PSOE, Podemos y MÉS, la grotesca hijuela separatista, rechazan que el Parlamento balear cree una comisión de investigación sobre los menores tutelados. Noticia perfectamente previsible. El estrepitoso silencio de las autoridades baleares y la actitud de omisión mostrada por el (des)gobierno español –que Pablo Iglesias, vicepresidente social de Pedro Sánchez, ha calificado de “prudente”-ratifica los peores auspicios.

La primera – y única- reacción de la castuza es protegerse ante el escándalo. En España, al tratarse de un enjuague de las autonomías, los peperos también darán carpetazo al asunto en las regiones donde gobiernen. Las mayorías parlamentarias más incuestionables solo existen para no investigar nada de lo sucedido. Seguramente llegará el momento en el que se redacten informes. No cobijen falsas esperanzas. Tras cada informe, incluso de la propia ONU, la autoridad, siempre inhumana, acabará anunciando medidas, sanciones y reformas. Todo, papel mojado.

Niñas prostituidas

En nuestra patria (y en todo el orbe "civilizado") los centros de menores, aparte de fastuosos negocios, devienen insospechados infiernos. Después de ser robados por el Estado, los niños y jóvenes son abusados, drogados, maltratados, violados, asesinados. En el mejor de los casos se trata de negligencia. Como entenderán, prefiero ser malpensado. Conductas mafiosas - narco, prostitución y pederastia, qué raro - operando al amparo/promoción del Estado. Una difusa, tenebrosa y letal trama institucional y política que impide que nada, jamás, pueda mínimamente iluminarse.

Si tuviera que aventurar una cifra, la siguiente: en la mitad de los centros se cometen abusos sexuales. Parte innegociable del connatural funcionamiento propia de los centros. Esto significa que en la mayor parte de los hogares se terminan consolidando semejantes perversiones. Psicosociales violando niñas. Otros menores más mayores reventando el coño y el culo de las crías. Posteriormente, prostituyéndolas. Redes de trata. Nadie- repito, nadie- hace nada para arrojar algo de luz. La falta de desvelo de las autoridades manifiesta una indolencia maciza y consistente. O no.

Nadie responde

En (casi) todos los centros de menores, estatales o privados, se perpetran –de forma permanente y metódica- acciones que amancillan los derechos de los niños y adolescentes. Es una violencia sistémica y sistemática. El Estado viola los derechos de los niños a los que tiene el deber de proteger. Los centros a cargo de congregaciones de la Iglesia Católicas, una puta vergüenza en nombre de Dios. Varias instituciones deberían responder públicamente por esta hecatombe. No solo las Consejerías de Asuntos Sociales, sino también la Policía y la Cosa Nostra Judicial, que queda especial y particularmente en entredicho. Siempre maderos, fiscalía y judicatura, en su mayor parte, qué extraño otra vez, obstruyendo. Nadie responde. Ni lo hará. En fin.