“Susana Díaz ya no vislumbra, avizora, entrevé, divisa o contempla en el horizonte cómo su cortijo se desmorona, sino que lo está viendo de lleno y de profundis, además de viviéndolo en sus carnes. Se ha dado un tortazo de bruces con la infausta realidad.

El hundimiento de su reino de taifas y de Taifás ya es una realidad latente, tangible y palpable. Ha dejado de ser una broma. El chiringuito del latrocinio y del pillaje está a punto de fenecer, se escapa por el sumidero del abismo.

Susana Díaz lleva un largo tiempo experimentando temblores de muñeca por temor a la Juez Alaya, pero la arrojadiza irrupción de VOX ha extendido el párquinson por todo el cuerpo, en forma de convulsiones de pánico y desabrimiento.

Ni el más omnipotente de los caudillos gobierna de forma vitalicia. Susana Díaz ha comprobado que el poder humano es caduco y no perenne, temporal, en vez de infinito. Sólo Dios puede reinar para siempre