Estaremos atentos. Bienvenidos los tiempos difíciles:

El preacuerdo de Gobierno suscrito por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ha cogido por sorpresa al resto de partidos.

Una sorpresa debida no tanto a que hayan conseguido ahora lo que sólo días antes ellos mismos decían que era imposible, sino a la celeridad del pacto.

Tan sólo 48 h. después de la jornada electoral a la que avocaron a España por su anterior falta de entendimiento, Sánchez e Iglesias se fundían en un abrazo tan falso como la tesis doctoral del Presidente en funciones.

Ante tanta premura, buena parte de los partidos del bloque de la derecha, se hacen ahora los ofendidos denunciando que Sánchez no les ha llamado cuando, igualmente, ellos negaban hasta hace dos días cualquier posibilidad de entendimiento con los socialistas.

¿Qué broma es esta? ¿A que juegan, señores políticos? ¿Por qué tenemos los españoles que soportar el desgobierno y el despilfarro de sus juegos partitocráticos?

Está por ver, no obstante, que este preacuerdo se transforme finalmente en la formación de un Gobierno en el que participen socialistas y podemitas. Para ello deberán convencer, cediendo a sus pretensiones, a los partidos secesionistas de todo pelaje y condición.

¿Transformará Sánchez esa impostada firmeza frente a los separatistas, exhibida durante la campaña electoral, en cesiones a aquellos que quiere que le aúpen al Gobierno? ¿Será capaz de vender esa moto averiada a sus propios compañeros de partido?

En cualquier caso, el documento suscrito en realidad no contiene ningún compromiso concreto y no pasa de ser una breve relación de las vaguedades típicas de la izquierda postmoderna: crecimiento, regeneración, feminismo, transición ecológica, cambio climático, animalismo…

Lo bueno es que, conociendo a los firmantes, podemos intuir por dónde irán los tiros.

Cuando dicen “se fortalecerá el Estado de las Autonomías”, quieren decir que seguirán concediendo privilegios a las castas separatistas, como sucede desde hace 40 años.

Cuando hablan de una “reforma fiscal justa y progresiva que nos acerque a Europa”, están diciendo que van a seguir friendo a impuestos a trabajadores, familias y empresas para sostener sus chiringuitos.

Y cuando nos anuncian que van a “asegurar España como país de memoria y dignidad” están amenazándonos con ilegalizaciones, con multas y con penas de prisión para quienes no agachemos la cabeza ante su pretensión totalitaria de imponer su ingeniería social, su sectarismo cultural y su revanchismo histórico.

Estaremos atentos. Bienvenidos los tiempos difíciles.