Los modos con los que se está desarrollando la negociación por la investidura de Pedro Sánchez están sirviendo para ver un nuevo caso de secuestro del sistema por los intereses de los líderes de los partidos políticos. Así se deduce del conjunto de circunstancias que se perciben en un ambiente que induce a pensar en unas nuevas elecciones generales.

 

El PSOE quiere un Gobierno de Pedro Sánchez sin representantes de otros partidos políticos que puedan distorsionar o limitar su margen de maniobra y alimentar la imagen de rivales en la izquierda a los que desean aniquilar. Además, parece probable que el acuerdo que busca el PSOE pueda incluir, además de la investidura de su líder, la aprobación de los próximos presupuestos generales del Estado.

 

El PP desea mantener su posición en el espectro político liderando la oposición frente a Pedro Sánchez. Sin embargo, es cierto que, por cierto patriotismo, el partido político de Pablo Casado podría plantear la opción de abstenerse, aunque el joven dirigente puede preferir no hacer viendo el antecedente de Susana Díaz, a la que frenaron en su ascenso en el PSOE factores como su apoyo a Mariano Rajoy en 2016.

 

Unidas Podemos pretende presionar a Pedro Sánchez con la asignación de uno o varios ministerios precisamente porque se arriesga a desaparecer en el Congreso con las siguientes elecciones generales si apoya al líder del PSOE sin obtener elementos que le permitan constituir redes clientelares y que le hagan visible en un nuevo Gobierno que, con Pedro Sánchez repartiendo dinero público como si no hubiera un mañana, podría lograr que el PSOE se atribuyera numerosos logros sociales sin permitir que el partido político de Pablo Iglesias pueda asignarse mérito alguno.

 

Ciudadanos busca no ceder ante Pedro Sánchez para mantener su posición en el espectro de la derecha política española a la espera de poder arrebatarle la posición preponderante en su marco al PP, pues un apoyo al líder del PSOE provocaría que muchos votos que obtuvo Ciudadanos en las últimas elecciones generales de votantes tradicionales del partido político de Pablo Casado regresaran a su lugar de origen. En el PP no ignoran este hecho y, por ese motivo, Mariano Rajoy ya sugirió que el partido político de Albert Rivera tenía que apoyar la investidura de Pedro Sánchez.

 

Vox se encuentra en la posición más sencilla. Tienen bastantes escaños como para poder ser determinantes en muchas decisiones y no llegarán a sufrir presiones para apoyar a Pedro Sánchez debido a que acaban de acceder al Congreso y a su posición ideológica.

 

Destacable resulta la posición de los partidos políticos independentistas. Teniendo un papel relevante, pueden apoyar a Pedro Sánchez, pero buscarán grandes concesiones del líder del PSOE que, probablemente, querrá forzar con ellos un acuerdo que abarque, además de la investidura, los próximos presupuestos generales del Estado, como ya se ha comentado.

 

Los líderes de los principales partidos políticos están obrando con la cabeza puesta en las siguientes elecciones generales. Pablo Casado, Pablo Iglesias y Albert Rivera no quieren que un apoyo a Pedro Sánchez en el presente momento con las condiciones impuestas por el líder del PSOE pueda perjudicarles en un futuro próximo. Pedro Sánchez podría hacer concesiones para facilitar los apoyos de otros partidos políticos, pero siempre tiende irremediablemente a negociar con los independentistas, con los que tiene una deuda perpetua desde la moción de censura contra Mariano Rajoy, y no quiere mantener con vida electoralmente a Unidas Podemos, cuyo apoyo desea obtener sin darle visibilidad a la formación de Pablo Iglesias.