Supongo que todos ustedes han visto graznar a la Alcaldesa de Vic (Barcelona) y diputada del partido “Junts per Cat” eso de que “los catalanes autóctonos” deben dirigirse en lengua catalana a aquellos que “no tengan apariencia de catalanes”.

Se trata de la enésima gilipollez del supremacismo racista y sectario del enloquecido separatismo catalán. La cosa arranca con Pujol, que en los años 90 del pasado siglo puso oficinas en Marruecos y Argelia, a modo de “embajadas” –consentidas por el PP de Aznar- para traer a Cataluña miles de magrebíes y africanos de forma legal e ilegal. El objetivo: injertar inmigrantes musulmanes y no hispanos en Cataluña, para inocularles con mayor facilidad el adoctrinamiento ideológico y la lengua catalana con tal de establecer una sociedad zombificada, y así avanzar en la demolición del nexo de Cataluña con el resto de España que es esencialmente la lengua española / castellana.

jordi

El racismo lingüístico catalán que enarbola Pujol proviene de las tesis sabino-aranistas (calcadas del PNV de Sabino Arana) y concentradas en los años 1920 y 30 en la ERC de Francisco Macià y Luis Companys (el genocida justamente ajusticiado por la Justicia militar del General Franco en 1940).

Tras un periodo de paz, unidad nacional y convivencia entre los idiomas español y catalán en tierras catalanas desde 1939 a 1975, vino la Transición. Fue cuando el comunista Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y el separatismo de ERC proponían la eliminación del español en las aulas, perseguían a los castellanohablantes e incluso tenían en sus predios a una organización terrorista a la que mimaban con complacencia llamada “Terra Lliure”, cuyos pistoleros tirotearon entre otros al periodista Federico Jiménez Losantos por defender la lengua española junto a otros intelectuales. En 1980, con las primeras elecciones al Parlamento catalán, el separatista Jordi Pujol que había sido detenido en los 60 por apología del catalanismo hispanófobo, se alzó a la Presidencia catalana y fue el que recogió el testigo de ese totalitarismo racista “sabino-aranista”, genocida de la lengua española, y le dio forma legal e institucional a través de la inmersión lingüística, de las multas por rotular en castellano y de las aulas transformadas en ikastolas adoctrinadoras gracias a las competencias educativas cedidas por PSOE y PP. Esta herencia pestilente llega hasta el día de hoy, cuando está en pleno apogeo el totalitarismo racista catalán, con una Generalidad catalana sediciosa, ilegal e instalada en una rebelión permanente contra la Nación española; una Generalidad pilotada por un delincuente, tarado, y condenado a inhabilitación llamado Quim Torra, que en sus panfletos subvencionados nos llamaba a los españoles “bestias salvajes” con “un bache en el ADN”. PSOE y Podemos, cuyos predecesores izquierdistas en la “Transición” defendían el genocidio cultural y lingüístico contra España, son hoy el sostén del criminal Torra que prosigue con el genocidio antiespañol. Un genocidio que el PP, con mayorías absolutas en el Parlamento español, jamás detuvo. Todo lo contrario: Aznar, en 1997 retiró los recursos de la Inspección educativa por adoctrinamiento en las aulas, así como los recursos judiciales contra la inmersión lingüística para complacer a Jordi Pujol. Y por si fuera poco, en 1998, el Partido Popular valenciano, a las órdenes de Aznar y Pujol pactaba con el Instituto de Estudios Catalanes y con el PSOE la creación de la infecta “Academia Valenciana de la Lengua”, destinada a convertir la lengua valenciana, idioma con sustantividad propia, en un vulgar apéndice dialectal de la lengua catalana esencial para dar forma a la idea de los “Paises catalanes” añorados por el separatismo catalán. El valenciano, lengua románica que el ilustre historiador y filólogo Ramón Menéndez Pidal consideraba “primera lengua romance literaria de Europa”, quedaba subsumida dentro de la paranoia separatista catalana irredenta y expansionista que anhela engullir el Reino de Valencia y las Baleares en su “Gran Cataluña”, los histriónicos “Paises Catalanes”.

No se piensen que el racismo lingüístico catalán es flor de un día, o de trastornados psicópatas como Torra y sus secuaces Puigdemont y Junqueras. Es fruto de la ineficacia de un Estado débil, vaciado, que se ha autoinmolado en Cataluña, cuyos valedores que son los gobiernos centrales que debían haberlo defendido, renunciaron los unos por cobardía y complejos (PP) y los otros por criminales (PSOE), a hacer regir la españolidad de nuestra Patria y el Imperio elemental de la ley en Cataluña. Ellos son los culpables máximos de que los tarados separatistas catalanes racistas y canallas hayan impuesto su ley de la selva.

Las 17 Autonomías disgregadoras y su niña mimada primigenia para la cual Adolfo Suárez creó el Estado autonómico y que era Cataluña, han sido el corolario para la fragmentación cultural, lingüística y política de España. Resulta inadmisible conceder la Autonomía politica a regiones y pueblos donde las fuerzas centrifugadoras hacen anidar el cáncer del separatismo y la división. El resultado de este enorme desafuero cometido en 1978 lo vivimos hoy, cuando la unidad nacional está en fase terminal de desguace. De aquellos polvos, estos lodos.