Blanca Escaño estudió periodismo y es escritora vocacional. Lleva 10 años trabajando por la defensa de los derechos de las personas  sin distinciones de ningún tipo y por la derogación de  la L.I.V.G. (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género). Ha colaborado con varias asociaciones hasta que decidió crear la Asociación de Mujeres y Hombres en Defensa de la Igualdad Real (AMYHIR) y la Plataforma de Mujeres contra la L.I.V.G.

 

El motor que la mueve es la justicia social y en los derechos de las personas como individuos. En esta entrevista nos habla de su asociación profundizando en las ideas que defiende.

 

¿Cómo nace su asociación Amyhir y con qué fines?

 

Amyhir (Asociación de Mujeres y Hombres en Defensa de la Igualdad Real) nace de la necesidad imperiosa de tratar a los Seres Humanos como personas, no por sexos, ni como números, erradicando la ideología y leyes de género apoyándonos en la empatía, la asertividad, la educación emocional, la resiliencia y la solidaridad entre personas.

 

Pensamos en la incoherencia que las leyes de género nos transmiten: si no nacemos mujeres ni hombres, sino que nos hacemos ocupando ese rol social, es del todo contradictoria la imposición de leyes de género con juzgados excepcionales para la violencia contra la mujer, por poner un simple ejemplo.

 

La Ideología de Género, ¿es la nueva dictadura del marxismo cultural?

 

En efecto, la Ideología de Género ha sido implantada prácticamente sin darnos cuenta, manipulando la información y el lenguaje, no hablando de la vida de la víctima, de sus costumbres, compañías, forma de ser, para no desvirtuar su condición de víctima, al igual que se omite información sobre la persona agresora con el fin de no desvirtuar su imagen violenta.

 

Han conseguido crear una obra de ingeniería social, apoyándose en la destrucción del núcleo familiar, que por otra parte es la base de la economía y de la sociedad, a favor del odio y la venganza.

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Destruir la familia es destruir toda moral.

 

Todo país gobernado por un tipo de ideología es malo. Debe regirse en base a las necesidades sanitarias, sociales, educativas, económicas…. Sin embargo, desde antes de 2004 se empezó a fraguar esta ideología diabólica en la que se utiliza a la mujer poniéndola ante el mundo y la sociedad como un ser débil e incapaz, mezclando el sufrimiento innegable que sufren muchas mujeres en otros países con el “sufrimiento” de las mujeres de este país. Hay que tener en cuenta que en la actualidad ser mujer maltratada equivale a una nueva clase social que goza de muchas ventajas. Necesitan que las mujeres seamos victimas para poder continuar con el negocio que tienen montado en base a la ideología de género.

 

Evidentemente, por muchas ventajas que se den a las mujeres que denuncian maltrato no se les va a solucionar la papeleta. Lo que hay que hacer es ayudarlas a no vivir del odio ni del victimismo, porque en caso contrario, utilizarán las leyes y medios que tienen a su disposición para defenestrar al hombre que fue su pareja, y no sólo a él, sino que en caso de tener hijos en común perjudican a toda la rama paterna (padres, abuelos, tíos y demás familiares). Por no hablar de los hijos, que son los que más sufren, ya que son víctimas de un grave conflicto de lealtades.

 

Nos encontramos en la Era en la que todo lo que sea vivir del sufrimiento ajeno es válido para hacer negocio e implantar leyes que no sirven para nada más que para agravar el problema por un lado y para crear problemas nuevos por otro, especialmente de los daños colaterales y que sirven nuevamente para hacer negocio, imponer nuevas leyes y así sucesivamente, convirtiéndose en un círculo vicioso. La solución sería bien sencilla: en vez de imponer leyes a ciegas, lo conveniente es estudiar el problema en profundidad y poner soluciones, que casi con toda seguridad, no terminarían en leyes.

 

Háblenos de la importancia de presentar la batalla ante estas imposiciones.

 

Somos nosotras, las mujeres, quienes debemos de darnos cuenta del engaño al que estamos siendo sometidas. Somos nosotras quienes debemos de pedir la ayuda de nuestras exparejas para educar a nuestros hijos y para que tengan un buen equilibrio emocional, dejando de lado nuestras frustraciones y egoísmos.

 

Somos nosotras quienes debemos de pedir la conciliación laboral y familiar no sólo para nosotras, sino también para el padre de nuestros hijos (aunque estemos separados), simplemente por el bien de nuestros hijos. Si uno de los dos está mal en cualquier ámbito, repercute seriamente en el equilibrio emocional de nuestros hijos. Y realmente, es lo que esta ideología busca: el desequilibrio emocional, porque cuanto más débil se encuentre emocionalmente la persona, más fácilmente se le podrá manipular.

 

Cualquier persona de bien que se precie está en contra de cualquier acto violento, pero no hacia una pequeña parte de la sociedad, sino hacia cualquier persona. Es más, por norma general, las mujeres que han sufrido violencia por parte de sus parejas no desean que el resto de personas, con independencia de su sexo, sufran lo que ellas han padecido.

 

Por eso es tan importante concienciar a la sociedad en general y a las mujeres en particular. ¿Acaso tiene menor importancia la muerte de un hombre que la de una mujer? ¿Es más importante la muerte de una mujer que la de un niño o un anciano o, utilizando el lenguaje feminista extremo,  la de una niña o una anciana?

 

El propio CGPJ lo dice en su informe al anteproyecto de la ley orgánica de medidas contra la violencia ejercida contra la mujer, y cito textualmente: “la mujer no obtiene mayor protección por el hecho de que la ley la proteja tan solo a ella, excluyendo de su ámbito a menores, ancianos o, incluso, al hombre”

 

Y no sólo en cuestiones de violencia, sino también a la hora de encontrar un puesto de trabajo o de que se alabe las capacidades. ¿Es mejor ser valoradas por ser mujeres y que nos proporcionen todas las ventajas por serlo o es mejor y más satisfactorio ser valoradas por nuestras capacidades? Evidentemente, elijo la segunda opción, y de esta forma estoy educando a mis hijos.

 

La base de todo está en la educación y el respeto primero hacia nosotros mismos y después hacia el resto de seres humanos, porque antes que hombres y mujeres somos personas. Si no empezamos por respetarnos a nosotros mismos, difícilmente conseguiremos el resto.

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¿Han tenido persecución por parte de la prensa o del colectivo LGTBI?

 

Hasta la fecha no. Lo máximo que nos han llegado a decir es que cómo es posible que siendo mujeres defendamos esta causa, como si tuvieran aprendido ese mantra.  Algún que otro insulto, pero no ha ido más allá. y sin atender a explicaciones o al debate y mucho menos al diálogo.

 

¿Merece la pena el esfuerzo que hacen de manera desinteresada?

 

Todo esfuerzo por una causa justa, siempre merece la pena, a pesar de que los resultados sean lentos. No podemos consentir que se rían de las mujeres en particular y de la sociedad en general.

 

Somos personas que trabajamos contra cualquier injusticia sin cobrar absolutamente nada. Todo lo que hemos hecho  ha salido de nuestros bolsillos. No hemos pedido subvenciones, porque sabemos que intentarían dirigirnos en una línea que no es la nuestra. Pero merece la pena, porque cada vez son más las personas (afectadas o no) que se van dando cuenta de las injusticias que se están cometiendo y que han perdido el miedo a hablar.

 

Lo que no se cuenta no existe, y sobre lo que no existe no se actúa. Este es el motivo principal de nuestro trabajo y esfuerzo. Intentar dar visibilidad a la insalubridad de la ideología de género.

 

¿Cuáles son las campañas actuales en las que están  inmersos y los proyectos de futuro?

 

Actualmente estamos inmersos en proyectos escolares en forma de charlas y talleres relacionados con la inteligencia emocional y la asertividad, tan importantes para el desarrollo en la etapa escolar de primaria, secundaria y bachiller. Una forma muy interesante de aprender a controlarnos, entender al prójimo, respetarnos y respetar…Es importante para hacerse valer y para evitar situaciones violentas, utilizando la fuerza de la mente.

 

Estamos inmersos en un proyecto un tanto ambicioso para llevar proyectos de educación emocional a mujeres, hombres y niños que hayan sufrido violencia con el fin de ayudarles a enfrentarse con las situaciones y no vivir del miedo y del victimismo.