e impuesta por la izquierda de cada país. La ANTIFA ya llegó a España, se llame PODEMOS, o CDR en Cataluña, o “kale borroka” en las provincias vascongadas, o cualquier otra denominación de origen que se les ocurra. Actúan igual que en EEUU, porque han aprendido de allí, se financian como allí - Soros acaba de visitar a Sánchez en secreto- y en el fondo son la misma gentuza se llamen como se llamen.     

Y dicho esto, volvamos a la noticia que este jueves nos cortaba la digestión, como es la grosera e irreverente parida de ese mequetrefe - José David Carracedo - que se atrevió a pedir que los restos de Francisco Franco se tiraran a un contenedor de basura, antes que ser inhumados en La Almudena, que es lo que en definitiva le causa un incontenible pavor a la izquierda española. Visto lo que ocurre en Estados Unidos, no nos extraña tanto que un energúmeno como éste pueda sentarse en el Congreso, y hasta en la Comisión de Derechos de la Infancia y Adolescencia, después de ofender la memoria de quien durante tantos años fue nuestro Jefe del Estado tras la trágica Guerra Civil, provocada precisamente por los que ahora le acusan de haberla provocado. No es tan sólo un acto de hipocresía sino de ignorancia, iniquidad, malevolencia y grosería. Pero - no nos engañemos - toda la extrema izquierda es así y su prepotencia, su audacia y su desvergüenza no se frenarán mientras no surja una derecha identitaria - como VOX o unificada en torno a VOX - que diga basta y la defenestre de un tremendo patadón en el trasero. La gran manifestación patriótica de hoy en la Plaza de Colón debiera servirle como anticipo virtual de lo que se le viene encima. Y es que, empezando por José David Carracedo, “a todo cerdo le llega su San Martín”.