Una buena heladería romana puede cambiar por completo tu concepto de helado. Dile adiós a los bombones envasados o los helados de sandwich porque el único barquillo que devorarás en la capital italiana poco tiene que ver con las fórmulas que guardas en tu congelador.

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Un consejo: reserva siempre en tu estómago un lugar especial para el gelato, porque si no lo haces, sucumbirás igualmente a los mostradores repletos de sabores, texturas, colores... Y luego, cuando tengas que desabrochar algún que otro botón para liberar la barriguilla de la felicidad, ya no verás Roma de la misma manera, aunque puede que esa sea la magia de la Citta Eterna.

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Atraviesa el Tíber y adéntrate por el Trastévere. Si ya de por sí la experiencia es mágica, cuando lo hagas empuñando un cremoso helado, los recuerdos que se queden grabados en tu cerebro rozarán la fantasía. Se llama Fiordiluna y todo está hecho de forma tradicional. La fruta es fresca y toda la materia prima procede de productores locales, simplificando al máximo los ingredientes y evitando aditivos y azúcares. Y no se trata de una franquicia, así que es única e irrepetible.

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Gelateria Venchi. Aunque intentes no entrar, se te irán los ojos a la cascada de agua de su mostrador que imita al chocolate derretido. Una vez dentro, la infinita lista de sabores a elegir es la parte complicada. Sus helados se elaboran a diario con leche fresca, chocolate de los principales países exportadores e ingredientes autóctonos de calidad como el pistacho o las avellanas.

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La innovación se ha apoderado de sus cucuruchos que están recubiertos por chocolate y rebozados en frutos secos de tu elección. Pistacchio di Bronte, Nocciolato al latte, Cremino o Cuor di Cacao son algunos de los sabores helado más tradicionales e intensos porque, de verdad, saben a lo que prometen.

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Después de visitar la Fontana di Trevi (o antes de hacerlo), puedes acercarte a su local de Via del Corso, 335. También hay uno al lado del Panteón de Agripa, para mejorar aun más las vistas en Via degli Orfani, 87. Aunque, si eres un auténtico cinéfilo, lo suyo es pasar a por tu helado a Via della Croce, 25 y ‘dejarte caer’ por la escalinata de la Piazza di Spagna… Pero ni se te ocurra sentarte a comerlo como Audrey Hepburn porque está prohibido.

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Giolitti. Si quieres una heladería con solera, de esas en las que todo el mundo que ha estado en Roma ha visitado o al menos ha oído hablar, es esta. Su Instagram es un compendio de buenas críticas y famosos que acceden a fofografiarse con el equipo de la gelateria.

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Entrar dentro es como viajar al pasado y visitar una heladería de esas que siempre has imaginado. Muebles de madera, mostradores rematados en dorado, copas de cristal y colores del verde al burdeos, pasando por la amplia y deliciosa gama de los crema que salpican sus cristaleras repletas de helados. Su toldo verde y sus mesas y sillas a juego harán de cualquier foto de tu viaje una instantánea típicamente romana.

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Además del clásico gelato, puedes elegir entre copas, tartas heladas de elaboración artesanal -que no tienen absolutamente nada que ver con la que tienes en el congelador-, stecco (bombón helado), biscotobikini (mitad galleta mitad bombón) o tartufo… Por no hablar de los sabores… Si estás en el centro de Roma, puedes pasarte por Giolitti de Via degli Uffici del Vicario, 40, al lado del Palazzo Montecitorio, la Cámara de Diputados de la República Italiana.

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Si lo que quieres es sentirte como en una confitería antigua propia de 'Charlie y la fábrica de chocolate', tu lugar es la Gelateria della Palma. Desde su local puedes ver prácticamente el Panteón de Agripa, y puede que a ello se deban las dos grandes columnas que hay en su interior, pero centrémonos en lo realmente importante, en sus helados. Tiene hasta 150 sabores, por lo que es imposible permanecer menos de 15 minutos dudando entre qué sabores añadirle a tu helado.