Hoy es un día de esos donde la pena conmociona de nuevo nuestro mundo, a la par que la indignación y la impotencia. Los medios se hacen eco y nos dicen las mismas cosas de ayer. Nadie se sorprende, esto se normaliza, no es nada nuevo. Cada dos por tres, ¡a volar! Hoy toca llorar, solidarizarse con los familiares de las víctimas y pintarnos con las banderas de los muertos. Hoy todos somos Bruselas; mañana, ya veremos.

 

También tenemos que tragar con los políticos de estos tiempos, carentes de sentido de Estado, en su mayoría ladrones y calienta sillones sin moral que no hacen más que engordar la tragedia. Miles de refugiados muriendo de asco, hambre y frío a las puertas de Europa y seguimos con los brazos cruzados, tirando comida a la basura; somos la vergüenza del mundo, sí, y también la risa de ese otro mundo que no quiere recoger ni un solo refugiado, entre ellos todos los países musulmanes.

 

Miles de balas y bombas en los arsenales de la OTAN. ¿Para qué tanto presupuesto en armas? ¿Cuando se barrerá al Estado Islámico del planeta? ¿A qué se espera? ¿A que tenga el suficiente poder para invadir Europa además de para acojonarla? Como pasó con la Alemania Nazi y demás locuras a lo largo de la humanidad, se actuará tarde y mal. ¿De qué nos vale la historia? ¿Y la ONU?

 

De nada sirven proyecto solidarios, ni de desarrollo, ni de nada mientras el fanatismo político y religioso devora las mentes de los ignorantes, mientras se crean nuevas generaciones de asesinos, esos niños soldado que mañana reventarán en nuestras calles. Ya podemos luchar contra el patriarcado, la intolerancia y la homofobia; ahí al lado está el enemigo de la libertad en su máxima expresión, cruzando cada vez que puede; bueno, la verdad es que ya está por acá dejándose ver y exigiendo.

 

Además, por si fuera poco, toca soportar a los subnormales profundos que justifican estos actos terroristas, a los que los comparan como restándoles gravedad, a los que insinúan que es lo sembrado, a los que hacen demagogia de ello, a los que no sé en que siglo viven… Vamos, a toda esa caterva de ignorantes que hablan de pedir perdón al Islam. Los mismos que se pasan la vida vomitando las felonías de la Iglesia Católica en siglos pasados, que ignoran las fechorías de los ateos y, por supuesto, que no denuncian públicamente los crímenes actuales de los musulmanes.

Despierta, puto gilipollas… Yo me voy al bar, no es mi guerra, me haré musulmán o me la piraré a Colombia; pero a ti te cortarán la cabeza, asesinarán a tus hijos, reventarán a tu madre y someterán a tus hijas; ese es el futuro que te traen los hijos de Alá con su puta guerra santa. ¿No quieres guerra? Pues tienes un problema, ellos sí. Y es que a menudo se os olvida, en vuestra burbuja hippie de paz y amor, que a veces, la violencia es necesaria.

 

Carta al Director de Julio García Robles