¡Uf!, por poco te vas de este inframundo, la España de nuestros trágicos días a manos de tu feminismo sectario y sanguinario de feministas idas que cortan cabezas y las cuecen, secuestran a niños en pueblos perdidos o los ahorcan y llevan su cadáver a su suegra, te decía que sin haber pensado algo razonable y adecuado en tu larga e interminable vida como alta carga pública. Enhorabuena por primera vez, Carmen Calvo, por haber llegado a la conclusión de llevar a Francisco Franco en helicóptero.

¡Qué estampa tan bella, tan merecida, tan imborrable, tan impagable!: el mismísimo Generalísimo surcando los cielos azules decorados con nubes blanquísimas a modo de flores de blanco algodón, tres ángeles de alas blancas escoltando la nave aérea, el sonido acompasado de los rotores a modo de triunfal banda de música, las palomas del lugar, a derecha e izquierda, abriendo paso a la comitiva y una cohorte interminable de ángeles tras el helicóptero. Allá arriba, en la tribuna presidencial, sus seres más queridos arrojándole besos tirados con la mano y la Corte Celestial de punto en blanco haciendo gestos de debido respeto a séquito tan histórico y cercano.

¡Qué idea, Carmen, qué idea por fin más bien parida!, aunque qué parto tan tardío, pero parto hermoso, que eso es lo que cuenta, bonita.

Aquí en el sur, te lo explico lo más claro posible que puedo, en Semana Santa, cuando van a levantar un paso, el capataz se dirige a los costaleros y les dice: «¡Tos por iguá, valientes, a esta es!» Y el paso se eleva por igual, es decir, por sus cuatro esquinas a la vez, con un movimiento ascendente de igual aceleración y frenado, seguido de los aplausos de los allí congregados.

Y así, como si de un paso de la Semana Santa sevillana se tratase, al comandante de esa nave aérea que tendrá el honor de transportar al Generalísimo, desde aquí, desde el sur, ahora le decimos: ¡Esos rotores por igual, mi comandante, a esta es, al cielo con él!

José R. Barrio