Antonio Peña, Doctor en Historia, nos habla del modelo educativo europeo que se lleva imponiendo desde hace años en Europa, siguiendo las directrices de organizaciones como la ONU o la UNESCO, que se ha afanado en extender por el mundo un sistema educativo uniforme bajo los principios de la Revolución francesa. Un sistema claramente revolucionario que se va imponiendo de una forma disimulada y silenciosa sin apenas resistencia.

 

El la Declaración de Derechos Humanos se establece cuál es la finalidad de tal derecho: respeto a la libertad, igualdad y fraternidad universal mediante la comprensión y la amistad entre las naciones y los grupos étnicos o religiosos, así como una conciencia cívica lúcida y activa al servicio de las Naciones Unidas y de la paz en el mundo.

 

Igualmente habla de un proceso de Ingeniería Social muy determinado, en aras a crear una nueva ciudadanía universal, que nada tiene que ver con el modelo de sociedad anterior.

 

¿Cuál es la conexión de la trayectoria educativa española con el proceso educativo internacional?

 

Desde su creación la ONU, mediante la UNESCO, se ha afanado en extender por el mundo un sistema educativo uniforme bajo el lema libertad, igualdad y fraternidad.

 

- Libertad entendida como libertad civil, como derecho de la colectividad local y regional por encima del individuo que la constituye. De tal manera la libertad individual queda enclaustrada en la colectividad a la que pertenece el individuo. Éste participa en la colectividad por medio de representantes democráticamente escogidos.

 

-Igualdad, como la uniformización de los estándares de vida de las diversas colectividades y, dentro de ellas, de los individuos.

 

-Y, finalmente, la Fraternidad, entendida como tolerancia de unas colectividades frente a otras y de unos individuos frente a otros. Lo que ocurre es que a nadie le gusta ser tolerado.

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A este respecto el artículo 29 de la Declaración de Derechos Humanos es bien claro...

 

Los derechos de los individuos están en función de los deberes de los individuos respecto a su comunidad y respecto de la comunidad humana en su conjunto. Porque se sustenta en la idea de que los hombres sólo pueden reivindicar unos derechos en la misma medida en que se comprometen a asumir unas obligaciones con la comunidad en la que se integran. Por lo tanto, los seres humanos no tenemos derechos como tales seres humanos sino en tanto en cuanto pertenecemos a una comunidad y cumplimos con nuestras supuestas obligaciones respecto de tal comunidad. De tal manera que si los derechos de cada individuo están en función de la comunidad, la dignidad de cada ser humano también está en función de dicha comunidad.

 

El artículo 26 de la Declaración de Derechos Humanos, al tratar sobre el derecho a la educación establece cuál es la finalidad de tal derecho: respeto a la libertad, igualdad y fraternidad universal mediante la comprensión y la amistad entre las naciones y los grupos étnicos o religiosos, así como una conciencia cívica lúcida y activa al servicio de las Naciones Unidas y de la paz en el mundo.

 

Esto se concreta en: 1) llevar una vida feliz como individuos, 2) desempeñar los diversos cometidos sociales propios de quienes participan en una vida colectiva feliz, y 3) mantener y desarrollar la colectividad nacional e internacional. De tal forma la moral y la educación quedan integradas en el desarrollo económico y social planificado y, por lo tanto, forman parte de la esfera de la planificación del Estado.

 

La Conferencia General de la UNESCO en su undécima reunión, celebrada el 14 de diciembre de 1960, recogía estos postulados y en su artículo 4 establecía: que los estados firmantes del acuerdo se comprometían a aplicar unas mismas fórmulas y metodologías educativas mediante el desarrollo de sus políticas nacionales. El objetivo: formar la conciencia y la personalidad de los individuos en sus comunidades. Para alcanzar estos objetivos se estableció el Plan Karachi vigente hasta 1980.

 

Para esa fecha se deberían haber transformado las colectividades humanas y las personas humanas, dotándolas de un nuevo sentido sobre su existencia y su destino: ser ciudadanos del mundo y miembros de una única comunidad global formada por ciudadanos del mundo. Y ser ciudadano consiste en participar en la vida de la ciudad, de la región y del mundo.

 

Es decir, estamos hablando de una nueva ciudadanía universal, ¿qué requisitos requiere?

 

tener unos nuevos valores morales dentro de una nueva estructura económica, política, social y cultural universal (global se llama ahora). Para ello es necesario una educación permanente mediante redes y medios formales, reglados y estructurados; así como medios informales y no-reglados. Esto es lo que estableció la UNESCO en su reunión de Montreal en 1960. En el programa Educativo 1968-1969 de la UNESCO, se concretaba dicha educación permanente y suplementaria con medios, metodologías y un programa básico curricular.

 

La ONU también sospechaba de dónde podían provenir las resistencias: de la Iglesia Católica, de las familias y de los cuerpos liberales de las diversas comunidades. De tal manera, la ONU aconsejaba a los estados desarrollar mecanismos para superar estas resistencias. Uno estos mecanismos propuestos era que el Estado desarrollase herramientas de orientación psicopedagógica que englobase niños-familias-docentes. Con este tipo de herramientas se podría arrancar parte de la autoridad y tutela de las familias sobre sus hijos, para que el Estado -a través de sus funcionarios- pasase a ser el guía de los niños.

 

En 1963 se instaló en País el Instituto Internacional de Planificación de la Educación de la UNESCO, encargado de la planificación educativa. Este instituto planteaba que la planificación educativa debería reunir las siguientes características: 1) ser universal, aplicable a todas las colectividades en todos los estados, 2) englobar todos los tipos y grados de enseñanza y para todas las edades, 3) integrarse en el conjunto de la planificación económica y social de la ONU y de los estados; 4) ser una actividad a largo plazo y ejercida de un modo continuo por los Estados, como encargados de hacer realidad dicha planificación global en los ámbitos regional y local mediante sus legislaciones y funcionarios; 5) la UNESCO y la ONU serían los agentes coordinadores del proceso educativo global.

 

Como podemos observar las reformas educativas en España entre 1969 y 1990 han sido coincidentes con estas propuestas y actividades de la ONU. Los objetivos y contenidos de la legislación estatal española no han sido otra cosa que la adaptación a España de los objetivos, programas y contenidos propuestos por la ONU/UNESCO. Precisamente la reforma LOGSE fue “coincidente” con la presidencia de Federico Mayor Zaragoza en la UNESCO (1987-1999).

 

Sin embargo los avances en la consecución de los objetivos propuestos por la ONU han sido considerados -por este organismo- como demasiado escasos y lentos en su aplicación por parte de los estados, especialmente en casos de sociedades muy cristianizadas como España, Irlanda o Polonia.

 

Efectivamente, además, con la caída de la URRSS se debían integrar a los antiguos países soviéticos a este entramado educativo mundial, especialmente en casos de sociedades muy cristianizadas.

 

Para afrontar estos nuevos retos se reactivaron las reuniones internacionales de la Conferencia Mundial de Educación y las comisiones de estudio, y también se alentó a los intelectuales a realizar y publicar ensayos que apoyasen y difundiesen las referidas líneas ideológicas y de acción educativa.

 

El informe de 1990 de la Comisión Interagencial de dicha Conferencia Mundial, insistía en la necesidad de incrementar la coordinación y vigilancia a los estados en la aplicación de sus programas educativos. Además insistía especialmente en la idea de los nuevos símbolos de identidad como base para avanzar en la aceptación de una nueva moral civil-estatal sobre la cual sustentase la ciudadanía global: democracia y estado del bienestar material, igualitarismo e ideología de género, pacifismo y tolerancia, multiculturalismo y universalismo. La herramienta para la transmisión de estos nuevos símbolos era el desarrollo de redes educativas no-formales y acabar haciendo definitivamente explicito el currículo oculto.

 

Esta línea fue profundizada por el informe de 1996 de la Comisión Interagencional sobre la Educación para el Siglo XXI, elevado a la UNESCO. Aquí ya se señalaba la necesidad de hacer explícito el currículum oculto, estructurando curricularmente los contenidos para la formación de las personas humanas en una nueva moral civil-estatal y en una nueva ciudadanía construidas por el Estado. Esto requería al mismo tiempo destruir cualquier otro foco de moral, como la Iglesia Católica u otras iglesias cristianas (como la ortodoxa y algunas protestantes).

 

Pero el paso decisivo para incorporar al currículum explícito los fundamentos de una nueva moral civil-estatal -como base para una nueva ciudadanía- los dio la ONU en 1999. Se trata de la Declaración de la ONU de 13 de septiembre de 1999 sobre la Nueva Ciudadanía: basada en la conciliación de valores diversos, actitudes diversas, comportamientos diversos y diversos estilos de vida. Una conciliación y nueva ciudadanía surgidas de una nueva educación. La ONU hacía un llamamiento a los intelectuales, políticos y gobiernos de cada estado para que incorporasen esta nueva ideología a sus sistemas educativos y diseños curriculares.

 

Por lo que respecta a los políticos, en marzo de 2000 el Consejo de Europa se reunió en Lisboa y en 2001 en Estocolmo. De estas reuniones salió el informe “The concrete future objectives of education and training system”, que fijaba los mecanismos sentimentales y psicológicos, mentales y culturales básicos que los nuevos ciudadanos de Europa debían tener. Estos mecanismos se concretaban en educar a los niños y jóvenes en unas llamadas competencias (Chomsky) interpersonales, interculturales y sociales que -según el informe- incluyan todo tipo de comportamientos que un individuo debe dominar, con el objetivo de ser útil y eficiente para la nueva vida personal, social y pública.

 

Si hasta ese momento en el sistema educativo se habían utilizado las transversalidades y el currículum oculto para enseñar dichas competencias, desde ese momento tales competencias básicas debían pasar al currículum explícito y formar un crédito propio y concreto dentro del sistema educativo. En este punto era necesario que entrasen los intelectuales y filósofos.

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¿Cuál sería el papel de estos intelectuales?

 

Los intelectuales debían ser los que diesen contenido a cuestiones como qué se entiende por formación cívica, por ciudadanía social, por educación ciudadana por democracia, por educación alternativa, por vida humana, por muerte, por enfermedad, por religión, etc. Por ejemplo -por citar algunos intelectuales- como Michaela Mayer o Rosa María Torres, quien hizo balance de la situación educativa hasta el año 2000 y presentó propuestas de futuro inmediato. En este campo de acción, especial importancia se ha venido dando a la política como la herramienta más eficaz que tiene la sociedad civil para educar a sus ciudadanos.

 

Por su parte Gadner desarrolló su modelo de “inteligencias múltiples”, por el cual la educación viene adquirida mediante la puesta en marcha diferentes capacidades. También viene dada por un conjunto de inteligencias fundamentadas en valores y saberes provenientes de diferentes culturas: esto es, multiculturalidad. Por lo tanto, para él, el objetivo del sistema educativo debe ser que las personas acepten, incluso deseen hacer lo que deben hacer y, sencillamente, quién debe señalar qué deben hacer las personas es el Estado.

 

Desde finales de la década de 1990 y durante los primeros años de la década de 2000, la actividad de la UNESCO y de sus estados miembros también se ha ocupado de escoger a supuestos cabecillas político-sociales y erigirlos en figuras y modelos educativos y culturales.

 

Para ello se dota a estos supuestos líderes con diversos galardones e incluso con el premio Nobel (caso de Rigorberta Menchú, Kofi Annan, Wangari Muta Maathai, James Carter, Al Gore). Una vez lanzadas estas figuras como referentes mundiales de la educación (para la cultura, para la paz, para el medioambiente, para la ciudadanía, para la tolerancia y convivencia, para la multiculturalidad) este tipo de figuras comienzan a dar doctrina mediante conferencias, cursos, seminarios y publicaciones ;y, así, van forjando nuevos adeptos para “la causa”.

 

Una de estas actividades editoriales dio como resultado publicaciones como Cinc ciudadanies per una nova educació. En ella participaron Farncesc Imbernón, Mayor Zaragoza, Rigoberta Menchú, Michela Mayer y Juan Carlos Tedesco. Aquí ya se proponía de forma directa y abierta -a ojos de todo aquel que hubiese querido leer- los contenidos generales de una nueva materia, la que hoy conocemos como “Educación para la Ciudadanía”. Pero esta publicación va más allá. Propone un nuevo modelo educativo (red administrativa y funcionarial, metodología, tecnología, materias, contenidos, etc), un nuevo modelo político, un nuevo modelo económico, nueva sociedad y ciudadanía, un nuevo modelo cultural.

 

En Cinc ciutadanies Imbernón proponía que la construcción de la vida humana debía partir del concepto del “univers de la incertesa” con lo cual todo se hace inestable, no hay nada fijo ni seguro ni cierto, todo es relativo. Construir una nueva racionalidad humana sobre estas bases haría posible la edificación de un mundo universalizado, sin barreras y donde todo pudiese ser conciliado y fusionado. La herramienta para levantar esto sería la educación. Por lo tanto, Imbernón acababa proponiendo un nuevo marco educativo formal e informal para crear nuevas personas que fuesen nuevos ciudadanos para un nuevo sistema socio-cultural, económico y político.

 

Por su parte, Joan Majó -en el referido Cinc ciutadanies- esbozaba qué y cómo debería ser ese nuevo ciudadano: un nuevo ciudadano con una nueva “ciutadania social”, un ciudadano feliz y mundial, “ple, tecnificat i unificat” regido por una ley mundial y un gobierno mundial. Para conseguirlo considera necesario un nuevo “plan global” que abarque todos los aspectos políticos, económicos, sociales, culturales y educativos; utilizando, precisamente, la educación para instruir a las nuevas generaciones en ese “plan global”. Así se podrían poner las bases para un Nuevo Mundo y una Nueva Era. ¿Cómo iniciar el proceso? Joan Majó responde: con una nueva “ciudadanía social”. El moment és adeqüat”, concluye.

 

Igualmente Juan Carlos Tedesco ponía su granito de arena en el diseño del nuevo ciudadano creado y construido con una nueva educación. En “Educació i ciutadania” Tedesco señalaba la estrategia: red educativa universal, diseño curricular universal, método de enseñanza universal. Todo ello dirigido por un único gobierno mundial. La aplicación concreta correspondería a los gobiernos locales y regionales que desarrollarían las legislaciones apropiadas destinadas al nivel inferior, esto es, legislaciones destinadas a los encargados de llevar todo esto a la práctica: los centros de enseñanza, los docentes y los inspectores.

 

Asimismo Michela Mayer completaba el retrato de ese nuevo ciudadano mundial bajo el título “ciutadans del barri i del planeta”. Aquí ya se concretaba el curriculum que debería desarrollarse en una “Educación para la Ciudadanía”. El máximo valor debería ser la razón y moral individual y colectiva, rechazando cualquier otra forma de confianza y de fe que nos lleve a “otros dioses”. Por supuesto, es el Estado el encargado de señalar cuál debe ser la razón y moral colectiva de la que todos los ciudadanos deben participar. Por lo tanto es obligado que la razón y la moral individual estén conforme a los parámetros del conjunto diseñado por el Estado. Sobre este principio de vida se levantaría todo el currículum, en el cual el ser humano surge en tanto en cuanto es fiel a este parámetro. Por lo tanto habría que educar en la razón y moral dadas por el Estado como único parámetro de vida.

 

Pero aún nos queda un último factor, el político. Mayor Zaragoza es el encargado de desarrollar esta cuestión. En “reinventar la democracia” propone “noves estructures polítiques inaugurades amb il·lusió i esperanza (…) que recolzin” la nueva ciudadanía. Un sistema político donde la soberanía popular ya no es legítima por sí misma sino que “necesita una legitimitat suplementaria”, la proporcionada por un nuevo contrato social: reunión de un contrato ambiental, un contrato cultural y un contrato moral. Detrás de estos contratos está el Estado.

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¿Cuáles son los fundamentos de estos nuevos contratos?

 

Un nuevo conjunto de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida impuestos por medio de la educación y de los gobiernos locales y regionales en coordinación y en dependencia de un gobierno mundial. Un nuevo modelo de vida, de persona y de ser humano mundial en un planeta global controlado por un gobierno universal. Estas son las características básicas de la Nueva Era de Paz Universal que nos propone Mayor Zaragoza.

 

Es en este contexto intelectual y político donde se enmarca la LOE, Ley Orgánica 2/2006. El legislador se autojustifica diciendo que es necesaria una asignatura que enseñe una versión laica de valores que favorezcan la libertad, la responsabilidad, la tolerancia, la igualdad, el respeto y la justicia. ¿Pero que valores? Entremos en la Educación para la Ciudadanía.