Riaño, natural de San Sebastián, entró a formar parte de ETA en 1984. Con el paso de los años se convirtió en uno de los brazos ejecutores más sanguinarios de la organización terrorista. Suyas fueron las autorías de atentados como el del coche bomba de la plaza de la República Dominicana de Madrid, que acabó con la vida de 12 guardias civiles en 1986 o el asesinato del padre de nuestros colaboradores Ricardo y Martín Sáenz de Ynestrillas.

Finalmente, la exetarra fue detenida en 1994 en Francia, y seis años más tarde fue declarada culpable de 23 asesinatos. Apenas un mes después de que ETA anunciara el cese de la violencia expulsó a «La Tigresa», que previamente había pedido perdón a las víctimas y se había acogida a la «Vía Nanclares» de reinserción de presos terroristas.

Se trata de un procedimiento impulsado durante la etapa de Rodríguez Zapatero al que se acogieron cerca de una treintena de etarras, como Urrusolo Sistiaga o José Luis Álvarez «Txelis». La iniciativa no estuvo exenta de polémica, y no fueron pocas las voces críticas que advirtieron de sus posibles lagunas. Entre ellos, el presidente del sindicato de funcionarios de prisiones Acaip, José Ramón López, que advirtió de que este tipo de reclusos habían reconocido el daño causado, pero no mostraron arrepentimiento.