Martín Sáenz de Ynestrillas es un emprendedor. Un empresario que ha desarrollado diversos papeles en el mundo de la tecnología, las infraestructuras y la enseñanza, a lo largo de más de 35 años. Falangista por convicción, de esa generación de falangistas que han tenido todas oportunidades y hasta los motivos para no serlo.

 

Nació en las postrimerías del franquismo, creció en la locura de la transición y descubrió a José Antonio y a los fundadores, cuando el régimen del 78 pretendía enterrarlo en el olvido primero y en la Memoria Histórica después. Y ha seguido siendo falangista militante pese a ello. Tras  años de activismo político, decidió desafiar el silencio mediático impuesto al nacional sindicalismo, primero como contertulio en Radio Intercontinental  y después dirigiendo el programa digital La Gran Esperanza, la Voz de la Falange, de radio y TV por Internet durante casi tres años. En la actualidad forma parte del equipo de analistas políticos de las tertulias de En la Boca del Lobo, en Radio Ya, y dirige, desde fechas recientes, el espacio literario, cultural y de actualidad, Somos Libro, en la misma emisora.

 

¿Cómo nació en usted su vocación de comunicador?

 

No se si es exacto esto de que sea vocacional. Desde muy temprana edad decidí militar en una organización política, en diversos frentes, que inicialmente estuvieron ligados a la formación política de los nuevos militantes jóvenes, por un lado y a la acción urbana, por otro. Con el paso del tiempo concedí especial importancia al frente intelectual, abandonado con frecuencia en nuestras filas, no por la falta de talento, que lo hay y lo ha habido siempre en grandes cantidades, sino por el escaso interés que los esfuerzos editoriales suscitaban en nuestras filas. Entonces, como hoy, se escribe poco del presente y del futuro, se publica menos, se compra prácticamente nada y se termina leyendo lo justito. Así que a medida que ganaba en la serenidad que da la edad y la mochila que da la experiencia, siempre me ligué a las publicaciones escritas internas y externas, en las que podía transmitir valores y principios y actualizar o recrear mensajes, asumiendo incluso, con frecuencia, la creación de todo tipo de boletines y revistas.

 

Los tiempos evolucionan y aprendes que las nuevas generaciones ya no acuden a la prensa escrita o a la televisión, sino a Internet, a youtube, a los canales temáticos bajo demanda y los podcast. Y comprendes que o estableces una cabeza de puente en esa trinchera o pierdes todas las batallas, y por lo tanto la guerra. Si a eso sumas los empujoncitos que el sistema se empeña en darte para sacarte de él, cerrando puertas y micrófonos, el resultado está servido. Hace unos 10 años, quizá más, asumí la responsabilidad de dar continuidad a un programa radiofónico que había nacido en Radio Intercontinental, hoy en manos chinas, y que Intereconomía consideró inapropiado: La Gran Esperanza, la voz de la Falange. Y como si el sonido nos supiera a poco añadimos imagen y creamos un canal de TV. Todavía existen los programas que llegamos a publicar con cierto grado de éxito.

 

Hoy, unos cuantos años más tarde, sigo convencido de que una parte muy importante de la lucha sigue siendo el frente intelectual, en el que además empiezas a jugarte la propia integridad si discurres por canales “políticamente incorrectos” o abiertamente ilegales, por mor de la nueva Memoria Histórica. Creo que participar en Radio Ya, como analista político en las tertulias, o dirigir el espacio Somos Libro, son sin duda parte de ese compromiso ineludible con el frente intelectual, no siempre correspondido por el oyente.

 

¿En qué medida es importante la defensa y difusión de la cultura?

 

Si abandonamos el relato en manos del enemigo o incluso solo del adversario político, si es que para nosotros existe tal distinción, los efectos perniciosos no solo son evidentes; es que pueden ser irreparables. Hoy hay generaciones enteras que fusilarían a Franco y aplaudirían su profanación por simple corrección política. Sin saber nada de él. Porque se les ha bombardeado con falsa pero continua “formación” que no información. Hoy se arrancan calles de personajes de los que se desconocen sus méritos; se impone por la vía “educativa” la ideología de género, la LGTBI, la educación para la ciudadanía o cualquiera de sus variantes. Se entierra en la segunda muerte civil el relato del terror en España, que ocurrió hasta hace tan solo diez años y del que muchos nacidos hace dos décadas ya no saben nada.

 

Hoy Cataluña, y detrás de ellas Vascongadas y Navarra, Galicia, Baleares, Valencia… están conformadas por miles de individuos que no han aprendido otra cosa que el odio a España, la mentira de su falsa existencia independiente y la idea de que España ha sojuzgado a sus respectivos pueblos mediante poco menos que una invasión militar. ¡Y lo creen porque nada se les ha dicho en contra desde unos medios de difusión absolutamente entregados a la tarea de generar una nueva realidad y desde una renuncia expresa de una clase política cobarde que no ha tenido valor para liderar los distintos relatos.

 

Solo el frente cultural, la difusión de obras y valores reales puede paralizar, ralentizar y Dios quiera que revertir una guerra en fase de ser perdida.

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Los libros son un poderoso instrumento para transmitir la cultura.

 

Claro, en este estado de cosas, la combinación de las nuevas tecnologías y las viejas y nuevas bibliotecas son las herramientas más notables. Los libros suelen gozar de respeto y tienen vocación de perdurar. La prensa escrita, las imágenes diarias y no digamos las ondas, son importantes, pero tienen una vocación de ser efímeras. Es cierto que el gran repositorio de información que es Internet, con sus motores potentísimos de búsqueda, le han dado una vida a todos esos medios que antes no tenían, alargando su vigencia. Un acceso inmediato a la información ya sea en forma de audio, imagen o texto, pero creo que es el libro el que impulsa todo lo demás y el que parte del prestigio -no necesariamente real, pero sí percibido - de lo publicado, de lo sesudo, de lo intelectual.

 

Somos Libro, un espacio radiofónico específico para la difusión de las buenas lecturas.

 

Si nos fijamos en el hilo conductor de las respuestas previas a esta pregunta, ésta se responde sola. Somos Libro está concebido para ser un espacio de combate cultural a partir de los libros, multicanal, y con vocación de permanencia en el tiempo, aprovechando la tecnología y su alcance universal. Un libro sirve de excusa para tratar temas de actualidad, o de historia, o de arte, o de conservación a la luz de una obra publicada en cualquiera de sus formas y de un autor o de varios, ya permanezcan con nosotros o no. Pero complementamos la información, el debate, la discusión y el conocimiento con la aportación de invitados de primer nivel que tengan algo que aportar al estado de la cuestión. No hay nada mejor que un debate sosegado para instalar conceptos y madurarlos después en solitario.

 

¿Qué importancia tienen las buenas lecturas en la defensa de los grandes ideales?

 

Sin duda, pero no solo. Vengo repitiendo que permanecer en el discurso de valores supremos todo el tiempo, aleja a las nuevas generaciones y solo sirve para modelar a los ya convencidos. El discurso de valores debe ser la consecuencia. Hace décadas que las cosas han cambiado, que se discute de asuntos que no preocuparon a nuestros padres, que tenemos que resolver problemas cotidianos para los que no hay más manuales que los principios inmutables que todo lo responden. La interpretación del derecho natural conforme a nuestra cultura cristiana occidental es una obligación sin la que el resto de cosas se desmoronarían; por ello se ataca con fiereza todos esos pilares básicos de nuestra civilización, como la familia, por ejemplo o la identidad sexual, que no de género.

 

Pero referirnos solo a ello, e ignorar aspectos de esa ideología de género, de la LGTBI, del derecho a la información frente a otros derechos, de los problemas derivados de la inmigración masiva, ilegal, descontrolada y culturalmente exógena, del control de fronteras o del poder de Internet en la educación exige, sí, formación de primer nivel moral, pero requiere sobre todo dar la batalla en el terreno intelectual con argumentos actuales y poderosos que, derivados de aquellos principios, sean comprensibles por las generaciones y capas sociales a los que se dirige el mensaje. Y eso no se hace con grandes tomos de antropología social y virtudes teologales. O no solo.

 

Felizmente van apareciendo cada vez más libros a favor de la causa.

 

Las causas son muchas y conviene a veces hacer un ejercicio de cuales son esas causas, no sea que terminemos haciendo buena aquella frase de “no se si yo mismo soy de los nuestros”. Pero creo que entiendo tu pregunta si interpreto como “causa general”, la defensa de esos valores que podríamos resumir en Bien, Verdad y Justicia. Y si esa es la pregunta, no estoy tan seguro de que la respuesta sea que se publica más y mejor.

 

El inmenso esfuerzo de editores y libreros como Barbarroja, Esparta, Actas Historia, SND, Fajardo el Bravo, Sekotia, Galands Books y otras muchas que la edad y una cabeza un tanto dispersa no me permite recitar ya del tirón, es efectivamente inmenso, muy loable e imprescindible, pese a que ese esfuerzo, insisto, no se corresponde ni con el esperable por parte del comprador, que es minoritario y no alcanza a entender la trascendencia de la compra en la supervivencia, ni con el lector que, habiendo comprado o no, es aún más minoritario todavía, dejando en esfuerzos baldíos la ingente y abnegada tarea de los editores.

 

Pero la mayoría se centran en la recuperación de la Memoria Histórica, en el afloramiento de personajes insignes a los que se denosta, ignora u olvida; en la corrección de los numerosos textos que han hecho fortuna con la miserable e interesada leyenda negra. Necesarios sí. Oportunos, también. Imprescindibles, sin duda; Suficientes no. Por eso los esfuerzos del enemigo se han centrado en tergiversar y manipular la historia. Puede que haya un poso de intencionalidad en el cambio del relato del pasado, pero lo que de verdad tienen es la voluntad clara de mantenernos entretenidos en el presente e hipotecando el futuro.

 

Porque mientras escribimos de Franco y de Fray Bartolomé, no escribimos de justicia, de LGTBI, de inmigración, de conflictos sociales… Esa es la gran deuda intelectual.

 

Lo estamos viviendo estos días: entre los que podríamos considerar “de los nuestros” no tenemos un diagnóstico claro, una información precisa, un análisis claro y desde luego una postura común, ante algo tan importante como el conflicto del taxi. Lo que he leído en cualquiera de los sentidos, no solo ha sido contrapuesto y frecuentemente flojo, sino de nivel “red”. No digo yo que este tema requiera de un libro, pero el lector entenderá a qué me refiero cuando digo que estamos huérfanos de presente. Con honrosas excepciones. No digamos ya asuntos como la conciencia social o el medio-ambiente, abandonados en manos de la izquierda por deserción patriótica.

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¿Podría hablarnos de su militancia en Falange y ADÑ?

 

Bien saben Dios y el bueno de Manuel Andrino, mi jefe político, que no elegí Fe la Falange tras un sesudo análisis. Soy Falangista. Siempre lo he sido, y pido a Dios luz para que me permita seguir siéndolo siempre. Pero tardé muchos años en militar en Falange - en cualquier Falange - y nunca he ejercido responsabilidad alguna en ella, más allá del espacio radiofónico mencionado más atrás. No se me ha requerido para ello y yo tampoco me he postulado con más alcance que estar siempre a disposición de la organización y de las tareas que se me asignen en cada caso. Siempre he pensado que falangistas somos todos aquellos que asumimos unos postulados políticos e ideológicos básicos de concepción del mundo y del hombre y otros que deberíamos seguir desarrollando en línea con mi respuesta anterior. Y siempre he creído que eso se podía hacer en multitud de organizaciones. Así lo hice mucho tiempo en lugares como Fuerza Joven, Juventudes de Fuerza Nacional del Trabajo, La Legión de San Miguel Arcángel, Nación Joven, Movimiento Social Español y Alianza por la Unidad Nacional, donde sí tuve importantes responsabilidades territoriales, de comunicación y de organización. En todas ellas milité siempre como falangista y nada entendía de los conocidos conflictos entre las múltiples organizaciones falangistas que durante años las enfrentaron incomprensiblemente.

 

Desaparecidas las organizaciones previas en las que puse el alma, llegó el momento de seguir militando y elegí una Falange. Entonces el Secretario General de Fe-La Falange era mi hermano y me pareció una buena razón para elegir esta fuerza política sin menosprecio de la otra. Siempre he creído en la unidad, aunque no a cualquier precio y seguía sin comprender ni querer conocer cuáles eran los matices que las diferenciaban. Desde otras organizaciones intervine en no pocos intentos de reconexión, sin éxito, y desde esta militancia he colaborado con FE-JONS cada vez que se me ha pedido, pero siempre me he negado a calificar negativamente a cualquiera de ellas.

 

Mentiría si dijera que estoy satisfecho con el resultado, porque sigo pensando que nos encontramos en una zona de marginalidad que termina por ser una forma de satisfacernos a nosotros mismos, de dar por hecho que ya hicimos todo lo que podíamos hacer; en definitiva, de auto justificar nuestra posición política. Sin embargo, tras años de estar en esa situación, de repente los paradigmas cambian, las fuerzas políticas tradicionales se fragmentan y se pierde la confianza en ellas. Aparecen primero Podemos y Ciudadanos, ahora VOX. Ocurre porque interesa que ocurra; porque unos y otros permiten el crecimiento del adversario pensando que la fragmentación les beneficia en términos electorales, pero por la misma razón desaparecerán cuando no sean útiles para el fin para el que fueron creadas o, cuando menos, permitidas y fomentadas.

 

Y en eso resulta que los falangistas, en gran medida por la coexistencia que hemos vivido los últimos años en nuevos medios de comunicación (primero Cadena Ibérica, ahora RadioYa y decenas de digitales) nos empezamos a sentar, a entender y a olvidar asuntos absurdos, y empezamos a trabajar en serio. Y al proyecto se unen otros, no necesariamente falangistas, pero sí con criterios comunes en muchos aspectos - no en todos – que no ven con buenos ojos las respuestas que el sistema ha fabricado tras la fragmentación, al objeto de controlarlas, de dirigirlas, de manejarlas a su antojo.

 

Resulta que algunas organizaciones y algunos militantes no miramos la posible moqueta que podamos pisar al calor del último movimiento magmático – o para ser más exactos, quienes estaban en ello, ya se han pasado con armas y bagajes a la nueva derecha emergente prefabricada por el sistema – y si aspiramos a encontrar un espacio es porque creemos que ahora hay una posibilidad de explicar nuestro mensaje, nuestras propuestas y nuestras iniciativas sin que sean rechazadas de plano a priori por el ciudadano medio, que ahora sí, está harto de que le digan lo que pueden y no pueden pensar, lo que pueden o no pueden decidir, lo que pueden o no pueden votar. Eso es ADÑ y en eso estamos quienes queremos aprovechar la oportunidad que nos brinda la circunscripción única de las europeas. Hay una oportunidad, no oportunista ni manejada por el adversario, de llevar nuestro escepticismo a Europa, donde se deciden el 80% de las cosas que nos afectan.

 

¿Qué es lo más atractivo del mensaje de ADÑ?

 

Es, sin duda, la propuesta de recuperación de soberanía para que España pueda ser, con libertad, un Estado Social y de Bienestar. No “o” como si fueran equivalentes, sino “y”. Lo primero es patriotismo social; lo segundo es neoliberalismo. Y el precio a pagar entre nuestros ciudadanos es demasiado alto en el segundo modelo.

 

¿Por qué es para usted la mejor opción?

 

Es la única opción. Nos hemos acostumbrado a aquel sastre que ante un traje mal hecho, le decía a su cliente que estirara el brazo, encogiera el codo, agachara la cabeza, hasta que lograba que, de alguna manera, y mientras mantuviera su posición, pareciera que el traje encajaba a la perfección. Eso pretenden las formaciones políticas que pretenden disputarnos el espacio y el voto, so pretexto de que es lo mejor que podemos lograr, que la unidad es mejor, que lo que no sea eso es regalar posiciones al enemigo.

 

Nada más falso. Cuando te pones de pie, cuando recuperas tu dignidad y dejas de estar encogido ante lo políticamente correcto, ante la soberanía entregada a una unión europea comercial y liberal que ha enterrado a Europa como proyecto supranacional de naciones soberanas, cuando finalmente te miras en el espejo, al traje le sobraba pierna, le faltaba brazo y la botonera estaba desalineada, y con ese traje pretenden que asista a la ceremonia de graduación. Solo hay una opción donde el traje ajusta lo suficiente para que sea el nuestro. Es de confección, no es a medida, y por lo tanto cabe mucha gente. Solo hay que buscar la talla adecuada, de pie, sin encogerse, con toda la dignidad y mirando cara a cara a las naciones, si no hermanas, si primas de un mismo tronco jurídico, ético y moral.

 

Para finalizar háblenos de la rivalidad con VOX.

 

Creo que se deduce de buena parte de lo afirmado atrás. Ellos venden un discurso en el que pretenden hacer creer que ocupamos el mismo espacio y el mismo esquema de valores general, aunque con matices. Eso ha hecho que muchos de nuestros viejos camaradas y compañeros de viaje hayan comprado el discurso so pretexto de “cambiar las cosas desde dentro”. Es más, la frase parece transmitida como un mantra. “somos una pizarra en blanco, escribiremos en ella lo que queramos”. Pero luego llega ese tipo al que llaman su ideólogo, del que ocultaron sus artículos de hace años, para explicar que ya no es así, y abre la boca. No hace años, sino hoy. Y la argumentación se derrumba sobre sí misma. Hablo de Bardají. Pero puedo hablar de muchas otras cosas. ¿Qué ha sido del discurso del juez que lideró el vuelco en Andalucía? ¿y de sus líneas rojas que muchos de nosotros podemos asumir como propias? A penas ha pasado un mes y las han dinamitado. Entregado. ¿Esa era la utilidad del voto? ¿del cambio?

 

Seguiremos sufriendo la diáspora, estoy seguro, pero lejos de ser un inconveniente, creo que es una ventaja enorme. Es bueno saber quiénes caminan contigo hasta el final. Podemos, VOX, Ciudadanos, IU, aparecen y desaparecen porque son herramientas del sistema cuya utilidad tiene caducidad. Nosotros armamos coaliciones electorales que nos parecen útiles y compatibles. No siempre con éxito. Pero detrás, cuando se disuelven, permanecemos con fidelidad a principios inmutables, no negociables. Y volvemos a empezar sobre lo ya construido. El día que el ciudadano entienda esta verdad, entienda la verdadera utilidad de un voto allí donde servirá para aquello para lo que lo depositó, nosotros encontraremos la brecha y seremos imparables. Y puede que las próximas europeas sean ese momento. Así lo entendemos, lo palpamos y lo deseamos. Y en ello nos empeñamos.